Boric concede esta entrevista en el Congreso, en una mañana nublada y convulsionada en Valparaíso (Admisión Justa, Reforma de Pensiones, Dobra Lusic) y, entre cigarro y cigarro, ahonda en este pensamiento recurrente para llegar al tema que lo convoca y le hace mucha ilusión: Convergencia Social, el nuevo partido dentro del Frente Amplio que nace de la fusión de Nueva Democracia, SOL, Izquierda Libertaria y Movimiento Autonomista, cuya misión es, “actualizar el discurso de manera de hablarle a quienes hoy día no ven en la política una solución a sus problemas cotidianos ni como una herramienta de transformación, asunto que, por lo tanto, propicia la aparición de figuras como Bolsonaro que dice este tipo de barbaridades y sus palabras hacen eco en un sector importante de la población”, afirma. Días después de esta entrevista, la diputada Gael Yeomans fue electa como la primera presidenta de Convergencia.

¿Cuál es el vacío que ha dejado la izquierda para que irrumpan esta clase de liderazgos?
-Un vacío que nosotros, como tradición política, hemos generado y que, como Frente Amplio aspiramos a llenar, pero todavía nos falta mucho de elaboración, de relato y de convocatoria para poder hablarle a la mayoría de Chile. Hoy, en Chile, el 60% de la gente que podía votar en la última elección no lo hizo, y si seguimos encerrados en trincheras identitarias, vamos a seguir hablándole a los convencidos de siempre, nos vamos a quedar sin posibilidad de incidir y eso es abrirle la puerta al populismo, al fascismo abiertamente, como el que representa Bolsonaro en Brasil.

¿Qué tan urgente es crear una alternativa de izquierda, progresista?
-La noticia de Bolsonaro me chocó mucho y la trato de llevar a la realidad chilena y reafirmo la convicción de que es urgente que reconstruyamos una propuesta de izquierda progresista en Chile. Esa es una de las principales inquietudes que tiene Convergencia y tiene que ver con la esperanza en la creación de un nuevo partido, en donde por fin hay un esfuerzo de terminar con la balcanización de los pequeños movimientos de izquierda para unirse en una sola fuerza con domicilio en el Frente Amplio, pero ya no a propósito de permanentes divisiones, sino de unión, lo que me parece es una muy buena señal.

Bolsonaro, Trump, Salvini, no son pequeños Big Bangs…
-No, no son casos aislados en la política mundial y por lo tanto, no hay que cometer el error, de tratarlos como excepciones ni que la respuesta sea desprestigiar a quienes los eligen.

Al despectivamente llamado “facho pobre”…
-Yo creo que ese discurso es tremendamente nocivo y falto de respeto con quienes votan por estas personas, porque hoy día, -en donde las fidelidades hacia un proyecto ideológico han disminuido sustantivamente-, si nuestro discurso sigue siendo hablarle a los convencidos de siempre, nos vamos a quedar en una trinchera muy chiquitita que no va a ser capaz de hacer transformaciones en Chile. Hay que dejar de mirar en menos a quienes optan por alternativas diferentes, porque ellos están votando por todo en lo que nosotros no hemos podido ofrecer respuestas. Yo no creo que todos quienes votaron por Piñera crean en un proyecto neoliberal persé, sino que más bien se sintieron representados por las propuestas que él dio en ciertas materias de crecimiento económico y seguridad, para las cuales la izquierda no tenía discurso. Entonces, ¿cómo llenamos ese vacío desde el progresismo, desde la izquierda? Es un desafío que tenemos pendiente y en curso en el Frente Amplio.

¿Qué representa la izquierda hoy y qué la diferencia de la izquierda tradicional? ¿Cómo podría ser una izquierda contemporánea?
-Primero, yo creo que lo primero es asumir que en Chile hubo un proceso de modernización capitalista que es innegable, que transformó profundamente la sociedad, que ya no estamos en la misma sociedad del siglo XX y que, por lo tanto, los discursos de la izquierda del siglo XX ya no se ajustan a la realidad actual. Digo esto sin desmerecer a los luchadores sociales del siglo XX, o sea, nosotros somos parte de una posta, nosotros no estamos inventando las cosas de cero y eso me interesa recalcarlo harto, porque muchas veces se acusa al Frente Amplio de creer que esto partió con nosotros, y no es así.

