Digamos las cosas como son. Todos crecimos y envejecimos por esta parte del mundo con la imagen de una María Eugenia Larraín como epítome de la “trepadora”, la “suelta” y la “interesada”. No podíamos concebir que fuera mera casualidad que sus parejas fueran deportistas y cantantes números uno. Claro, si Zamorano fuera obrero de la contru no lo pescaría ni en bajada, eran las típicas reflexiones a las que nos llevaban su escalada de romances. Y si además del “Pichichi”, Carlos Moyá, Enrique Iglesias, Marcelo Ríos y Luis Miguel llegaba a enredarse con un tipo con menos lucas y que tampoco era una lumbrera precisamente, como sus amores de reality, Nabih Chadud, Arturo Longton y “Kike” Acuña, lo atribuíamos a que, cuando no estaba tras la plata, era una simple “ofrecida”. O sea, palos porque bogas y palo porque no bogas.

Pasaron los años y “Kenita” no cambió. Bueno, sí, sentó cabeza. Ahora es una tranquila dueña de casa que cría una pequeña hija con su quitado de bulla marido argentino y se dedica a la numerología. Y, contra todos los pronósticos, no sólo no se arrepiente un ápice de su prontuario amoroso, sino que ha comenzado a entregar pormenores del mismo, pese a quien que pese y caiga quien caiga.

“Kenita” es el símbolo de la chilena actual, empoderada, orgullosa de su pasado y que desafía a quien se le cruce a medir sus palabras. Eso, sin ir más lejos, pasó cuando, este mes, el miércoles 7, fue de invitada a “Llegó tu hora”, de TVN. No les dejó pasar una a los panelistas estables.

Aquí, un repaso del enfrentamiento.

Abrió los fuegos Denisse Malebrán, disparándole a quemarropa un “me da la idea que eras tú la que quería brillar, tú la que querías triunfar en un concierto lleno de gente o en la final de un campeonato“. La visita no escatimó en críticas para la consulta: “tu pregunta igual viene con un juicio”, “no me hiciste una pregunta abierta”, “creo que hay un juicio ahí que debe ser tu opinión, seguramente”, “también creo que hay un poco de machismo en tu pregunta” y “es como hablar que sólo la mujer fuera la responsable de las relaciones” fueron los raspacachos que le lanzó a la cantante.

Enseguida le tocó el turno a Ignacio Franzani, que le preguntó por qué volvía a hablar de las razones por las que no se casó con Zamorano si ya se lo había revelado al mismo Franzani en una entrevista en TVN hace algunos años (como si el periodista le hubiera hecho formar un acuerdo de exclusividad). “Será porque personas como tú me lo vuelven a preguntar. ¿O yo hablo sola, espontáneamente?” “Tú podrías perfectamente decir que no tienes ganas de hablar de eso”, le enrostró Franzani. “¿Y por qué tendría que hacer eso? Es lo que te gustaría a ti que yo hubiera hecho”, contestó María Eugenia, rematando ese diálogo con una frase para el bronce: “yo no soy el basurero emocional nacional”. Fue entonces cuando Gonzalo Ramírez aprovechó para preguntar si este programa es el último donde hablará de estos temas. La respuesta de al ingeniera comercial fue para enmarcarla: “no tengo idea. Voy a hablar todo lo que sienta que tengo que hablar para desahogarme y sanarme”. Antes de la tercera consulta, Larraín bromeó: “díganme que ahora viene una pregunta más simpática”. Cuando se percató que era el turno de Rayén Araya, se le escuchó decir, haciendo un juego de palabras con el nombre del programa: “llegó mi hora de las preguntas densas…”.

Rayén Araya inquirió si cuando hace “declaraciones” piensa en los daños colaterales que le puede causar a las familias de los involucrados. “¿Declaraciones como cuáles? ¿Puedes ser más específica por favor?” Se lo estoy diciendo, no dejó pasar ninguna. Al responder, “Kenita” habló por todo un ejército de mujeres: “cuando una mujer hace una sanación luego de sufrir un acoso sexual, ¿se le tiran las otras mujeres encima a preguntarle ‘oye, pensaste en la familia del violador, en qué va a pensar’?” “No, no corresponde hacerlo”, contestó Araya. “Entonces ¿por qué lo haces conmigo?”, la mató la exmodelo.

Y así, siguió toda la noche, derribando prejuicios como quien tumba palitroques. A Sergio Marabolí, autor de su biografía no autorizada, le informó que no haber aparecido en el funeral de Camiroaga como su “viuda” oficial no hizo menos importante la relación abierta que mantuvo con él.

Cuando Pablo Mackenna comentó que ha carreteado, con María Eugenia y que es más embalada que él, ella, sin perder el humor, aclaró que no estaban hablando de “vicios”, sino de echar la talla.

Al Rumpy, que se mandó la reflexión más freak de la velada (“me imagino lo que debe ser ir adentro de tu cuerpo, caminando por la calle…”), le contó que jamás habría andado con Chadud si no se hubieran topado en el distorsionado contexto de un reality (“Pelotón”).

Marcela Vacarezza fue un espectáculo aparte. Uno de circo pobre. Machista hasta la metástasis, le preguntó “¿qué dice el marido respecto a todo esto?” Le respondió “Marcela, no seamos cínicos. Me trataban de mosca muerta por no hablar nada. ¿No es mejor la verdad?”

Y a Eli de Caso la dejó de lesa, sin mucho esfuerzo. La panelista le confesó que no entendía mucho el proceso de sanación del que hablaba “Kenita”, ante lo que ella, a esas alturas con un triunfal aire perdonavidas, le contestó “si no lo entiendes, lo siento”.

Ésta es la nueva “Kenita”. Mejor dicho, la de siempre. El que cambió fue Chile. Aunque muchos sigan sin entender un carajo.