Camila Vallejo A1

En su habitual columna dominical en El Mercurio, el rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, utilizó las discrepancias que esta semana mantuvieron el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, con la diputada del PC, Camila Vallejo, con respecto a la reforma educacional, para abordar la histórica tensión entre la política y la economía en el país.

“Durante la dictadura, la política, el manejo del poder estatal, lo inundó todo y subordinó a tal punto a la economía, que las reformas orientadas al mercado, en vez de ser el fruto de la evolución espontánea con que soñó Hayek, fueron el resultado de la simple imposición coactiva. Un régimen económico liberal fue el fruto de la máxima concentración de poder estatal que recuerde la historia de Chile”, dice Peña, concluyendo que “la política subordinó entonces a la economía”.

Pero posteriormente, ya en democracia, la ecuación se invirtió: “Una vez que la dictadura se acabó y la democracia fue recuperada, la economía comenzó a subordinar a la política. La ciudadanía comenzó a probar los frutos de la modernización -el árbol del bien y el mal- y la política, preocupada de que el bienestar material no se extinguiera, dejó que la economía y sus cultores tuvieran la última palabra”, sostiene.
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“Es una de las paradojas del Chile contemporáneo: protagonismo de la política y del Estado en el momento de la instauración del modelo liberal; subordinación de la política y el Estado en el momento de la recuperación democrática”, explica Peña.

Luego plantea que ese es el fenómeno que pusieron en escena la diputada Camila Vallejo y el ministro Rodrigo Valdés: “El ministro, como el último representante de los technopols, los técnicos que intentan esgrimir su saber técnico para imponer su voluntad. La diputada, como la primera representante de la política que intenta imponer la suya esgrimiendo el dibujo de una realidad que no es, pero que podría ser”.

Para, posteriormente, detallar las posturas de cada la diputa y el ministro: Vallejo piensa que la tarea de la política es mover los límites de lo posible y su cita favorita podría ser una de Weber (un liberal, dicho sea de paso). El político sabe, decía Weber, que en este mundo nunca se consigue lo posible sino a costa de perseguir una y otra vez lo imposible”.

“El ministro Valdés, en cambio, piensa que es la economía la que detecta los inmutables límites. Para él, el político sabe qué quiere, pero es el economista quien sabe cómo obtenerlo. Y el cómo indica que a veces el qué no es simplemente posible. La cita que el ministro podría esgrimir una y otra vez es una de Freud: la infelicidad y la renuncia son el precio de la civilización (o de la modernización)”, agrega sobre el jefe de las finanzas públicas.

Por último, el columnista argumenta que aún falta para zanjar la tensón entre ambos puntos de vista “y es probable que, alimentada por los cambios generacionales continúe todavía por algún tiempo”, pero que la transformación se dará cuando encuentre expresión en la derecha.

“Hasta ahora -y después que Cruz Coke (Eduardo) pasó a ser un recuerdo- la derecha se identificó con el espíritu más bien tecnocrático, con la idea de que la racionalidad instrumental debe guiar, con esmero y con rigor, la vida colectiva. Apartarse de eso, siempre ha tenido para ella el feo rostro del populismo. Pero -atención- poco a poco ha ido cundiendo entre los más jóvenes (de nuevo la cuestión generacional) la convicción de que uno de los defectos de la derecha ha sido el descuido de la especificidad y la autonomía de la política. Solo falta que aparezca la figura que encarne esa convicción. Cuando ello ocurra -ahora sí que sí- la sociedad y la política chilena estarán viviendo un nuevo ciclo. No necesariamente mejor.Solo nuevo”, concluye Peña.