Daniel Alta

Daniel Arzola es el joven venezolano que creó la campaña “No Soy Tu Chiste”, movimiento de activismo digital que ha recorrido el mundo exigiendo la igualdad de derechos para la comunidad LGBTI. Su campaña cruzó las fronteras de su país el año pasado y nació como respuesta a uno de los tantos asesinatos que han ocurrido en Venezuela en contra de la comunidad homosexual.

La historia de un adolescente que fue quemado con gasolina en plena calle por ser gay obligó a Daniel a volver a dibujar, un afán que la propia homofobia le había arrebatado años antes. Su campaña ha sido traducida a veinte idiomas y hoy en entrevista con The Clinic Online nos cuenta sobre su autoexilio, la “homofobia de Estado” en su país y la innovadora lucha del “artivismo”.

Iba caminando por las calles de Maracay y tenía 15 años, llevaba sus dibujos y alguno que otro poema con él, cuando en el camino se le cruzaron sus vecinos. Desde hace tiempo que venían tirando piedras a su casa, rayando en sus paredes “Daniel marico”, o llamando a su madre para amenazarla por ser la “puta que parió a un maricón”. Ese día lo golpearon, le gritaron, lo amarraron a un poste e intentaron quemarlo con fuegos artificiales. Desde ese momento siete años pasaron sin que Daniel pudiera dibujar. “Yo ahí pensé que no iba a poder dibujar más, que había perdido la capacidad de hacer muchas cosas, pero con el tiempo aprendí acerca de fuerza y acerca de supervivencia supongo”, recuerda hoy a sus 25 años.

No Soy Tu Chiste

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En 2012 la historia de Ángelo Prado, un joven de su ciudad que terminó con el 80% de su cuerpo quemado en un ataque homofóbico, lo estremeció.

“Fue como un volcán que estaba ahí dormido… fueron tantas injusticias. En 2012 no solo fue lo de Ángelo, él fue el tercer caso de incineración, el más grave, pero también asesinaron a una chica por ser lesbiana. Recuerdo que estaba en el cine viendo una película, Cloud Atlas de los hermanos Wachowski que tiene una trama de una pareja gay que termina no muy bien-uno se le estaba muriendo al otro en los brazos-y la gente se reía y yo pensaba cómo se pueden reír. Me acuerdo que tenía una chica al lado y le dije ‘quieres que agarre a un tipo y lo bese para que te rías más, no soy tu chiste’, ahí llegué a la casa y empecé a dibujar, las manos me picaban y ese día hice tres ilustraciones de la campaña y la lancé. No dormí, necesitaba sacarlo”, cuenta Daniel.

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Habían pasado solo un par de días y la campaña de Daniel ya tenía más de 250 mil compartidos en las redes sociales. A la semana ya había recibido llamadas de países de todo el mundo pidiendo que “No soy tu chiste” se tradujera a sus idiomas. Las ilustraciones de Daniel incluso fueron alabadas por Madonna a través de su cuenta de Twitter, la campaña se viralizó aún más y por fin se hizo conocida en Venezuela.

“Es curioso porque yo no era fanático de Madonna, pero creo que reaccioné como lo haría cualquier persona, brinqué por toda la habitación y fue como súper emocionante. En ese momento entendí el poder que puede tener el impacto de otra persona. Esa semana con lo de Madonna me hicieron como 60 entrevistas y fue muy fuerte porque yo era un chico común y corriente de un barrio de Maracay, una zona baja de Venezuela y estaba con ese foco de atención que fue muy especial y muy estresante”, recuerda Daniel.

“No soy tu Chiste” se transformó en un método de acción no violenta para denunciar y educar sobre la homofobia, la discriminación y la violencia en una sociedad donde según cuenta Daniel el silencio es mordaz. “Yo sé quién es Daniel Zamudio, pero aquí no saben quién es Ángelo Prado. Entonces eso ocurre, ese silencio mordaz existe. En Caracas todos los días transexuales que se prostituyen son asesinadas”, afirma el artista.

Homofobia de Estado

Daniel se autoexilió en Buenos Aires hace seis meses, tuvo que dejar su país por las constantes amenazas que recibía en Venezuela. Tras un congreso de Derechos Humanos en el que participó junto a otros ocho activistas latinoamericanos le dieron la posibilidad de dejar su país y elegir otro para vivir.

“En Venezuela se manejan muy mal las diferencias, sobretodo actualmente tenemos un ataque sistemático a las diferencias por parte del gobierno. Cualquier manera de pensar distinta te hace para ellos no venezolano y hasta a veces no hombre. Porque les gusta atacarte en referencia a tu orientación sexual como una ofensa. Por eso tuve que dejar Venezuela, de cierta forma creo que ser activista de Derechos Humanos en este momento es difícil. Si te permites criticar el sistema, el proceso venezolano, te conviertes en una especie de enemigo público, por lo mismo empecé a recibir amenazas de muerte, amenazas en redes sociales y llamadas telefónicas”, cuenta el artivista.