Que el mundo nació con ustedes…
-Sí, y yo no lo creo; insisto, tomamos una posta que viene desde muy atrás. De hecho, estoy tratando de escribir un libro que se llama, justamente, “Diálogos generacionales” para contribuir al debate de cómo nuestra generación se conecta en la historia de la izquierda chilena.

¿A qué posta te refieres? Hace poco Arriagada hablaba de la insolencia del Frente Amplio y ni mencionar las veces que se les ha enrostrado cierta superioridad moral y arrogancia; un abierto desprecio a la Concertación y la Nueva Mayoría.
-Es que yo creo que en eso hay dos cosas. Hay por un lado, una sorpresa e incapacidad por parte de la élite que gobernó Chile durante los últimos 30 años de asumir que pueden haber otros actores y que, por lo tanto, reaccionan como cuerpo ante propuestas que escapan del consenso al cual llegaron y en el que se desarrolló Chile. Al statu quo de 30 años, que son las AFP, el sistema segregado educacional, las isapres y todo lo que antes nadie cuestionaba y que hoy día hace que llegue una generación nueva, no sólo en términos etarios, sino que más bien política, que viene a decir que no hay dogmas irreversibles, que la sociedad la construyen humanos y por lo tanto, pueden cambiarla también.

Eso es una postura crítica, ¿dónde está la posta?
-Yo creo que uno de los problemas que tiene nuestra generación, y ahora sí hablo de la edad, es que no tuvo un diálogo inmediato con la generación que nos precedía, que es la generación de los 90 e incluso la generación de los 80. La política en Chile pasa del 73 a los 90, con básicamente los mismos nombres y de ahí hubo un taponaje hacia las generaciones intermedias y la irrupción de la nuestra, que es el 2006-2011. Me interesa retomar ese diálogo, o contribuir a iniciarlo, justamente con los actores que fueron protagónicos a fines de los 60-70, como también con quienes dieron la pelea contra la dictadura en los 80.

¿En qué consiste ese diálogo?
-Lo que nosotros tenemos es una crítica política, no moral, hacia lo que fue el pacto de la transición, en donde se conformó un discurso hegemónico en torno a los pilares del modelo, con matices, no digo que la derecha y la Concertación sean exactamente lo mismo, pero tenían un consenso en los pilares estructurales del sistema y nosotros somos críticos de eso. Ahora, eso no significa que no haya mucho de lo que tengamos que aprender… Y sería muy arrogante negar que durante toda esa época se hizo algo, o sea, es innegable de que la pobreza en Chile disminuyó, es innegable que la cobertura universitaria aumentó, es innegable que el PIB per cápita en Chile creció sustantivamente, en particular en comparación con otros países de la región. Ahora, la pregunta es a qué costo. Ahí nosotros tenemos una visión diferente de la que tuvo en su momento la Concertación o quienes fueron a visitar a Piñera hace poquito…

¿Por qué la foto del Cieplán visitando a Piñera les molestó tanto?
-Yo creo que esa foto representa una incomprensión del Chile que ellos mismos transformaron, o sea, es una foto de puros hombres terneados, de negro, en La Moneda, yendo a apoyar al Presidente Piñera a partir de una política que precariza, desde nuestra perspectiva, las condiciones de los trabajadores, en los días en que el ministro Monckeberg dice que los trabajadores se pueden levantar antes para poder llegar más temprano al trabajo… Tú hoy día no puedes, -y lo digo por convicción, no solamente por temor-, aparecer en una imagen de un gobierno de puros hombres técnicos expertos que vienen a legitimar una política pública y a decir, básicamente, que no tiene sentido cuestionarla. Yo creo que esa foto tiene dos errores principales: uno, el componente de género-clase, por un lado, y dos, el mensaje de que acá no hay diferencias ideológicas que justifiquen el rechazo a una propuesta como la de flexibilización laboral.

