¿Por qué te interesó poner en escena la obra de Ibsen La casa de Rosmer?
-Vi la obra el año 2007 en Londres y me impactó. Se entrecruzan temas políticos con psicológicos, de interés universal y atemporal, como la represión, la deslealtad, la infidelidad o el poder femenino. Y en la dimensión política, pone en juego dos visiones de la sociedad que están en extremos: el idealismo que asocio hoy a los sectores de izquierda extra Nueva Mayoría y el conservadurismo.

Pero fuiste fiel al guión original y no la adaptaste a la realidad chilena.
-No le encuentro sentido relocalizar las obras geográfica o temporalmente. Es una obra de época, de las últimas dos décadas del siglo XIX, que tiene resonancias contingentes que son tan obvias y claras, que no habría sido necesario relocalizarlas para percibirlas.

El protagonista, por ejemplo, es un joven idealista, ¿podría ser Boric?
-No quiero hacer esas comparaciones tan contingentes. No vienen al caso. Pero hay algo del protagonista presente en la política chilena: Es un tipo bastante cándido con ideas muy difíciles de materializar. Y lo mismo pasa con la nueva izquierda chilena que recoge sentimientos de la calle y expresa posiciones críticas respecto a las AFP, la educación y la equidad.

Estudiaste actuación en la Católica, pero lo dejaste para asesorar a políticos de la Concertación y al mundo empresarial.
-Mi pasión siempre ha sido el teatro y, con toda franqueza, no pensé que sobreviviría con eso.Y por eso derivé en la política.

¿Cómo llegaste a asesorar a políticos?
-A veces uno llega accidentalmente a las cosas. Estaba haciendo un doctorado en la Universidad de Pensilvania y vine a hacer mi tesis de doctorado en Chile, bajo el patrocinio de Cieplan, cuyo director era Alejandro Foxley. En Cieplan, conocí el mundo político y empecé a asesorar a Foxley.

¿Te gustó ese mundo del poder?
-Sería cínico si te dijera que no. Además que el gobierno de Aylwin fue un gran gobierno. Sus equipos eran extraordinarios con gente muy interesante. Foxley era una figura a la que le tenía mucho respeto y adhesión. Él habría sido un excelente presidente. Fue la primera persona que me puso en contacto con una dimensión de la política que admiré mucho.

¿Y que sigues admirando o no?
-Yo creo que los Foxley ya no existen. Cuando empecé en la política y trabajé en la primera campaña de Frei, me tocó estar con gente brillante, de mucho peso, que durante la dictadura de Pinochet se jugó por el regreso a la democracia muy valientemente. Una generación de oro de la política chilena.

¿Y qué pasó en el camino que esa política dejó de ser brillante?

-Las generaciones posteriores no tuvieron la formación política de esa generación. Es menos culta que la anterior y están instalados en una dimension más transaccional de la política. Y eso es lo que está predominando hoy día; la política como un negocio.

Pero esos políticos de la Concertación, algunos siguen activos.
– Gabriel Valdés murió, Patricio Aylwin murió, hay otros que están retirados…

Pero Lagos, Frei y Bachelet siguen activos.
-No, pero ellos son de otra generación muy posterior. No son de la generación de los Gabriel Valdés, de los Castillo Velasco.

¿De qué generación son?

-Es impresionante la falta de interés. Uno pensaría que los sectores de izquierda están más sensibilizados por la cultura y las artes, pero no es así. Es francamente bochornoso que no hayan políticas culturales potentes. Hay artistas como Héctor Noguera, que tiene el Teatro Camino en Peñalolén, que no tienen plata para pagar las cuentas. Y estamos hablando de premios nacionales. Eso habla muy mal de las políticas culturales en Chile.

Hay un juicio muy duro de los jóvenes a los políticos de la Concertación en la Transición. Dicen que prácticamente se acomodaron al poder y que no hicieron nada por cambiar el modelo.
-Es un juicio absurdo. Si uno mira los indicadores objetivos, los años que gobernó la Concertación, son los más exitosos de la historia política chilena.

Pero pareciera que los jóvenes no quisieran reconocerle nada.
-No sé qué los motiva a eso, pero es absurdo. Eso responde más que nada a un ánimo contestatario un poco juvenil. Pero no veo quién pueda afirmar seriamente que en los años que gobernó la Concertación no se hizo nada. Eso es completamente delirante. Los juicios que hay sobre la Concertación, desde la izquierda, me parecen infundados.

¿Qué te parecen esos jóvenes que hablan con cierta superioridad moral?
-Me da lo mismo, ja, ja, ja.

