Carlos Peña saca la pizarra y explica qué se le puede reprochar al PS por invertir en el mercado de capitales

“No hay inconsistencia alguna en querer terminar el capitalismo y vivir en medio de él; pero hay una obvia contradicción que merece ser explicada entre condenar los conflictos de interés ajenos y desatender los propios; y sostener la política mediante la circulación capitalista, pero afirmar que otros bienes públicos, menos relevantes que la política, no debieran financiarse recurriendo a ella”, dice el rector de la UDP.

“Capitalismo socialista” se titula la columna que escribe Carlos Peña en El Mercurio, y que evidentemente refiere la situación del PS una vez que se conoció que invirtió en firmas como SQM y otras cuestionadas por la justicia. El rector UDP cita a Marx, de entrada, para argumentar que lo que está en cuestión no es mostrarse contrario al capitalista, pretender reemplazarlo y a la vez “reproducir la vida en base a sus reglas”. El asunto es otro.

Para Peña, “el problema entonces no sería el ánimo lucrativo de los capitalistas, pecado que comparten con entusiasmo y astucia el PS y sus parlamentarios, sino las condiciones objetivas en que se desenvuelve la vida: estas últimas serían el problema, y son ellas las que habría que discutir”.

Hecho el punto,  anuncia que “los socialistas debieran explicar todavía dos asuntos: el primero, por qué mientras perseguían conflictos de interés de sus rivales, no fueron capaces de advertir los suyos; el segundo, por qué si la política se financia mediante la circulación capitalista, como lo ha venido haciendo el PS, esa misma forma de financiamiento no podría ocuparse para otro tipo de actividades humanas (como la salud, por ejemplo)”.

Por eso es que el abogado subraya que “no hay inconsistencia alguna en querer terminar el capitalismo y vivir en medio de él; pero hay una obvia contradicción que merece ser explicada entre condenar los conflictos de interés ajenos y desatender los propios; y sostener la política mediante la circulación capitalista, pero afirmar que otros bienes públicos, menos relevantes que la política, no debieran financiarse recurriendo a ella.”

 

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