NI MEJORES NI PEORES

Ante la desconexión de la que hablabas y el desprestigio de la política, ¿cómo se explica que su postura en el Parlamento no es el rechazo por el rechazo, sino que hay una propuesta, que es una oposición constructiva?
-Se ha generado esta idea de que nosotros no estamos dispuestos a discutir…

La huelga legislativa, como dijo Rojas…
-El tema de pensiones no estaba en la agenda pública hasta el movimiento NO + AFP y las movilizaciones sociales. De hecho, el proyecto que presentó el gobierno pasado fue producto de las movilizaciones… Nosotros queremos discutir sobre pensiones, evidentemente. La votación no es una respuesta a la pregunta: ¿quieres discutir de pensiones o no? Es si estás de acuerdo con las ideas matrices de un proyecto particular que desde nuestra perspectiva fortalece las AFP y nosotros no estamos disponibles para seguir haciéndolo.

¿Cuál es la agenda de Convergencia?
-Una de las primeras cosas que nosotros debiéramos abordar es una agenda de saneamiento de la integridad de la política y por eso hoy día pareciera a contracorriente querer formar un nuevo partido político en tiempos donde la política está tan desprestigiada. Nosotros creemos profundamente en la política como herramienta de transformación social. Yo no creo que esto se resuelva con el “que se vayan todos, son todos lo mismo, son todos corruptos, no”. Acá hay gente que trabaja y gente que no, gente que es corrupta, que yo diría que son una minoría, pero una minoría importante, y gente que no. Y a nosotros lo que nos interesa es reivindicar la actividad política.

El Frente Amplio y liderazgos como el tuyo llegaron con esa promesa…
-Yo siento que hemos logrado mantener ciertas trincheras de resistencias éticas, personales y colectivas a no ser parte de lo que criiticábamos. Por ejemplo, ningún parlamentario del Frente Amplio se llevó un peso de empresas durante la campaña. Todos firmamos un compromiso de que no vamos a estar más de dos períodos en un cargo. La gran mayoría, sino todos los parlamentarios del Frente Amplio están en Fonasa y se atienden por sistema público. Hemos impulsado desde un comienzo un tema que es simbólico pero importante para recuperar parte del desprestigio de la política, que es la rebaja del sueldo de los parlamentarios, que no soluciona el tema de la desigualdad en Chile, pero sí la imagen de este lugar, eso sumado a que el sueldo de parlamentarios en Chile no tiene nada que ver con el estándar chileno y el estándar comparado de América Latina y el mundo. El proyecto que presentó Camila Vallejo de la reducción de jornada de 40 horas, que ahora se ve formando una bancada transversal de apoyo y que se va a votar dentro de un par de semanas en la Comisión de Trabajo, también es una muestra de que este nuevo impulso. No somos mejores ni peores, pero nosotros no vinimos sólo a legislar, vinimos a traer una voz que antes no entraba a este Congreso porque es demasiado hermético…

¿No son mejores ni peores?
-No se trata de hacer un juicio como desde la altura moral; creemos que tenemos diferencias respecto de cómo se entendía la política antes, que era una cuestión mucho más cerrada. Creo que sí hemos contribuido acá dentro del Congreso. También hemos cometido errores, eso no se puede desconocer.

¿Cuánto serviría el diálogo con generaciones anteriores que planteabas desde esta premisa?
-Yo me refiero a un diálogo, ojo, generacional, no necesariamente con la gente que está acá presente. O sea, a mí me interesa conversar con el legado de Julieta Kirkwood, con lo que significó Clotario Blest…

¿Y con Lagos, Frei, no sé, Cortázar?
-A mí me interesa la gente de izquierda; ni Cortázar ni Frei lo son, legítimamente. Con Lagos yo creo que es interesante tener una discusión.

¿Nunca han tenido una?
-Personalmente no, evidentemente sospecho que tenemos muchas diferencias… Pero creo que es interesante también ver qué fue lo que le pasó al socialismo chileno, por qué terminó transformándose en un administrador del modelo neoliberal. Entender esos procesos es fundamental para que nosotros llevemos adelante el propio, porque nosotros no partimos de cero, no vamos a inventar la rueda.