UN PROGRESISTA DE CENTRO

¿Tienes militancia en algún partido?
-Nunca la he tenido.

¿Te sientes identificado con la izquierda?
-Me pillas en un momento que es muy difícil responder eso porque me estoy haciendo muchas preguntas. Hay cosas que no tengo resueltas, porque yo soy un viudo de la Concertación y no me siento representado por la Nueva Mayoría. Me considero un progresista de centro. Pero curiosamente, así como en la obra de Ibsen, en Chile no emerge la alternativa del centro político y cuando se habla de centro, no sabemos qué es y no lo sabemos porque no tiene representación en el abanico de opciones electoral.

Pero me dices que te consideras progresista de centro…
-Del centro que existió y que hoy no tiene representación.

¿La DC no es centro?
-No sé. No nos engañemos. Nadie podría afirmar que Carolina Goic es progresista o que la DC lo sea. Si uno mira a Carolina Goic, ella votó sin reservas todos los proyectos de gobierno de Michelle Bachelet. No hay ninguna consistencia. El progresismo no está reflejado en esta elección.

Muchos decían que te fuiste despechado de la Concertación y que por eso le has dado duro a Bachelet.
-Eso es una estupidez, algo completamente absurdo. Fui crítico del gobierno de Bachelet los primeros dos años, pero quién no lo ha sido. No recuerdo una columna de opinión positiva de este gobierno. Y eso ha sido porque ha hecho un mal gobierno.

Trabajaste en la SECOM. Se cree que uno de los problemas de Bachelet pasa por un tema comunicacional.
-Esas son pamplinas. Ninguno de los problemas que tiene este gobierno son particularmente de orden comunicacional, sino que son sustantivos.

¿Qué crees que pasó con Lagos en esta pasada?
-No tengo idea. No lo he pensando.

¿Dejó de ser creíble para la gente?
-No sé si dejó de ser creíble. Sabemos que le iba mal en las encuestas. Pero no lo sé, no he pensado. Como se dice vulgarmente, no sé por qué no prendió.

¿En serio que no lo has pensado?
-No. Uno no puede tener tantas cosas en la cabeza.

Pero me imagino que alguien que asesoró a políticos, debe tener alguna reflexión sobre las razones de su caída o, al menos, cierta curiosidad por lo que pasó.
-Es que ya no me dedico a eso. Hace como diez años que no tengo vinculación con la política. El otro día saqué la cuenta del porcentaje de tiempo en que he trabajado en política y llegué a la conclusión que más o menos un 15%. Lo que pasa es que las campañas son tan visibles, uno sale en los diarios, que diera la sensación de que uno es eso.

¿Cuándo fue la última campaña en la que participaste?
-Por razones de amistad, participé en la campaña de primarias de Andrés Velasco. Pero él es quizás mi mejor amigo. Y era ineludible ayudarlo.

¿Qué te parece su fracaso?
-No voy a opinar sobre mi mejor amigo en los diarios.

¿Ni siquiera para apoyarlo?
-No creo que necesite defensa.

¿Qué te parece Guillier como personaje?
-No me parece muy interesante. No sé lo que piensa, no sé lo que haría, no sé cuál es su posición respecto a temas específicos. Es difícil engancharse con él.

¿Te parece interesante la irrupción del Frente Amplio?
-Sí, pero hay otras cosas que me parecen más interesantes.

¿Cómo cuáles?
-¿Tengo que pensar por qué me parece interesante?, ja, ja, ja. No me parece tan interesante ya, ja, ja, ja… Bueno, de alguna manera, triza a la izquierda, deja al PC como un movimiento mucho más pragmático, más inserto en un sistema, y apela a un sentimiento antisistema que está presente no solo en la calle, sino que tiene expresión en las encuestas, y es un fenómeno nuevo que va a tener influencia importante en la próxima elección presidencial, le va a disputar votos a la Nueva Mayoría y de alguna manera cambia la dinámica de las cosas. Curiosamente, no aparece en ellos el término crecimiento. Veía en los diarios un resumen del que sería el programa de gobierno de Beatriz Sánchez y la palabra crecimiento no existe. Sus propuestas requieren de recursos y pareciera que no fuera una variable. No se sabe de dónde sacarán los recursos.

¿A qué lo atribuyes?
-Hay una carencia de formación política, pero no sé a lo que se debe realmente.

