El 51,3 % de los hombres privados de libertad en prisiones chilenas no disponen de un lugar propio para dormir, el mismo problema que tienen el 35,7 % de las mujeres encarceladas, advirtió un estudio publicado este lunes del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH).

El Tercer Estudio de las Condiciones Carcelarias en Chile destacó que la situación en los presidios chilenos tiene deficiencias importantes para los reclusos, tras analizar 40 de las 87 prisiones del país suramericano para corroborar los estándares internacionales exigidos para estos establecimientos.

Además, el informe subrayó que de las 40 cárceles visitadas, 19 están sobrepobladas, con 11 de esos edificios “en un nivel crítico de ocupación”.

“Cerca de un 90 % de los establecimientos presenta algún problema relacionado con las condiciones materiales en celdas, módulos o espacios comunes”, detalló el informe.

Estos recintos, precisó, no presentan calefacción y tienen deficiencias tales como conexiones eléctricas defectuosas o peligrosas, ventanas rotas o sin vidrios.

En ese sentido, el informe también resaltó escasez de mobiliario para guardar las pertenencias personales de los presos, problemas de iluminación, ventilación, humedad, filtraciones y limpieza e higiene en las celdas.

Asimismo, el INDH encontró en diversos presidios plagas de insectos o roedores, lo que aumenta los problemas de insalubridad.

También apuntó a la asistencia médica de las prisiones, que en promedio se traduce en un funcionario por cada 49 presos, aunque el informe destaca que el problema recae en la distribución de los asistentes.

El ejemplo más grave de las prisiones visitadas es el del Centro de Cumplimiento Penal de Los Andes con un facultativo por cada 187 reos, mientras que en el otro extremo de la estadística están recintos penales como Porvenir, en la región de Magallanes, y Punta Peuco, en la región metropolitana de Santiago, con un médico por cada 4 y 12 presos, respectivamente.

Punta Peuco es una cárcel “cinco estrellas”, según los familiares de las víctimas de la dictadura militar (1973-1990), donde un centenar de detenidos cumplen condena acusados de violaciones a los derechos humanos.

Las visitas a los encarcelados ha sido otro punto destacado en el informe del INDH ya que en 28 de las 40 prisiones analizadas se mantiene la práctica de desnudar a los adultos, y a veces a menores, que acuden para visitar a sus allegados.

A veces, añadió el texto, implica desnudo integral, a veces parcial y a veces se incluye ejercicio de sentadillas para explorar si había introducción de especies en el cuerpo.

En cuanto al apartado de los castigos a los presos, el informe indicó que “aún se aplica en diversas unidades carcelarias una sanción extrarreglamentaria denominada pago al contado, que consiste en la aplicación de golpes o la exigencia de realizar ejercicios físicos”.