Por Carla Amtmann Fecci y Matías Fernández Hatwing

Es cierto, la sola suma de siglas guiadas por la calculadora electoral no garantiza ningún camino de triunfos ni transformaciones, el problema es que la no-suma de ellas para cuidar un camino prístino, tampoco.

Si los diversos actores políticos del Frente Amplio siguen manteniendo una discusión en base a esta dicotomía, no sólo no podremos resolver el crucial momento en el que nos encontramos, sino que además seguirán construyendo un abismo entre los territorios y las cúpulas nacionales, y por tanto entre la ciudadanía y los partidos.

El Frente Amplio ha sido hasta ahora una respuesta política exitosa ante el nuevo ciclo nacional abierto. No obstante, tras nuestra irrupción como coalición, hoy tenemos la tarea de constituirnos en un proyecto nacional de mayorías y, por tanto, lograr tener un enraizamiento social, cultural y, sobre todo, una idea de país consolidada en prácticas cotidianas hacia las cuales invitar avanzar. Tuvimos un notable nacimiento, pero aún no hemos ganado.

Además, irrumpir desde el parlamento, y concentrar a nuestros principales liderazgos en ese espacio, ha sido un arma de doble filo. Nos ha dado visibilidad y fuerza para empujar proyectos relevantes para Chile, pero también nos ha situado en uno de los lugares más desprestigiados y elitistas, más alejado de la ciudadanía, como también uno de los más centralistas. Es la experiencia municipal la que puede ayudar a contrarrestar estas dificultades, siendo además el espacio donde podemos demostrar un nuevo paradigma de producción de los territorios, mejorando las condiciones de vida de cientos de miles de vecinos y vecinas.

Ampliar nuestros espacios en los gobiernos locales, por tanto, no es sólo de una importancia elemental en el juego de correlaciones de fuerzas para las elecciones nacionales, sino que será una prueba a nuestra capacidad para gobernar y consolidarnos como proyecto, existiendo con fuerza fuera de los cómodos lugares capitalinos, en amplios territorios donde las necesidades exigen a gritos seguridad, bienestar y urgencia de cambios.

Considerando lo anterior y sin mencionar lo que está en juego al otro lado de la vereda por el reposicionamiento de proyectos de ultraderecha y la agenda de retrocesos del actual Gobierno, nos preocupamos cuando vemos que algunos dentro del Frente Amplio buscan traducir un desafío de gran complejidad en una dicotomía inútil: la de pactar o no pactar con otras fuerzas. ¿Qué es lo que debiéramos hacer en cambio? ¿Qué es lo primero que debiéramos estar diciéndole a la ciudadanía sobre el camino municipal?

Planteamos tres elementos centrales para la primera parte del presente año: Un Programa Ciudadano, una Bancada con Pertinencia Territorial y una práctica con Confianza en las Mayorías Comunales.

Primero. Aceptemos que en los territorios el Frente Amplio convive con un conjunto de fuerzas políticas vivas y ciudadanas que conforman de manera amplia un espacio con largas trayectorias y voluntad de cambio y conservación, entendamos entonces, que no somos los únicos y a veces tampoco los mejores. Por ello, lo que como coalición debemos ofrecer es primeramente un camino de discusión y construcción programática, donde podamos contar así con la activación social para un Programa Comunal Ciudadano, más allá de nuestras fronteras, con quienes se sientan convocados a realizar una política diferente.

Asumamos la tarea de ser catalizadores de una discusión amplia con dirigentas y dirigentes vecinales, de los Cosoc, Clubes Deportivos y Culturales, autoridades locales, organizaciones de mujeres, de niñas y niños y adultos mayores, a comerciantes y emprendedores, trabajadoras y trabajadores. Atrevámonos a hacer convocatorias abiertas para debatir y construir el proyecto comunal que queremos para cada localidad.

Segundo. Necesitamos que nuestras autoridades parlamentarias sintonicen con necesidades urgentes a nivel comunal: la descentralización fiscal, modificaciones al Fondo Común Municipal, la Ley de Participación Ciudadana, instrumentos de planificación, seguridad ciudadana, la administración del uso del suelo, entre otros, son aspectos que tendrán un correlato activador en nuestros territorios y que necesitamos sean también trabajados a nivel parlamentario. Por su parte, esta conexión con una agenda colectiva y territorial le servirá al trabajo de nuestra bancada y a su fácil tendencia a perderse en las discusiones para la prensa.

Tercero. La gente dejó de creer en los políticos cuando estos dejaron de creer en la gente, no podemos entonces cometer el mismo error. Las elecciones municipales o las enfrentamos con un profundo proceso democrático, unitario, diverso y popular en nuestras comunas, o el Frente Amplio como coalición, podrá mantenerse “limpio” de prácticas del pasado, pero sin proponer ninguna nueva práctica para el futuro.

Votaciones pequeñas, dentro de los partidos, anacrónicas y desintonizadas con los debates locales no pueden ser el camino que se nos imponga para definir una hoja de ruta. Si lo que necesitamos es seguir sumando ciudadanos y ciudadanas al espacio político del cambio, entonces que sean amplias mayorías las que determinen los procesos.

Y en esto tenemos una certeza: la construcción programática democrática y no las decisiones a priori en torno a pactos electorales, serán las que nos permitirán abrir espacios y constatar que existen posibles acuerdos locales para viabilizar las transformaciones, y que estos tomarán la forma que el proceso democrático haya asumido, y con la identificación de con quienes podemos caminar y con quienes no en base al programa trazado.

Como dijimos al comienzo. Ni lo uno ni lo otro. Porque por arriba no lo vamos a resolver. Será en las comunas, y de la mano de construcciones democráticas sin miedo a disentir y competir, que lograremos conquistar municipios con programas de cambio que construyan puentes a la solidaridad y justicia, y levanten muros a los privilegios y desigualdades.

Por lo menos así queremos contribuir que sea en Valdivia y nuestra región de Los Ríos.