A Bea Sánchez se le ha criticado por no venir del mundo de la política.
-Eso es muy prejuicioso. Michelle Bachelet es médico, no veo por qué un médico está mejor preparado para ser presidente que un periodista. No creo que una profesión te prepare mejor o peor que otra para ser presidente. No tengo prejuicios respecto de eso.

CODICIA EMPRESARIAL

Hasta el 2015, tuviste un blog donde decías que hablarías de manera descarnada y frontal de lo que viste en política.
-No recuerdo haber dicho que iba a hablar de manera frontal y descarnada. ¿Dónde salía eso?

En la presentación de tu blog.
-Quizás en qué estaba pensando en ese momento. Suena interesante lo que me dices.

Por eso la idea era hablar contigo de los políticos de manera descarnada. Pero parece que no te interesa nada de lo que pasa en política ahora.
-Sigo lo que pasa, pero en Chile todos los días pasa lo mismo. O sea, uno abre los diarios y salen los mismos actores diciendo las mismas cosas. Si me preguntas si Carolina Goic va a pasar a primera o segunda vuelta, eso no me tiene muy capturado. Durante dos meses los medios estuvieron pendientes de si ella iba o no a primarias. No creo que eso sea muy interesante ni trascendente.

¿Qué fue lo que gatilló tu distancia con la política?
-Cuando cumples 50 años, te dices voy hacer lo que realmente quiero hacer en los años que me quedan, lo que me apasiona realmente, y la respuesta fue súper clara: el teatro.

Entrar al teatro a los 50 debe haber sido complicado.
-Fue muy difícil en Estados Unidos. Partí realmente de abajo en una compañía, anillando guiones, comprando y sirviendo comida en los ensayos de los actores. Estuve literalmente dispuesto a barrer el piso para poder entrar al teatro. Al final, trabajé en una compañía bien importante en Washington y después en Nueva York donde me formé como director. Y ahora además, estoy desarrollando un proyecto enorme sobre reputación empresarial, porque me parece que es un tema de la mayor gravitación hoy en Chile.

Un tema difícil de resolver.
-Difícil. Pero me apasiona. Los problemas reputacionales tienen que ver con prácticas al interior de las empresas que yo defino como prácticas codiciosas, que están metidas en los modelos de negocios. Un ejemplo es lo que hacian las isapres que cambiaban unilateralmente los contratos de los clientes. En esas prácticas hay que intervenir.

O sea, estás trabajando en tratar de extirpar la codicia empresarial. Algo que parece imposible.
-La codicia es parte de la condición humana. No parte de la condición empresarial exclusivamente. En el último tiempo se ha hecho más transparente, hay mucho más escrutinio sobre las empresas y es mucho más difícil esconder prácticas.

¿Y cómo puede cambiar esa mentalidad en los empresarios?
-Tendría que contarte mi proyecto, pero estoy trabajando en eso todavía. En todo caso, creo que los empresarios tienen mucha conciencia hoy día. Mira, lo que está haciendo Alfredo Moreno con la CMPC. ¿Cuáles fueron sus primeras palabras al asumir el cargo de presidente? Puso foco en el problema de legitimidad social de las empresas. Hay muchos indicadores que dicen que los empresarios están dispuestos a hacer cosas. Están conscientes que el problema de la crisis reputacional pone en riesgo el modelo económico, porque se viene una ola de regulaciones asfixiantes. Cada vez que hay una crisis reputacional grande, hay un proyecto de ley que está diseñado para que eso no vuelva a ocurrir. Y, generalmente, esos proyectos no son buenos porque están hechos al calor de una crisis.

Luksic está transformado en tuitero profesional. ¿Qué te parece esa jugada?
-Desde el punto de vista de su posicionamiento personal, me parece bien. Pero, desde sus empresas, no creo. Es difícil evaluar si uno no conoce el propósito que hay tras eso.

Lo hace en un momento en que los empresarios son mal vistos.
-El problema de reputación no es comunicacional, no se van a resolver ni en Facebook ni Twitter.

¿Crees que Piñera mintió en su declaración patrimonial?
-Me parece convincente la explicación que dio, porque los avalúos fiscales y los activos no son lo mismo que los precios de mercado, hay mucha diferencia. Hay mucha ignorancia al respecto.

 

LA CASA DE ROSMER
Texto original: Henrik Ibsen
Dirección: Pablo Halpern
Elenco: Nicolás Pavez, Adriana Stuven, Tito Bustamante, Rodolfo Pulgar, Mario Soto y Norma-Norma Ortiz.
Hasta 20 de mayo en Corp Artes / Viernes y sábado a las 20 hrs /
Rosario Norte 660 nivel -2 , Las Condes.