CONVERGENCIA SOCIAL

¿Cuál es el rol del Estado para Convergencia?
-Por lo pronto, un Estado que garantice derechos sociales universales a todas las personas por el solo hecho de ser ciudadanos, sin importar el tamaño de la billetera. Hay ciertas esferas de la justicia que tienen que estar por fuera de las lógicas del mercado, que es lo que el neoliberalismo no reconoce. El neoliberalismo se disfraza de normalidad. Alguien decía, no me acuerdo quién, que el neoliberalismo es un señor al cual no le gusta que lo llamen por su nombre. Y nosotros creemos que hay ciertas esferas de la sociedad que tienen que estar por fuera de las lógicas del mercado, como la educación, las pensiones, la vivienda y la salud. Aspirar a un Estado garante de derechos sociales universales es un proyecto que se contrapone con este gobierno de derecha. Yo creo que en eso podemos tener un nivel de acuerdo mayor, más grande que el Frente Amplio. Nosotros tenemos que consolidarnos como alternativa, pero el camino propio para siempre tampoco suma mayoría, eso también lo tengo claro. Eso no significa hablar de alianzas con la DC, porque lo llevan al tiro, a ese plano: “¿estás dispuesto hacer una alianza con la DC?”. Me interesa primero, poder tener una alianza con la gente que no vota, ésa es la primera alianza que a nosotros desde Convergencia Social nos interesa empujar. Nuestro primer objetivo es salir a hablarle a quienes hoy día no ven en la política una alternativa.

Cuando hablamos de esta nueva izquierda, ¿hablamos de socialismo?
-El socialismo es una palabra que también requiere resignificarse a los tiempos actuales. Algunos mencionan socialismo y quizás hay gente que todavía se imagina la Unión Soviética, y a mí no me interesa un lugar de partido único en donde no haya libertad de expresión y todo sea controlado por el Estado. Yo creo mucho en la sociedad civil y lo he visto, por ejemplo, en temas de infancia, donde la sociedad civil llegó mucho antes que el Estado. Sociedad civil no es lo mismo que los grandes empresarios y yo creo que hay una desviación a veces, en alguna izquierda, que asume que todo lo privado es malo. Sé que en eso nos vamos a demorar mucho tiempo, pero yo aspiro una sociedad sin clases. O sea, yo no creo en la idea de meritocracia, más bien creo que la idea de meritocracia que defiende la derecha en una sociedad tan desigual como la chilena, es falsa, es imposible, y por lo tanto, el problema de la desigualdad es un problema que no se aborda solamente desde el punto de vista de la pobreza, sino también desde la riqueza y ahí yo creo que hay una perspectiva más socialista si se quiere, en donde tenemos que acercar los dos extremos, no solamente pensar en políticas focalizadas para los pobres, sino también en pensar cómo a los que hoy día son los dueños del capital y cómo la riqueza se ha concentrado, cómo la desconcentramos y eso evidentemente genera resistencias muy grandes en un sector muy poderoso de la población.

¿Es viable?
-Para eso se requiere una alianza con las clases medias que se forjaron al calor de la modernización capitalista chilena, eso no podemos negarlo.

La clase media es la audiencia a la que el Presidente le habla…
-Dejamos que Piñera fuera, prácticamente, el único que hablara de clase media en la campaña. Y eso que fue un error, porque finalmente un pequeño empresario, que tiene 3-4-5 trabajadores, producto ya sea del discurso del miedo que instala Piñera o de nuestra falta de discurso, termina votando por la derecha siendo que no es una persona estructuralmente de derecha, sino que lo hace porque nosotros no fuimos capaces de ofrecer una alternativa. Cómo nosotros también nos preocupamos del crecimiento económico, pero de un crecimiento económico que distribuya la riqueza que los trabajadores generan, es un desafío que tenemos que abordar de manera urgente porque sino vamos a seguir perdiendo.

