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Nacional

26 de junio de 2014

Futbolistas revelan cuatro técnicas canallas para anular a un rival sin darle un mordisco a lo Suárez

Cuando no había cámaras, ni repeticiones, ni delaciones desde fuera del campo, los rudos del fútbol dominaban con prestancia en las canchas. Se imponían con guapeza y técnicas que hoy parecen inverosímiles. Eran otros tiempos. Tiempos donde la consigna era hacerse respetar a toda costa. Acá, cuatro duros del fútbol de antaño- Kalule, Zunino, Ormeño y Astengo- cuentan como roncaban en los pastos.

Por

Marcelo Zunino: «Le metí el dedo por artritis (atrás)»

Marcelo Zunino Twt

“Cuando son muy rápidos, y antes que tomen la pelota, tení que pegarle un cortito ¡Ahí pa´! en los testículos. Entonces, el compadre queda ¡uuuuf! Pero, suavecito, no hay que abusar, ahí lo desestabilizas. La otra técnica es cuando va a agarrar la pelota y ¡pum! le abrí el brazo a la altura de la boca del estómago, entonces con el brazo no lo dejai pasar, poh´ ¿Me cachai o no? O sea, en el fondo, toda la ciencia del tema está en los brazos y en las manos, y en el cómo utilizarlas para cortarle velocidad al compadre.
Yo tengo una historia con el Beto Acosta, porque él me agarraba siempre y yo no lo tomaba en cuenta, porque si lo agarraba me iban a cobrar en contra, entonces, yo solamente aplicaba el dedo ahí (y silba), ¿me cachai o no? ¡Dedo, poh´, hueon! le metí el dedo por artritis (por atrás), cortito así, ¡pum!, de un segundo. Los hueones se volvían locos, y yo le decía “que tanto, juega tranquilo, si ni siquiera te estoy pegando, solamente te estoy haciendo cariño”. Los compadres de repente se desenfocaban pero, apenas terminaba el partido, entendían como era el cuento. A veces, claro, a mí también me llegaba. Una vez en el córner a mí también me lo metieron y no me quedó gustando, eso es lo importante. Es que antiguamente era más chistoso, viste que ahora hay muchas cámaras y te observan todo. Antes era chistoso y te reías no más”.

León Astengo: «Te voy a pegar el chicle en el pelo»

León Astengo

“Lo que pasa es que Valderrama era un tipo que jugaba como el corazón del equipo colombiano, en esa época, y la pelota generalmente pasaba por él. Yo había visto entrevistas donde decía que se cuidaba mucho el pelo, que su vida era el pelo, porque tenía un pelo rubio especial que lo cuidaba mucho. Así que estábamos en el partido, en una semifinal de una Copa América del año 87, y yo estaba comiendo chicle -se usa en el fútbol masticar chicle- y lo tratábamos de anticipar y el gallo te tocaba, te tocaba, y no lo podíamos pillar por ningún lado. Entonces, yo me propuse sacarlo del partido. Me acerqué y me saqué el chicle de la boca y se lo mostré delante de él y le dije: “la próxima pelota que toquís, la vai a tocar, pero te voy a pegar el chicle en el pelo” ¿Sabí qué?, se fue del partido, se tiró para atrás y empezó a tocar mucho menos la pelota. Cuando lo hacía era de frente y eso que él era muy bueno para recibir de espalda. Yo me acercaba a él y le insistía: “acuérdate del chicle”. Al final el compadre se fue del partido y, de hecho, les terminamos ganando el partido”.

Kalule Meléndez: «Lo mordí al lado de la clavícula»

foto tapa kalule

“Yo creo que es de vital importancia, cuando uno marca, tratar de anticipar la jugada y leer bien el juego. Si uno no puede anticipar al rival, hay que tratar de tenerlo cerca y no permitirle girar. El foul táctico sirve de todas maneras. De repente cuando uno queda mal parado y se te vienen de contraataque los equipos, siempre es efectivo tratar de agarrar la camiseta, tratar de que el rival se caiga. Obviamente, siempre hay que jugar con los brazos y al rival hay que palparlo en alguna zona. Es lo mismo que en la táctica fija o en las pelotas detenidas, hay que estar empujando o estar tomando un poquito la camiseta. Son cosas que se han visto siempre en el fútbol, pero de utilizar alguna maña o una mala maña, la verdad que nunca lo hice. Me acuerdo de una anécdota, eso sí, en un partido de Copa Libertadores en el año 2003 entre Cobreloa y Gimnasia Esgrima de la Plata. Cuando en un córner me tocaba marcar a Claudio Enría, que era como la figura de Gimnasia en ese entonces. El tipo realmente era bueno y talentoso, se desmarcaba bien y no hallaba como pararlo, necesitaba que no me hiciera goles y, entre empuje y empuje, él también me metía la mano y era mañoso. Entonces, me acuerdo, en un momento como que él me tiró la mano y lo estaba marcando de atrás y lo mordí por ahí, por el lado de la clavícula, y ahí como que cayó al piso arrodillado porque lo mordí fuerte. A ccmo dé lugar traté de que no nos conviertan”.

Bocón Ormeño: «¡Corta a ese hueón¡»

Bocón Ormeño

“La mejor técnica es anticipar al rival. En mi caso creo que una de las mejores actitudes o lo mejor que yo tenía, era que siempre en la pelota dividida ganaba porque iba con más fuerza o más seguridad. Por lo menos, en mi caso, era la actitud. Yo no tenía miedo ni tenía temor, entonces, iba a buscar el balón con todo y eso me hacía generalmente ganar la pelota. Lo que realicé por mucho tiempo fue marcar al jugador más talentoso del equipo rival por toda la cancha. Eso era increíble, lo seguía por todos lados; si se iba a meter entremedio de los centrales, allá lo iba a buscar. No los dejaba controlar la pelota y no tocaban la pelota. Dentro de todos los jugadores que me tocó marcar estaba el que era mi ídolo, Miguel Ángel Brindisi, que vino a jugar por Boca Juniors el año 81 en contra de Colo Colo. Yo, cuando era más chico, me cortaba el pelo como él, usaba las medias como él y cuando me tocó marcarlo lo andaba mirando y estuve embelesado los primeros 15 minutos, porque lo encontraba hasta bonito y estaba ya estaba medio viejo para eso. Tenía 22 años. Me acuerdo que en esos primeros minutos, como tenía que seguirlo para todos lados, lo miraba y tenía los ojos verdes, pelo crespo y hablaba como argentino. Eso pasó hasta que me comí un par de chuchás de Elías Figueroa, ¡Raúl, corta a ese hueón!, me gritó, y don Elías inspiraba respeto, así que de ahí Brindisi no tocó más la pelota. Cuando no estaba en el aire, estaba en el suelo. Una vez terminado el partido voy a buscar la camiseta de Brindisi, porque era mi sueño, y él me manda a la conchalalora. “Andá de aquí boludo, hijo de puta, la puta que te parió, criminal”. Me fui llorando para el camarín, como si me hubiese retado mi papá. Después con el tiempo vino Houseman a jugar a Colo Colo y él me consiguió la camiseta de mi ídolo, pero creo que no me quería ver más en su vida”.

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