Luego de una agitada jornada en la que participó en distintos talleres educativos por su activismo político y sexual, la joven travesti Lilit se vio obligada a pasar la noche por las frías calles de Santiago tras perder la última locomoción que la llevaría a Valparaíso.

En su relato publicado por el sitio El Desconcierto, Lilit precisa que minutos después de ser sacada del terminal Alameda, optó por hacer la hora caminando sin rumbo por los distintos rincones de la capital, mientras sus ciudadanos dormían.

En medio de su caminata fue abordada por dos hombres en la calle Cueto para robarle sus pertenencias. Mientras uno de los delincuentes la revisaba por completo preguntó furioso: ¡No es mujer! ¿Por qué usa falda? ¿Por qué usa falda?”.

Segundos después ambos sujetos trataron de arrancarle la falda, hasta que dicha prenda cayó al suelo.

“¡Te callái o te pego un tunazo!”, la amenazó uno de los hombres, al mismo tiempo que se agarraba los genitales. En ese instante apareció una fuerte luz de un auto que obligó a los sujetos a huir, no sin antes lanzarle un escupo.

Tras el traumático episodio, Lilit sólo atinó a sentarse en una banca para esperar que amaneciera y que nada peor pudiera suceder.

En los siguientes minutos, que parecieron una eternidad, vio como un sujeto se le acercaba. Cansada, llena de tristeza, sueño y temor, se quedó quieta tratando de entender las intenciones de este hombre.

“Oye amiga, disculpa, no te asustes, noté que estabas sola y este barrio es peligroso”, dijo de entrada.

“Me llamo Diego”, añadió al mismo tiempo que le ofrecía ayuda invitándola a su casa para pasar la noche.

Tratando de ganarse la confianza de Lilit, Diego le cuenta que hace algún tiempo llegó junto a su familia a vivir al Barrio Yungay y que actualmente es un estudiante de las Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma.

No conforme con eso, siguió aportándole datos de su vida para que Lilit bajara sus defensas y aceptara su oferta.

Pero el elemento que hizo que Lilit accediera fue que Diego le reconoció que era trans. Pues bien, tras llegar a su casa, Diego le sugirió que se acostaran en la misma cama, ya que no tenía nada qué temer.

La noche de Lilit comenzaría a complicarse cuando Diego se puso cargante e intentó abrazarla de una manera insistente: “Me llevó la mano hasta su pene, me decía: ‘Quítate la ropa’. Me negué e intentaba apartarle las manos, pero me sentía tan adolorida y cansada que apenas podía oponer resistencia”, detalló.

Agregó que “me puse a pensar en su familia. Jamás creerían lo que estaba pasando. Él podría inventar cualquier cosa. Cualquier calumnia que se le invente a una travesti o a una trans es del todo creíble. Si total, es una la que anda acosando hombres, la que los llama por teléfono con insistencia, la que los amenaza de muerte y un sinfín de atrocidades. Por lo que pensé: esto tiene que ser breve y no como hace cuatro años, que, por negarme, el tipo me golpeó, y me abusó. Esa experiencia fue tan traumática que en esta oportunidad sentía que no podía volver a ocurrir”.

Teniendo en cuenta ese recuerdo, la protagonista de esta historia relata que Diego la lastimó mientras trataba de bajar a su entrepierna: “Yo sólo pensaba: ‘que no me recorra el cuerpo, que no note que mis formas no son de una mujer prototípica…’”. Fue así como la desesperación la llevó a decidir hacerle sexo oral para calmarlo. A toda costa intentó evitar una dolorosa penetración sin protección. Lo hizo llorando, recordando esa ocasión en que todo salió peor.

Al día siguiente Lilit tomó sus cosas y regresó a Valparaíso. Pues bien, en conversación con El Desconcierto la joven rompió el silencio señalando que “cuando me decidí a contarlo ya habían transcurrido un par de días y hacerlo fue liberador: sentí que mucha basura salía aventada desde mi cuerpo, desde mi cabeza, desde mi ser completo. Sin embargo, conforme han transcurrido los días, los recuerdos me azotan, se han vuelto más frescos, más brutales; y ahora hasta sufro de pesadillas, aunque el vómito ya ha cesado. Siento más pena y rabia”.

A renglón seguido admitió que existe una posible campaña para funar a Diego: “sus acciones indican que parece ya se enteró: compañeros de su propia universidad me han hablado para entregarme información de él, como que ha dejado de asistir al campus o que cerró su Facebook. Un compañero suyo, de hecho, me dijo algo obvio, pero del todo fundamental: el que nada hace, nada teme. Y él cerró su cuenta”.

Frente a los cuestionamientos o la posible reacción de la gente de no creer en su versión, Lilit indicó que “cuando el terror te gana, terminas negociando no ser golpeada o asesinada. Me vi obligada a mamarle el pene, porque es un macho y él así lo supo. Yo solo traté de hacer mi paso por su cama lo menos traumático posible, por los miedos anteriores que arrastro y arrastramos las trans y las travestis, a quienes nos abusan todo el tiempo, pero de lo cual no se habla, porque en nosotras, el abuso se naturaliza aún más que en las propias mujeres”.

“La solidaridad feminista ha actuado con diligencia y amor. Tengo compañeras abogadas que me han estado asesorando. Más allá de lo que pueda o no conseguir por vía legal, denunciar es un gesto de empoderamiento político, de ahí la importancia fundamental de hacerlo”, profundizó.

Al ser consultada por las medidas que adoptaría contra el abusador, soltó que “a mí esto me interesa subvertirlo y decir: nosotras podemos hablar por nosotras mismas y no solo ver qué hacer con Diego, sino cómo hacer que todo este sistema tiemble. Podrá o no ser detenido una hora, pero pensar solo en él reduciría el problema a un tipo x de un lugar x que se aprovecha de una trans x. A mí esto me llama a que alcemos la voz y declaremos con fuerza que vivimos en este estado patriarcal, misógino y transfóbico. Entonces, las verdaderas medidas son, en principio, encontrarnos y organizarnos para darle cara. Ha sido todo este sistema el que ha creado machos brutales como Diego o como Mauricio Ortega. A ellos les enseñaron que abusarnos o arrebatarnos los ojos estaba permitido”.