“Si no fuera por estos cabros estaríamos completamente botados”. Raquel Flores, encargada del albergue Caleuche, ubicado al final de un pasaje escondido en el cerro Las Canchas, habla mostrando la cadena humana que rodea la casa en construcción que hoy recibe a más de 30 adultos y cercas de 15 menores de edad.

El panorama se repite en varios cerros, donde además se reiteran las críticas a la ausencia de una autoridad que dirija y ordene el vendaval de ayuda que estos días asoma en casi el 100% de los sectores incendiados.

Un problema que ya comienza a generar sobreintervención en albergues y que dificulta que la ayuda real para el frío y los problemas sanitarios que vienen en aumento, sean atacados antes de este fin de semana.

No llega nadie

“Han venido médicos, autoridades de no se qué, seremis, gente de la Onemi, todos prometiendo mandar de todo para esta gente y no llega nada. Hay gente mayor enferma y niños con bronquitis que llevan tres días sin remedios porque aún no aparece ninguna ayuda de la que necesitamos”, reclama Raquel.

Su albergue apenas tiene algunas frazadas para tapar el frío de ventanas y puertas en la construcción a medias donde hoy se encuentra este grupo de damnificados. Para peor: los ratones ya hicieron de las suyas en una sede social contigua que ocupan para acopiar alimento y el único baño que tenían disponible se desbordó ayer en la tarde, pasada la hora de almuerzo.

“Nadie puede creer que llegaron los ratones, pero hoy amaneció la sede con cacá de ratones en varios lados. Ahora con el baño tapado y ese montón de basura, ¿tú creís que no van a salir de nuevo en la noche?”, reclama la señora Raquel.

En el Caleuche, además, tienen varios niños con bronquitis y asma, además de un adulto mayor que sufrió un accidente cardiovascular hace dos meses y que no puede bajar por sí solo a recibir atención al hospital Van Buren.

A casi cuatro días del incendio, las críticas de Raquel se repiten en los cerros La Cruz, el Litre, Mariposas y la entrada de Ramaditas, según pudo constatar The Clinic Online. Todos alegan que la ayuda es escasa, llega desparramada y muchas veces no ataca los problemas más complejos.

Sobreintervención psicológica

El arribo de masas de voluntarios sin dirección ni una autoridad central que ordene la entrega de ayuda, ya comienzan a aflorar los efectos posteriores al incendio. En la calle Picton, casi al llegar al paradero de 10 de La Cruz, siete funcionarios de salud de Coquimbo que llegaron en una ambulancia desde la Cuarta Región, pararon un punto médico en lo que quedó del primer piso de una casa quemada.

Además de vacunas y lesiones menores de voluntarios, ya comenzaron a aparecer personas con crisis de pánico y problemas psicológicos derivados de la catástrofe, situación que se repite en albergues entre los cerros y ubicados en “el plan”.

Michel Bahamondes, del Colegio de Psicólogos y el recién creado Comité de Organización de Emergencia Psicológica, dice que la aparición de más voluntarios que damnificados no ha provocado mejoras en los albergados. La situación es similar en los cerros, donde además señalan que después del boom de ayuda que se vivirá esta semana, los afectados develarán el impacto de la mayor catástrofe vivida por la ciudad puerto.

“Los albergues deberían ser lugares tranquilos y en vez de eso tenemos voluntarios que preguntan una y otra vez lo que pasó o que generan dinámicas de estrés con los niños, que no hace descansar a nadie. No queremos que baje el nivel de ayuda, lo agradecemos enormemente, pero esto debe ordenarse porque las semanas venideras van a ser críticas”, señala Bahamondes.

A eso se suma la “histeria colectiva” magnificada por los medios de comunicación, que alega Bahamondes, y que ha provocado una saturación en la ciudad y un desembarco de voluntarios que no está preparado para contener emocionalmente a los mas de 12.500 damnificados.

“Necesitamos capacitarlos antes de subir o ir a los albergues, si no el efecto será lo contrario de lo que pretendemos”, señala el psicólogo, quien ordena a los voluntarios en esta materia desde el comedor Miguel Woodward, en la calle Tomás Ramos 158.

Un efecto parecido al “terremoto psicológico” que vino después del 27F en las zonas afectadas por el terremoto y tsunami de 2010, y que se vislumbra puede acrecentarse con el invierno venidero y el escaso aporte de autoridades hasta ahora en los lugares más afectados.

Ante todo, el llamado de los psicólogos es a presentarse en las universidades donde estudiaron y no ir directamente a los cerros, para que así el servicio de Salud Valparaíso San Antonio pueda sistematizar las medidas a tomar.

Voluntarios valiosos, pero desorganizados

“El primer llamado es a no hacer turismo social, que lamentablemente hemos visto en los cerros. Pero lo que más lamentamos es la desorganización desde la municipalidad. La espontaneidad de la ayuda no ha generado el efecto que corresponde y la mala relación con el gobierno, que desde ahí se ha propiciado, nos tiene muy complicados con la ayuda profesional que se debe brindar”, cuenta Mario Domínguez, presidente de la Feuv.

El dirigente estudiantil recalca que a pesar de ser la principal fuerza convocante de voluntarios para ir en ayuda de los afectados, su labor no es conducida de buena manera y se ha desbordado ante el escaso apoyo de la autoridad municipal.

Ayer, por ejemplo, llegaron apenas seis buses a buscar las cuadrillas de estudiantes de la Universidad de Valparaíso, y al llegar a los cerros se encontraron con el bloqueo del contingente militar, que no estaba informado de sus servicios.

“Las universidades están tratando de trabajar, pero la municipalidad torpedea hasta la coordinación con el gobierno. No es primera vez que pasa, por eso lo decimos, y por último, si están sobrepasados que lo hagan saber porque la gente necesita ayuda inmediata y nosotros podemos colaborar en eso”, señala Domínguez.