“¿Vota Kast acá? Chucha, los castigaron a todos”.

La humorada del periodista Aldo Schiappacasse, quien llegó al Colegio De La Salle a votar una hora antes que el candidato José Antonio Kast, hizo reír a todos los presentes. El periodista se sorprendió por la cantidad de cámaras y micrófonos apostados frente a las salas de clases del local, a la espera de que el aspirante a La Moneda llegara a sufragar.

Su arribo estaba previsto para las 11:30 de la mañana. Media hora antes, parte de su comando apareció con poleras amarillas y pantalones azules, para combinar con los colores de la campaña. Si bien su desayuno programado a primera hora del domingo sufrió una modificación, ya que se realizó en Buin y no en Alcántara como se había programado inicialmente, la llegada al local de votación fue puntual.

Kast bajó de un 4×4 blanco junto a su esposa Pía Adriasola y algunos de sus hijos. Inmediatemente fue asediado por una treintena de periodistas, quienes se lanzaron sobre él con preguntas sobre su esperanza de pasar a segunda vuelta y si finalmente apoyará a Sebastián Piñera en un presunto balotaje.

Como ha sido la tónica de la campaña, Kast se mostró taciturno y calmado frente a los micrófonos. Risueño, además, bromeó cuando una señora se acercó con una muñequera en su mano derecha y simuló tener poderes sanativos: “Miren como la toco y se le pasa”.

No le hizo el quite a preguntas filosas -como si con este voto se reconciliaba con la democracia- y demoró cerca de diez minutos en trasladarse desde la entrada del colegio hasta su mesa, la 117V, principalmente debido a la múltiples selfies que le solicitaron. En el camino estuvo acompañado en todo momento por su fiel barra brava, cuya mayoría estaba compuesta por mujeres mayores de 40 años.

La fanaticada cerraba con aplausos cada intervención del senador, y ante algunas manifestaciones de aislados disidentes, no dudaron en mostrar los dientes.

“Fascista asesino” gritó un votante de polera café y bigote. La respuesta no esperó y fue contundente: “Qué te pasa hueón loco. Quién te mandó. Sal de acá”, fue lo más suave que escuchó.

Su ingreso a la sala de votación también fue caótica por el atochamiento de los medios. Entró, saludó a los apoderados de mesa y les preguntó si había ido mucha gente a sufragar. Esperó cerca de dos minutos y se perdió detrás de las cortinas del cubículo.

Tras una ceremonia corta salió y depositó su voto en la urna, frente a las camarógrafos que -entre codazos- se ubicaron a un costado de la sala.

“¡Bravo, bravo!” decían sus seguidores, justo antes de que el candidato se ubicara detrás de un micrófono para realizar su punto de prensa.

Mientras respondía preguntas sobre La Araucanía, evaluaba su campaña y afirmaba que “ya ganamos, porque hemos dado la pelea por los valores”, otros detractores se paseaban a sus espalda con gritos contrarios a su postura.

“¡Saquen a ese payaso de aquí!” lanzó un joven, quien sufrió una dura reprimenda por parte de la mencionada barra. Ante la presencia de un miembro del Ejército que le exigió respeto, argumentó que “no me voy a callar, porque es un nazi”.

-No respondan, no vale la pena, dijo otra integrante del grupo.

El candidato se mantenía imperturbable frente a los medios, como si no escuchara nada de lo que ocurría a tres metros de él. “Ahora todo está en las manos de dios”, le decía a la prensa.

Su intervención la finalizó con otras alusiones divinas y aseguró que “no es el momento para proyectarme para el 2022, no sabemos si habrá vida y salud para entonces”.

Al momento de abandonar el colegio, un joven de polera y gorro rojo aplaudía a rabiar, con una alegría que solo fue interrumpida cuando una persona mayor que él pifió al candidato. Al darse vuelta para recriminar la acción y ordenar silencio, dejó ver la inscripción de su prenda: “Make America great again”.