Secciones

The Clinic Newsletters

Más en The Clinic

The Clinic Newsletters
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad

Cultura

22 de Marzo de 2019

La lírica haitiana que quiere cambiar el rap chileno

Slam-G (20) y Berni-G (17) se presentan como hermanos, pero no tienen la misma sangre. Ambos son haitianos y los une la ilusión de ser artistas en un país donde el arte es poco valorado. Más aún, de inmigrantes. Llegaron en búsqueda del “Chilean Dream” pero todo ha sido difícil. Pese a eso, hoy graban sus primeras canciones junto al sello Mirlo Club Records y pretenden inmortalizar mediante la música, los cambios del Chile en que vivimos. Esta es su historia.

Por

6 AM. Berni –G apaga el despertador y se levanta directo a la ducha. Lo espera más de una hora en transporte público desde Conchalí a Lo Barnechea. Allá tendrá que trabajar durante 8 horas como ayudante en una construcción casi sólo con chilenos. En el recorrido se cruza con múltiples nacionalidades. Casi todos revisan sus redes sociales, otros se aíslan en sus audífonos y unas pocas invierten tiempo en un libro. Él, al fondo de la micro, escribe en el teléfono las letras de hip hop con las que sueña convertirse en un cantante famoso. Cuando termina la extenuante jornada laboral y llega a su casa, a veces, se encierra en la pieza y llora porque una vez más fue discriminado por su color de piel.

Así fue el verano para Berni-G. Hoy sus días transcurren en el Colegio Alejandro Flores de Conchalí. Cursa cuarto medio y es el único haitiano entre sus compañeros. Sus ramos favoritos son Lenguaje e Inglés mientras que Biología y Ciencias, su pesadilla. Afirma que se lleva bien con todos, pero fue justamente entre sillas, cuadernos y lápices, donde han ocurrido parte de sus malos momentos como inmigrante desde que llegó a la capital. “Yo no sabía decir nada y me hacían preguntas fomes poh. Por ejemplo, tú dices “Berni, ¿tu soy hueon?” y dije que sí no más (ríe). Pero no sabía qué era la pregunta. Siempre sí, sí, sí. Pero a veces digo no, no no”, cuenta negando el bullying del curso y creyendo que sólo era un juego.

En la obra en que trabajaba la situación tampoco es muy diferente. “Siempre me decían masisi (gay en creole) y ellos piensan que eso me hace mal y a mí me da risa de los chilenos porque es lo único que saben. Ahora me dicen masisiliano y yo también los molesto a ellos”, cuenta entre risas.

Nació en República Dominicana porque allí era más seguro el parto. A los pocos días, su madre regresó a la localidad de Thomazeau, una comuna ubicada a 30 minutos de Puerto Príncipe, la capital de Haití, donde vivió hasta los 14 años. El 2015 llegó a Chile a vivir con su papá, pero casi no lo conocía. Sus padres eran separados y la distancia emocional y geográfica pesaron. Así, sus primeros meses en Santiago fueron grises pese al calor.

“Yo en Haití estaba bien y a veces me siento triste acá, pero hay que aguantar nomás. Yo pienso en regresarme a veces, pero mi papá no me deja. Fue difícil porque no me acostumbraba a vivir con él. Siempre había estado con mi mamá y acá todo era diferente”, dice.

Su abuelo también sufrió la discriminación del chileno. Cuenta que llegó a nuestro país para poder tratarse problemas de salud ligados al colesterol, pero tras vivir 12 meses de angustias y penurias, retornó a Haití el pasado 26 de febrero en el sexto vuelo del “Plan de Retorno Humanitario” junto a otros 184 compatriotas. “Él quiso -regresar- porque vino para ir al médico. Él tiene una enfermedad que en Haití no se puede recuperar. Acá no podía trabajar, sólo iba al médico cada mes. Así que pidió regresar (…) Por el frío y porque extrañaba a su esposa”, lamenta.

REAL HASTA LA MUERTE

Las canciones han sido su vía de escape y también una forma de aprender español. Desde su cuenta de spotify escucha a Paloma Mami, Daddy Yankee, Farruko y el trap del chileno DrefQuila. Como dice su ídolo una y otra vez en sus hits, quiere ser igual de real hasta la muerte. “Yo soy ambicioso porque si alguien tiene algo, yo también lo quiero. Me voy a esforzar mucho para llegar al lugar que quiero. Siempre que escucho música digo que quiero ser como él (en referencia al éxito del reguetonero Anuel AA)”, apunta Berni.

