¿Un mundo sin agua? Lo que podría ser una escena de ciencia ficción, se está transformando en realidad para muchos países del globo. Chile está dentro de los 30 países con mayor riesgo hídrico al 2025, 76% de nuestra superficie está afectada por sequía, desertificación o suelo degradado, donde vive el 65% de la población nacional. En este contexto se ha mirado de cerca la experiencia de un pequeño país, una nación que logró transformar el desierto en vergel.

El agua está cobrando cada vez más importancia como factor de desarrollo humano y económico. Actualmente más de 750 millones de personas carecen de acceso al agua potable y casi dos millones fallecen cada año por razones relacionadas con este problema. El futuro no se vislumbra mejor, en 2030 la demanda de agua será un 40% mayor al actual por lo que no es de extrañar que se diga que el próximo conflicto planetario será por el agua.

Según la Organización Meteorológico Mundial en 2025 dos de cada tres personas en el planeta sufrirán restricciones en sus suministros de agua. Y según Naciones Unidas en 2050 uno de cada cuatro personas vivirá en un país con un problema crónico de agua.

El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, indicó que el “agua, la paz y la seguridad están inextricablemente unidas. Sin una gestión eficaz de nuestros recursos hídricos, corremos el riesgo de intensificar las disputas entre comunidades y sectores y aumentar las tensiones entre las naciones”. De hecho, en 2010, la Asamblea General de Naciones Unidas determinó el derecho al agua como un derecho humano, obligando a los estados a asegurar el acceso al agua para el consumo y saneamiento. También, el ex Presidente del Mundial, especialista en materia hídrica, Ismail Serageldin, declaró que “las guerras del siglo XXI serán por el agua”.

En este contexto, Israel es un caso de estudio para muchos países y también asesor en la materia. En 71 años pasó de ser un país asentado en el desierto del Neguev un lugar casi donde no hay rincones con sombra, el aire es tibio y el suelo es beige, casi blanco, lleno de piedras, sin flores o cualquier otra imagen de postal, a desarrollar en ese seco desierto, zonas verdes que parecen grandes oasis de viñas, mangos, naranjos, granadas, duraznos, entre otros.

La estrategia para florecer el desierto y transformarse en un referente mundial en término de agua, se basa en una triada virtuosa: reconversión de aguas servidas, desalinización del mar y educación en colegios. 100% de los estudiantes participan en campañas que promueven la protección del agua, 90% del agua doméstica se reutiliza para actividades agrícolas e industriales, 60% del consumo de agua potable corresponde a agua proveniente del mar, y se logra un 95% de efectividad por el uso de riego tecnificado por goteo. Con cinco plantas desalinizadoras, este país semidesértico ha logrado convertir el agua del mar Mediterráneo en potable, el que se utiliza para abastecer 75% de los hogares. El manejo del agua es tal de eficiencia que incluso, envía a otras naciones vecinas, como Egipto. Así también, ha comenzado a distribuir, especialmente en zonas afectadas por catástrofes naturales y en países en desarrollo con altos niveles de pobreza y escasez de agua potable, una innovadora máquina que permite obtener, hasta 6.000 litros de agua por día, del aire. Una tecnología única en el mundo que permiten la refrigeración y el calentamiento gradual de las corrientes de aire, para que tras su condensación se genere el agua.

Del 2014 a la fecha la población mundial se ha triplicado y el consumo de agua es seis veces mayor pero la cantidad disponible no ha cambiado.  La agricultura usa el 70% del consumo total del agua en el mundo dejando menos disponle las napas subterráneas. Para tener una idea se requieren 70 litros de agua para producir solo una manzana, 70 litros para una Palta, más de 15 mil para 1 kilo de carne y 5 litros para solo una almendra. Y ahí es donde la tecnología de regadío juega un rol fundamental para optimizar su uso.

En ese contexto, aparece Chile, donde existen recursos naturales para abastecer a la población, pero la cultura del cuidado y la tecnología pueden provocar una complicación mayor. Nuestro país es una de las potencias alimentarias del planeta, siendo la agricultura un motor fundamental de desarrollo.

Desde hace un par de años, Israel y Chile han venido generando alianzas muy importantes en materia de agua. Delegaciones de expertos han estado varias veces en el país capacitando en técnicas de regadío, uso eficiente del agua, sustentabilidad e innovación. Se han desarrollado seminarios, encuentros, capacitaciones, foros, charlas y conferencia, relación que tuvo su cúspide el año 2018 cuando una delegación chilena asistió en misión tecnológica a la Conferencia Agrícola Internacional “Agritech”. Fueron 45 personas- entre agricultores, empresarios, dirigentes gremiales, académicos, investigadores y profesionales de distintas regiones del país. Ya en octubre de 2017 se organizó el primer Foro bilateral sobre el Agua, al que asistieron 12 profesionales chilenos.

El uso racional del agua es tan fundamental porque la falta de ésta comienza con efectos sobre la agricultura, pero también puede alcanzar a la educación, la salud, la pobreza, y especialmente a las mujeres y niños. Por eso la alianza que existe entre ambos países es tan importante de fortalecer y mantener en el tiempo. Es una sinergia virtuosa en pos del desarrollo y el bienestar, tan estrecha que hace imperceptible los 17.000km que nos separan.