Bueno, Insulza decía que la izquierda tiene que volver a hablar de economía.
-Yo con eso estoy de acuerdo… No es plausible un proyecto político que no se haga cargo de los problemas económicos y del crecimiento de un país. El punto es quién crece cuando Chile crece. Mira, había una pregunta que se hacía un filósofo político, John Rawls, que sentenciaba que las desigualdades se justifican cuando éstas mejoran las condiciones de los menos privilegiados. ¿Cómo nosotros respondemos a eso? Esa es una pregunta que le pegó a la izquierda desde los 70 en adelante y que no hemos sido capaces de responder con claridad. Eso nos ha ido alejando progresivamente de las clases medias que han ido creciendo o han ido adquiriendo un estatus diferente al que tenían sus antepasados y que tienen mucho miedo de volver atrás. Entonces, qué es lo que digo yo como alternativa a eso: volvamos a preocuparnos de la vulnerabilidad. Chile es un país lleno de vulnerabilidades y ahí yo creo que, desde el régimen de lo público, se puede ofrecer una alternativa y esa alternativa tiene que ver con un Estado social garante de derechos universales y esas son propuestas muy concretas. Es fortalecer la educación pública. Es un seguro universal de salud, como lo planteamos en la campaña con Beatriz Sánchez, terminando con las isapres. Es, en materia de pensiones, el fin de las AFP para pasar a un ente administrador que sea público, sin fines de lucro, estatal pero autónomo, para que no haya zarpazos tampoco el fondo de pensiones. O sea, hay propuestas en torno a eso.

 

SOCIALDEMÓCRATAS Y REVOLUCIONARIOS

¿Qué falló en el Frente Amplio o qué necesidad hay para crear Convergencia?
-No es que haya fallado algo, es lo contrario, es que nos dimos cuenta que la balcanización de los proyectos de izquierda no sirve para construir mayoría. Si no eres capaz de explicarle las diferencias que tienes con tu compañero de al lado a tu propia familia, dices bueno, en verdad no hay diferencias, tienes los colores de la bandera distintos, pero no es que tengas una diferencia sustantiva más allá de la identidad que traes de la universidad, que no tiene expresión concreta en el Chile real. Entonces, yo diría que es más bien un proceso de maduración política y que, por lo tanto, es un proceso virtuoso.

¿Cuál es la diferencia de Convergencia, por ejemplo, con RD? ¿Está más a la izquierda?
-La política no es una cuestión lineal, pero yo diría que RD proviene de la mejor tradición socialdemócrata y lo digo porque siempre se usa esa palabra de manera insultante. Y por otro lado, quienes componen Convergencia Social provienen de la tradición de la izquierda revolucionaria chilena. Ahora, no somos ni mejores ni peores que el otro, somos muy complementarios y yo creo que ese complemento le da mucha fortaleza al Frente Amplio.

POR QUÉ HACEMOS LO QUE HACEMOS

¿Cuál es tu balance del primer año del Presidente?
-Me gustaría hacer una especificación en esto: hemos hablado mucho de los temas nacionales, pero en Magallanes, que es la región a la que represento, el año pasado fue un año perdido en términos de gobierno, o sea, el gobierno no tiene un plan para las regiones extremas, en particular para la región de Magallanes y eso se demostró en que en menos de un año hemos tenido tres intendentes y que hoy día faltan 240 mil millones de pesos para la continuidad de los proyectos de desarrollo en zonas extremas que hasta el momento no sabemos de dónde los van a sacar porque no lo han dicho. No han promulgado todavía todos los reglamentos que tienen que hacer para la creación de los gobernadores regionales y por lo tanto, en esa perspectiva, al gobierno en la perspectiva regional, en la perspectiva de descentralización al gobierno le ha faltado mucho.

¿Y en otros aspectos?
-Yo creo que ha sido un gobierno que ha intentado desmantelar las reformas del gobierno anterior, sin mayor éxito tampoco, que ha estado más preocupado de pelear con el gobierno anterior que de plantear un proyecto propio. Lo que sí destaco es el trabajo, no porque yo haya participado de él, sino porque lo veo andando, es el trabajo de la infancia, creo que eso es tremendamente importante.

¿Cómo lo lees?
-El gobierno no entiende que es minoría en el parlamento y que, por lo tanto, en vez de tratar de andar pirquineando votos, tiene que tratar de llegar a acuerdos que sean más sustantivos con la oposición. Mientras no entienda eso y se dedique a descalificar a los que piensan diferente a él, le va a ir como le está yendo. ¿Cuál es el legado del gobierno de Piñera hasta el momento? Yo no sabría decirte.

Aparte de lo de la infancia, ¿hay algo positivo que rescates? ¿La figura presidencial?
-No. Es una figura errática, impulsiva, que trata de estar en todos lados, que opaca a sus propios ministros.

Algo bueno tendrá…
-O sea, algo que es indiscutible es que, -volviendo a lo que hablábamos antes-, en su momento logró hablarle a un sector de Chile al que nosotros no lo hicimos, que es la clase media, y eso es algo de lo que tenemos que aprender.

