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“Hay veces que me dan ganas de autoeliminarnos”.

Así de claro fue el relato de Mario Núñez (71), un chofer de la locomoción colectiva de Coquimbo que conmocionó a toda la zona luego de revelarse que todos los días debe trabajar, desde las 05:30 horas, con su esposa con Alzheimer al lado debido a la falta de recursos y nula ayuda.

Su esposa, Fresia Farías, padece Alzheimer desde hace 4 años y no tiene a nadie que la cuide.

En conversación con El Día, Mario aseguró que “yo la he cuidado solo, pero se me ha hecho muy pesada la situación (…) hay veces que me dan ganas de autoeliminarnos”.

Añadió que “haga frío o calor, o como sea que esté el clima, tengo que levantarla. A mí me da pena hacerlo, porque la veo durmiendo y no quisiera. Le pongo su ropa, le lavo los dientes, tengo que llevarla al baño y limpiarla cuando hace sus necesidades porque ella no es autónoma para hacerse sus cosas”.

Junto con lamentar que pasan casi 12 horas al día arriba de la máquina, detalló que “yo llego a esta casa y no converso con nadie, perdí mi vida social, no escucho música, no veo televisión, solamente me dedico a ella y a tratar de que se duerma para yo poder descansar por lo menos una media hora mientras está en su cama. Ese es nuestro día a día”.

Sobre el día a día, lamentó que “se me ha caído de la micro, a veces va durmiendo o le da frío, tiene ganas de ir al baño y debe hacer en un tarro”.

Pues bien, tras la revelación de este caso, radio Cooperativa consignó que la mujer fue enviada al Hogar Visitación de María de La Serena, que pertenece a la Fundación Las Rosas.

En ese sentido, el administrador del recinto, Leonardo González, enfatizó que “el caso es sumamente complejo porque la señora tiene un Alzheimer avanzado, pero es joven. Su cuerpo tiene para rato, pero su cerebro se está deteriorando”.