Cuenta que escribe canciones desde que era un niño con sólo 13 años. Recuerda con mucha alegría que improvisaba al ritmo de las bases de hip hop afuera de su colegio y que a veces no escuchaba el timbre para regresar a clases porque cantaba entusiasmado. Hoy sólo anhela vivir de su pasión cueste lo que cueste. “A mí me gusta mucho la música, a veces no duermo y me pongo a escribir. Me gustaría ser un artista grande, famoso, pero a veces me da flojera escribir tanto, pero hay que hacerlo sí o sí”, enfatiza.

Slam-G tiene 20 años, es vecino de Berni-G y se conocieron hace un año en las escaleras del condominio donde viven, a pocas cuadras del metro Vivaceta. Son edificios de un color amarillento de cinco pisos de altura y en su gran mayoría habitan haitianos, dominicanos, colombianos y peruanos. En los pasillos hay rumas de cajas, bolsas de basura y latas de cervezas vacías. También deambula uno que otro chileno jugoso del sector. Los niños juegan felices en sus bicicletas y hablan en diversos idiomas mientras que los hombres se divierten en la sombra con dominó y naipes. Las mujeres, sin embargo, están dedicadas a las labores del hogar. Todos visten colores fuertes y vivos, con pulseras y cadenas de fantasía y sus zapatillas llaman la atención a lo lejos. Desde los departamentos se logra escuchar bachata, salsa, cumbia, trap y reguetón. Es difícil descifrar con claridad los olores que emergen desde las cocinas.

El destino lo puso a vivir frente a un hermano y desde ese momento todo cambió. “Cuando él salía de la escuela yo le contaba que quería estudiar. Hablábamos de música y me dijo que era artista también. Antes yo estaba mal, no tenía gente acá en Chile. Me sentía solo y no quería trabajar porque no sabía español”, describe con dificultad Slam-G, quién lleva dos años en nuestro país y el diccionario chileno aún le cuesta entender en el día a día.

Slam-G cada vez que tiene un pensamiento o una idea en la cabeza, enciende su teléfono, abre el grabador de audio y se pone a rimar. “Yo hago mucha música y no puedo vivir sin música. Tengo la música en la sangre. Yo escribo de todo, hago canciones tristes, de amor, de desamor. Un artista tiene que escribir de todo”, explica.

Decidió venirse a Chile luego de que su madre falleciera el 2015 víctima de un cáncer de mamas. Tampoco tuvo un padre a su lado.  Nada lo ataba a estar en Haití, así que viajó más de 5.700 kilómetros para forjar su futuro.

“En mi escuela no me gusta cuando hablan sobre mi color, porque me dicen muchas palabras malas. Yo sé que soy inmigrante, a veces las chilenas y chilenos tienen favoritismo, y cuando yo quiero hacer una cosa me dicen negro culiao y eso no me gusta”, dice Slam.

Su madre no quería que se dedicara a la música, le rogaba que por favor obtuviera un título profesional y se alejara de los problemas que implica la fama. “Mi infancia fue muy difícil porque hasta hoy no tengo papá. Yo estaba solito con mi mamá. Cada vez que ella me preguntaba qué quería ser cuando grande yo le decía artista. Pero ella decía que no, que no le gustaban los raperos, ella quería que fuese un doctor u otra cosa. Me gustaría estudiar informática. Yo creo que donde está mi mamá, está orgullosa de mi porque hago todo lo que me enseñó”.

Berni-G y Slam-G son parte de los 179.338 migrantes haitianos estimados que viven en nuestro país según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y el Departamento de Migración y Extranjería.

SELLO MILLENIAL

Los encargados de liderar el trabajo artístico de estos jóvenes raperos son Richie Montecinos (31) y Martín Quiñones (29). Ambos son músicos de la banda Richie Martins y decidieron comenzar el sello Mirlo Club Records hace un año motivados por inmortalizar los cambios culturales que vive nuestro país y porque cuentan con los medios para generar, grabar y producir hip hop al estilo Home Studio en su departamento en Providencia.

“El sello lo hicimos en base a la necesidad de visibilizar ciertos temas que nos importan, como el racismo y la xenofobia, que en realidad no es más que la ignorancia de mucha gente. Yo considero que, visibilizando más estos temas, y esta gente que es nueva en Chile, es importante que sean parte de nuestra cultura. Yo creo que Chile va a cambiar mucho, con esta mezcla de nuestros hijos con hijos de haitianos, con hijos de venezolanos, todos van a nacer con nuevas formas de arte”, plantea Richie, productor general de Mirlo Club Records.

