Marcelo Ríos se va de Chile, se dijo ayer, apestado con la prensa, con eso periodistas de farándula o de deporte -dice él- que hacen cualquier cosa por vender y que son capaces de mentir, de hacer daño. Pero no sólo eso se rescata del anuncio del que muchos definen como uno de los tenistas más talentosos que pisó una cancha. El ex número uno de la ATP se confiesa y lo hace como nunca. Acá parte de lo que cuenta a Caras.

“Después de la vasoconstricción cerebral quedé con angustia por las cosas fuertes que los doctores me dijeron, que Cerati y Jorge González tuvieron lo mismo, que posiblemente no me iba a morir, pero podía quedar ciego o cojo. Cuando tienes hijos te afecta, ¡me asusté! Estuve yendo al siquiatra quien me aconsejó para qué esperar a ser viejo para irme, por qué no lo hacía ahora si tenía la plata, mi familia y los medios. Que realice hoy las cosas sin esperar a los 70, y me hizo sentido. Hablé con Paula y me encontró razón”, dice Ríos en lo que pudiera su entrevista más cercana.

El “Chino” afirma que “este país es chaquetero” y que a su edad ya no está para eso. Argumenta que acá en Chile a los ídolos no los cuidan, que se miente. “Si me mando una cagada, feliz que lo publiquen, pero me cargan los inventos por sacar una noticia y vender más”.

Afirma que “así es el periodismo en Chile, ¡una mierda! Y cualquier tipo es periodista, va a la tele y dice lo que quiere; hablan con una autoridad como si te conocieran. Y tiran mierda, mentiras, ¡y da lo mismo!, porque no hay una ley que te proteja, que puedas hacer algo contra ellos”.

Sus afirmaciones sobre esas cosas que le llegan dan como para pensar que no tenía el cuero tan duro como se pensaba. Al respecto, responde que “trato de no sufrir con esto. No leo diarios, en mi casa están prohibidos los programas de farándula, los canales nacionales son una estupidez ni leo revistas porque hablan puras huevadas. No me interesa estar metido en esto”.

Ríos dice que su mujer Paula es la que lo ayudó a cambiar la mirada, a crecer, a “entender que la vida no era como yo la veía”. Explica entonces que su “historia ha sido muy distinta a la de cualquier persona en este país. Partí jugando tenis a los ocho, me jubilé a los 26 con mucho dinero, a una edad en que los pendejos están recién creando su empresa o saliendo de la universidad. Tuve una vida al revés… Y fue difícil saber qué hacer en ese momento: te ves solo en el mundo, con plata, fama… Paula fue un cable a tierra en cuanto a que la vida no es tan bonita ni fácil como yo la pintaba cuando estaba solo”.

“Antes me sentía invencible, arreglaba mis problemas solo, no requería la ayuda de nadie, sin embargo, cuando me ocurrió lo de la cabeza, por primera vez reconocí que la necesitaba, que sin una sicóloga y siquiatra no podía salir adelante. Ahí empecé con tratamientos y nació la idea de irnos a Estados Unidos. Hoy trato de disfrutar más, no me fijo en gastos. Quiero gastar mi plata en vida”, afirma el Chino, quien sostiene que es la gente de la calle, la gente simple, la que lo quiere, no aquellas personas que lo siguen o le piden una foto de mala manera.

Como para cerrar, contesta que sigue sin creer en la política. “Nunca he votado, no me interesa quien salga presidente. No me llama la atención”.