El desierto atacameño es el telón de fondo de “Medea” (2019) de Alejandro Moreno, nacido y criado en Copiapó, que en esta obra reunió un poco de su pasado y su origen para sacar a la luz esta adaptación de la tragedia griega de Eurípides en la que volcó a “CopiaHollywood”, como menciona él a la industria cinematrográfica local que se sumergió en el proyecto.

“Medea es una obra de teatro que escribí en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile en el año 1998. Ahí escribí este texto desde una intuición sin ningún tipo de conocimientos de Eurípides ni de los griegos ni de nada, pero me interesó la figura de una mujer que mata a su hijo, algo tan inexplicable. Y eso me llevó a indagar, y cuando supe que era por venganza a una traición, ya estaba con la obra medio escrita, en una versión libre”, dice Moreno.

La película, que fue presentada en enero en la Cineteca y desde este jueves está en cartelera en Cinepolis La Reina, Cinemark Alto Las Condes y Cineplanet Costanera Center, tiene como protagonista a esta mujer con el corazón roto luego que Jasón, su pareja y padre de su hijo, se enceguece con una mina de oro en el desierto. Desde ahí se desata la gran venganza de ella.

“Hay personas bastante amargadas, posiblemente paranoicas, quizás envidiosas y desde luego chaqueteras, que me dicen ‘ah Medea, como la de Pasolini’ y yo con cara de ‘cállate imbécil’ tengo que decirle, yo escribí esta obra sin saber quién era Pasolini, no tenía la más mínima formación cultural, nada. Entonces, incluso de festivales de cine me han dicho lo mismo, que no dejan la película por eso, y pues, qué le voy a hacer… Me piqué mucho, pero ahora no, cada vez que me dicen ‘igual que Pasollini y Lars von Trier”, respondo ‘igual’, ¿por qué no?”, agrega el director.

Millaray Lobos, Paulina García, Alfredo Castro y Michael Silva, entre otros, son parte del reparto con el que Moreno filmó durante 11 días la película en el norte, en 2018. “Tenemos la suerte de tener espacios secretos, y Medea se filmó en espacios sagrados, faenas mineras históricas, humedales, conchales, etc. Estos espacios son medios secretos entre los atacameños. Pero mi interés no es ser ni Sernatur ni un guía turístico. Lo que me ha interesado es que las personas que trabajaron, vestuaristas, artistas, directores de arte, maquilladores, escenógrafos, lograron aunarse en pequeñas industrias creativas. Y continúan desarrollándose en la industria audiovisual de ‘CopiaHollywood’. Eso es motivante porque el objetivo primero de hacer esta película fue levantar el ánimo a todos los artistas de la región que quedaron con los ánimos hundidos bajo el barro de los aluviones del 2015 y del 2017. En Atacama existe el AA Y DA, antes del aluvión y después del aluvión”, precisa.

-Te deja un sabor muy actual, quizás, o más bien contingente después de verla. ¿Tu intención de profundizar en una temática de la mujer y su reacción al engaño se topó, así no más, con las coyunturas actuales, o hubo una intención en eso?

La verdad sobre los temas coyunturales que me preguntas sobre los movimientos feministas que se han levantado con poder últimamente, yo no lo pensé así. La obra lo contiene, eso está dictado por el mito, entonces sería oportunista decirte sí, yo estaba solo pensando en eso, porque no. Medea contiene el movimiento feminista en el segundo acto de la obra de Euripides. Yo en mi película me adhiero  a ese movimiento porque la que circula por ahí, entre mujeres mineras es Medea, que siente vergüenza de su conversión de mujer a objeto.

Además créeme que si conocieras a Millaray Lobos y cómo ella trabaja la interpretación en muchísimas capas, ese factor de identificación con los movimientos feministas estaban ya inscritos en su cuerpo. Millaray tiene un control único, ella es pauteada, pero no dirigible, se conversan las escenas, pero ella hace y crea. Eso es así, y para mí siempre fue ella la primera opción. Tanto yo y ella debutamos en el cine, pero no en la ridícula frase de ‘el salto al cine’, como si el cine fuera mejor que otra cosa, a otro nivel en el escalón de la escalera miserable de este mundo neo liberal al que se adhiere con tanta fuerza Jasón, el esposo de Medea, interpretado por Michael Silva, un actor que es un lujo.

Me acuerdo que Diamela Eltit hizo una crítica a este texto en el año 1999 y me pareció muy acertado su comentario, de humor negro y lucidez, decía que yo podía readaptar una tragedia porque era de COPIA-POH.  Mi Medea, el texto, ganó la muestra de dramaturgia nacional y con él me inscribí como dramaturgo en la tradición del teatro chileno, que es de alguna manera la única inscripción cultural que me interesa, porque me dio existencia en algo mio propio inimitable y nortino. Después dirigí Medea en la Universidad de Chile y con mis compañeros montamos la obra, pero yo nunca dejé de escribir y re escribir el texto, y tampoco lo voy a dejar de hacer si existe la necesidad de continuarlo. De hecho, me entretiene seguir escribiéndola. Nunca he pensado que está lista, la obra, pero Medea está lista siempre, para vengarse de ese pobre pelafustán que no le queda otra que abandonarla, aunque la siga amando, pero quiere plata, quiere comprar cosas, quiere tener cosas, guardarlas. Quiere posición, es por eso que en mi Medea en vez de que la traición sea por una mujer, es una mina, una gran mina vagina en la mitad del desierto.

-¿Esta figura femenina que observamos en la película, con sus contradicciones, la moldeaste tú o trataste de serle fiel al mito? ¿Qué sensación te deja tras su acto de venganza?

Me gusta que Medea sea minera, y que mi película sea un producto minero. Me gusta que Medea vaya donde las mujeres mineras que están en la mitad de una faena en las profundidades de una “mina”, en donde los metales se hacen preciosos bajo tierra como una gran orgía femenina y mineral en las capas subterráneas de colores, cristales, sulfuros. Medea va a pedirles perdón, por haber sido un objeto de un hombre ‘por amor’, se da cuenta lo imbécil que fue ‘amando’.

Y les dice ‘mujeres mineras que saben que todo lo que se entiende de este mundo mirando las estrellas se comprueba excavado hacia el fondo de la tierra’. Y ahí Medea se yergue con un discurso feminista poderoso, en donde invita a las mujeres a amenazar a la raza masculina y les propone literalmente: ‘dejemos de parir, así va a empezar nuestra venganza’, les dice a las mineras que la escuchan y ven a esta mujer rara y fascinante.

Esta escena en la película está filmada en la mina Andacollita, primera faena minera realizada netamente por mujeres desde sus inicios. La dueña de la mina, Angélica Lemus, continúa explotando una mina de cuarzo, y en ese lugar total y absolutamente sagrado, filmamos, con la bendición de la comunidad originaria. No era llegar y ‘mira ponte acá, muévete para alla’. No. Esta película cuenta con escenarios reales y con contenidos simbólicos. La Casa de Sal, que es una casa en la mitad de una pequeña montaña costera, es un misterio ya que es una construcción de dos ambientes que seguramente sirvió de descanso a alguien.

-¿Cambió o añadió cosas este proceso a tu visión de la mujer? 

Yo soy mujer, tú eres mujeres, él es mujer, ella es mujer, nosotros somos mujeres, ellos son mujeres, vosotros sois mujeres. A mí me gusta mucho una cosa de Medea, que en vez de decir ‘yo soy tan peligrosa como un cuchillo’, ella se refiere a la estructura mineral del filo del mismo acero, y dice ‘soy obsidiana con aleación de cobre y nitrato y mi corte es más preciso que el acero del cuchillo’.