Encontraron a sus primeros artistas navegando en Youtube en un video titulado “Cypher Haití” sólo con raperos haitianos radicados en Chile haciendo rimas en el barrio cívico de Santiago ante la mirada y cámaras de fotos de los transeúntes. Cuando vieron su flow, talento y apariencia, se contactaron con ellos por Facebook para comenzar a trabajar.

“Los cabros vienen muy acostumbrados a su estilo de trap que tiene bases que vienen del voodoo, que es la música folclórica de Haití. Están sorprendidos de trabajar con nosotros porque tenemos una base rítmica diferente, una concepción de la música diferente y juntamos ambas cosas en una obra colaborativa”, recalca.

La forma de trabajar se adapta a los tiempos de todos. Ya que Berni-G y Slam-G estudian, los productores trabajan las pistas y se las envían por Whatsapp. Luego de algunos días, reciben la letra de vuelta y comienzan nuevamente a nutrir la canción. Recién el fin de semana pueden reunirse en el estudio y grabar los temas. Tampoco pueden quedarse hasta tan tarde porque puede ser peligroso el retorno a Conchalí.

La barrera idiomática es difícil, pero re fundar el hip hop con letras no sexistas es un trabajo aún más grande y complejo. Las canciones más exitosas del reguetón y trap hacen referencias a riñas con pistolas, drogas y una visión menoscabada y sexualizada de la mujer. Esas temáticas pretenden ser dejadas atrás por el sello y es también donde se generan los mayores roces a la hora de trabajar musicalmente.

“En el mercado musical que estamos hoy en día es bastante difícil alejarse de eso a la hora de vender un producto musical. Estamos en un período súper latente en base a la lucha en contra al ser machista, racista y letras con desigualdades. Es muy difícil incluso con artistas que pasan por eso (haitianos y minorías), que consumen mucho ese tipo de música siendo jóvenes. Cuesta, es un mini debate que tenemos, y ellos lo entienden porque lo viven. Como sello no vamos a perder ese enfoque, esto está recién comenzando y es parte del cambio. Nuestro sello más que fama comercial quiere simplemente dar un espacio de voz libre a través de la música para que ellos también tengan una opinión”, describe Martín Quiñones, productor musical de Mirlo Club Records.

El sueño del equipo musical es seguir generando espacios culturales en todas las plataformas digitales disponibles, crear un festival de música urbana enfocado en comunidades migrantes y minorías LGTB+ y el lanzamiento de un disco junto a otros artistas. “El objetivo es que este sello sea una plataforma para ellos y que sus canciones sean escuchadas. Ya estamos trabajando con una artista de Valparaíso que se llama Black Búho que canta dancehall, hip hop y trap. Ella nos escribió porque consideraba que su música era mal vista y censurada en los festivales porque son canciones de amor para una mujer”, cuenta Richie

VIDEO CLIP

El 13 de febrero, previo al Día de San Valentín, liberaron el video clip de la canción de amor titulada Sam Vle. El registro fue grabado en las inmediaciones del parque San Borja y en uno de los edificios más característicos de Avenida Providencia. Las letras fueron creadas por Berni-G y Slam-G:

Bebé tranquila, no escuches lo que dicen los demás / Recuerda que este contrato lo firmamos de por vida / hubo otras mujeres, pero yo te quiero a ti / no me asusta este amor que me enseña a vivir / ¡Eso quiero! / Cuando me enfermo tú te preocupas por mí / Y si ando enojado tú me das paz / Ojalá esto no se vaya a arruinar / Acerquémonos los dos y pasa más tu tiempo junto a mí

No sé bien qué esperas tú, pero lo que quiero te lo diré / No callaré lo que siento porque mañana voy a sufrir / Hasta la muerte siempre juntos y nuestro tiempo compartir / Pasa más tu tiempo conmigo y me verás sonreír / Ya no temo hablar contigo, aunque aún no me dices qué quieres de mí / Para que nuestra relación sea buena y el futuro compartir / Pasaremos juntos el mal tiempo y aunque muchas puertas se nos cerrarán / Cariño, contigo confío y manejo mi vida a ojos cerrados / Me das fuerzas para decir te amo / Mi vida cambió desde que te conocí / A los problemas hay solución / Quiero acompañarte en este camino / Eres la esposa de Berni G y que el resto se joda.

Tú eres más como una madre, eres toda una mujer / Tu amor me mata y si tú eres el suelo yo soy un elefante / Tú ya me dices que me amas, pero yo te amaré más / Eres todo para mí y ojalá tus hijos lleven mi apellido / Es lo que quiero, que seas mi esposa / Es lo que quiero, que nos casemos / Es lo que quiero, un hijo tuyo / Es lo que quiero

Escucha su canción aquí:

Notas relacionadas