Para Daniel la violencia en su país está institucionalizada y es el propio Estado el que promueve la homofobia. “Creo que la sociedad venezolana es muy homofóbica, está despertando y se ha rebelado ante muchas cosas pero el Estado promueve la homofobia, existe la homofobia de Estado. El mismo gobierno ha usado más de una vez la orientación sexual como una ofensa, por ejemplo Pedro Carreño que es un diputado del PSUV para referirse a la oposición de Capriles le decía ‘acepta el reto maricón’. El propio Nicolás Maduro se refería a la oposición como mariconzones, entonces está institucionalizado. Luego salen y dicen que no son homofóbicos pero es como que le pegues a alguien y digas que no eres violento después”, afirma.

Daniel aún no puede superar el dolor de no poder vivir en su país. “El dolor más grande es no poder crecer en tu país, tener que irte, tener que alejarte de tu seres queridos. Y también saber que te quieren convencer de que es normal de que cada 20 minutos maten un venezolano de un disparo, de que es normal que vayas a comprar una pastilla para el dolor de cabeza y no se consigan, de que las personas con VIH, después de 20 años de que se ideó el tratamiento, en Venezuela no se consiga y la gente se siga muriendo. Creo que todas esas cosas duelen mucho”, confiesa y agrega que el haber crecido con el miedo de que un disparo lo alcanzara es algo que hasta el día de hoy no lo deja vivir en paz. “Algunas noches todavía siento que se van a meter a mi casa por ejemplo, recuerdo haber pasado noches sin dormir por eso”, cuenta.

Artivismo

Para Daniel el artivismo es una forma de usar el arte como un método de acción política no violenta. “No Soy tu Chiste” es una campaña de sensibilización que llama a la sociedad a reconocer a las personas lesbianas, gay o transexuales, intersexuales como iguales, mediante la ilustración y el lenguaje artístico.

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“Yo siempre he pensado que el arte es social, de hecho creo que el arte sin el componente social es un mero adorno. Siempre vi el arte como un lenguaje cifrado, como un lenguaje que nos permite expresarnos quizás en un idioma más universal y que a diferencia del resto de los idiomas difícilmente puedes discutir, porque el arte más que buscar tu conocimiento apela a tus emociones y las emociones suelen sembrar ideas”, explica Daniel.

El joven artista jamás imaginó que su arte iba a trascender las fronteras geográficas y culturales. “Fue una sorpresa, por más que yo toda mi vida he sentido que tengo muchas cosas que decir y que transmitir, no lo imaginaba para nada, es algo que me sigue sorprendiendo. Yo nunca había salido de Venezuela, para la gran mayoría es muy difícil salir del país, nunca me había montado en un avión y este año he viajado a cinco países. Hay una cita de Óscar Wilde que dice que a veces podemos pasar mucho tiempo sin vivir y algunas veces la vida se concentra en un solo instante, para mí ese instante fue el 2014”, reflexiona.

Lucha por la igualdad

El avance que ha tenido en América Latina la comunidad LGBTI, en relación a la visibilidad de sus demandas y su lucha por la igualdad es algo que Daniel valora, sin embargo siente que no es suficiente. “Yo creo que el avance existe y es valioso pero es insuficiente. Todavía falta mucho en muchos países. Creo que es importante que se vaya corriendo la voz, que se dé cuenta de que el matrimonio igualitario no es un adorno, ni una moda de Europa o la oligarquía, esto se trata de derechos humanos. No es que los homosexuales no existan en Perú, en Colombia, en Venezuela, en Chile, estamos aquí y tenemos necesidades. Es importante que los avances ocurran en esta materia pero más importante aún es que no se detengan”, afirma.

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Para Daniel el avanzar hacia sociedades que dejen el prejuicio y la discriminación atrás hay que desvincular la moral del sexo. “Hay sociedades que practican la violencia a plena luz del día, pero hay que ocultarse para hacer el amor, para la sexualidad. Yo creo que el primer esquema que hay que romper como sociedad es que lo moral no tiene que ver con el sexo, sino con la violencia. No eres inmoral porque seas sexualmente activo, eres inmoral porque eres violento. Es un asunto también de condenar y no naturalizar esta violencia. De que no voy a permitir que a una persona la ataquen porque es homosexual, heterosexual, porque es comunista, liberal, negro, blanco, mujer, hombre, no, la cosa es que la gente empiece a condenar la violencia más allá de las etiquetas. Ahí empieza el cambio”.

Pero Daniel tiene fe, cree haber superado el mayor reto, convertir a su madre homofóbica en una activista. “Yo entendí que la gente podía cambiar con mi madre, mi madre era muy difícil, era muy muy homofóbica y hoy se pone una polera de “No Soy tu Chiste” y va a dar clases, pasó de ser a esa persona que era terriblemente homofóbica a esa persona que defiende a sus alumnos gay y bueno si pude con la mujer más difícil del mundo puedo con cualquiera”.

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