Rafael-Gumucio-foto2-alejandro-olivares

“He estado en muchas Providencias distintas”, cuenta a La Segunda, Rafael Gumucio, el escritor que en algún momento fue promotor de la candidatura de Josefa Errázuriz, sobre todo para sacar a Labbé, pero que ahora admite su total desencanto con la alcaldesa.

Confiesa que en 2012 votó por ella, porque “en ese momento yo creí en ella, tenía fe en ella y en su dirección, no mucha, pero le tenía fe. Ahora no le tengo ninguna fe. Ninguna”.

Gumucio no se detiene ahí, y plantea que a su juicio Errázuriz “ha hecho mal todo lo que podía hacer mal. Su tipo de liderazgo no me interesa, todo lo que hizo con el tema de los alcoholes fue patético. Me cuentan que ha hecho cosas, pero yo, como vecino, no percibo nada. Yo tenía mucha esperanza en la Corporación Cultural de Providencia, me parecía completamente increíble que Las Condes tuviera un municipal y Providencia nada. Sé que los robos en Pedro de Valdivia Norte siguen igual. Habrá hecho una ciclovía más. ¡No, si fue un error total!”

El lío con la normativa que regulaba el carrete

Por ejemplo, insistiendo en las equivocaciones de la alcaldesa, dice que con la normativa que impulsó para restringir el horario de botillerías y bares pretendió ganarse a la gente vieja que vive en la comuna, pero que lo que consiguió fue se enfrentara “la gente que trabaja en Providencia con la gente que vive en Providencia. Y la idea de que esta es una comuna para sus habitantes o también una comuna para gente que no vive aquí, pero que circula. Y coincidió también con un momento político en Chile en que el pequeño empresario se siente pasado a llevar por el gobierno, por la reforma tributaria y esas cosas. Se mezclaron esos temas. Y la Josefa exageró una sensación que anda flotando en el aire y la llevó a sus peores consecuencias”.

Las ideas de izquierda

En medio de las conversación respecto de los choques culturales y los nuevos tiempos, Gumucio plantea que “hay un discurso que a mí me repugna: que los tiempos han cambiado y hay nuevas causas. Pensar que los sindicatos son cosas del pasado y ahora estamos en una especie de 2.0 con nuevas causas. No me parece. Yo puedo entender que un alemán que tiene más o menos resueltos los problemas socioeconómicos se dedique a encadenarse a una central nuclear. ¿Pero un chileno? Debería agradecer que haya centrales nucleares, un tipo de izquierda debiera ser el primero en apoyarlo. Lo mismo me pasa con HidroAysén y Alto Maipo. Soy totalmente partidario de ese tipo de cosas. Encuentro que hemos llegado a ser egoístas hasta cuando somos altruistas”, opina.

Volviendo a la gestión de Josefa Errázuriz, dice que en el tema de los alcoholes “que ella haya retrocedido y que conversara con los locatarios estuvo súper bien, pero ni ahí logró hacerlo bien. Creo que ella no tenía dedos para el piano. Esta idea de que los políticos se improvisan y sea gente que no tiene la menor idea de nada la que asuma, es rara. Es como si un doctor me dice ‘nunca he operado’, y yo confíe en él porque no sabe nada. Sólo respecto de la política existe esa idea de que mientras alguien menos sabe, más confianza provoca. Además, los políticos tienen coaliciones. Entonces, cuando alguien lo hace mal, hay un partido o una coalición detrás que se preocupa, frena, critica, le cambia el staff. Nada de eso existe con la Josefa. Existe ella no más frente al mundo”.

Al respecto le preguntan si ese argumento le resta valor a los movimiento ciudadanos que pretenden gobernar

“Es un súper peligro que tienen. Varias veces ha sucedido. Si tienes la suerte de tener un tipo con talento y con capacidad estás súper bien, pero si te toca uno que no tiene idea… Es lo que le pasó a Venezuela, que era un desastre pero tenía a Chávez, que era un muy buen líder. En el peor sentido de la palabra para mi gusto, porque lo que hacía era desastroso. Pero lo sabía hacer bien. Y después tuvieron a Maduro, que no da pie con bola. Ese es el problema cuando depende de solo una persona. Es peligroso”.