El viaje a China y la situación de su hijo Cristóbal lo han dejado en mal pie…
-Yo creo que es la muestra más clara de que no hay meritocracia en Chile.

Para ponerlo en perspectiva ¿Crees que fue un acto de corrupción?
-No, no lo llamaría un acto de corrupción, sino que falta de conexión con la realidad, lo que evidentemente causa indignación en la mayoría de los chilenos que ve que no todos tienen las posibilidades que tienen los hijos del Presidente.

¿Cómo defines tu liderazgo?
-Yo diría que es un liderazgo que es capaz de dudar, que es algo que yo reivindico mucho en política. Un liderazgo que entiende que no es imprescindible y que por lo tanto, tiene que dar espacio al surgimiento de otros nuevos. A mí me tocó estar en un momento, sobre todo en el primer periodo, en donde con Giorgio estábamos más solitarios, pero que hoy día somos muchos más. Y un liderazgo que tiene, o yo por lo menos, tengo la intención de construir puentes con otras historias otras generaciones, para mí eso es muy importante, lo que te decía antes.

Tienes 33, la edad de Cristo…
-Tengo preguntas espirituales, por cierto, pero no me considero religioso.

¿Esas preguntas espirituales tienen que ver con el sentido de la existencia?
-Para mí es fundamental estar preguntándome permanentemente por qué hacemos lo que hacemos y no hacerlo automáticamente; el por qué hacemos lo que hacemos tiene que tener una pregunta trascendente no en lo personal, sino en lo colectivo… No se trata de cuál es el legado que yo voy a dejar en este mundo, sino en hacia dónde vamos como humanidad y yo creo que la política busca dar una respuesta a eso dentro del mundo material, no creo en otro mundo después de éste. Entonces, quiero tratar de que la vida sea lo mejor posible en el tiempo que pasemos acá, para todos, no solamente para mí o mis cercanos.

A partir de tu experiencia pusiste el tema de las enfermedades mentales en la agenda. Esta cosa de levantarse y acostarse con una mochila así, sumado a tu exposición y trabajo político, hace que la vida sea menos placentera y más forzosa.
-Sí, la política no es lo que… No la definiría como lo que me hace feliz, sino lo que me hace sentido y por lo tanto, mis espacios de felicidad más pura están en compartir con mis amigos, la lectura, en la música, en la familia.

¿Cómo manejaste el bullying?
-Eso ha sido permanente, no solo a propósito de este tema en particular.

¿Cuál es el bullying más recurrente hacia tu persona?
-En su momento tenía que ver con mi físico… También comunista de mierda. Guatón tal por cual. Seboso. Y obvio que me afecta, siempre… Uno no es indemne al juicio permanente y eso es un costo de tener este nivel de exposición.

No ayuda con la paz mental.
-No, todo lo contrario.

¿Entonces por qué?
-¿Por qué sigo acá?

No sé, por qué uno hace lo que hace…
-Porque creo que se puede cambiar Chile, estoy convencido de que es posible tener un Chile más justo.

Pese a que te dañe en algún aspecto…
-Sin tener vocación de mártir. O sea, uno tiene que saber poner límites, y con mi equipo hemos desarrollado maneras de autocuidado para cuidarnos y querernos más. Respetar las horas de sueño, comer más sano, hacer deporte.

¿Aprendiste de los errores?
-Sí, obvio y ha sido un aprendizaje duro pero que me ha ayudado mucho a madurar. Yo diría que este año, a partir de la experiencia de los últimos seis años, pero en particular del año pasado, soy una persona más madura.

¿Lo de Salamanca te pegó mucho?
-Fue un momento muy difícil.

¿Y cómo lo abordaste?
-Reflexionando mucho respecto de la responsabilidad de mis actos. Pero no fue sólo eso, no es solo Salamanca, sino fue una revisión profunda de los principios morales que guían mí actuar tanto en lo público como en lo privado. Ha sido súper difícil, pero he crecido mucho en ese proceso.

Ya, terminemos. Pide un deseo.
-Que seamos capaces de construir unidad y generosidad en el Frente Amplio para construir un Chile mejor. Lo deseo profundamente.