Luis Mella, alcalde de Quillota y cómo atacar la esencia del neoliberalismo buscando la felicidad: Menos competencia, más colaboración

Luis Mella, alcalde de Quillota y cómo atacar la esencia del neoliberalismo buscando la felicidad: Menos competencia, más colaboración

Hace 15 años el edil de Quillota se prometió lograr la felicidad de los habitantes de su comuna. Varios políticos lo acusaron de asistencialista e incluso lo trataron de loco. Lo cierto es que desde el año 1992 es alcalde de una de las comunas más pobres de Chile y con sólo 158 mil pesos por habitante al año ha logrado instalar un hospital y centros comunitarios que ponen en un lugar protagónico a sus vecinos. ¿Quién es este alcalde y qué puede aportar su experiencia en medio del estallido social? ¿Cuál es su opinión sobre esta crisis y hacia dónde debe apuntar el cambio? Acá sus reflexiones.

Luis Mella (58), además de ser alcalde es médico en el Hospital Municipal de Quillota, comuna que lidera de manera ininterrumpida hace 27 años. Tras asumir su segunda gestión, hizo una consulta ciudadana y le pidió los vecinos que dijeran cuáles eran sus necesidades básicas. La respuesta requería de un alto presupuesto pero era categórica: más plazas, más canchas y agrandar las viviendas. Al término de ese mandato había cumplido con todo, sin embargo, algo seguía mal. Los altos índices de cesantía, adicciones y violencia intrafamiliar lo corroboraban. 

En ese momento se obsesionó con una idea: la felicidad de los quillotanos. Pero, ¿en qué consistía eso concretamente? Le preguntó al profesor Humberto Maturana, con quien trabajó durante seis meses. Él le dio algunas claves para entender las necesidades de sus ciudadanos: ser vistos, identificar sus dolores y trabajar en comunidad. Ahí entendió que nada iba a cambiar si no ponía el foco en las personas. Así se lo propuso. 

En julio de este año fue elegido por cuarta vez en cinco años -y tercera consecutiva- como la autoridad política mejor evaluada de la Región de Valparaíso, a partir de los resultados de la 5° Encuesta de Opinión Política, desarrollada por la Fundación P!ensa y Adimark. No solo eso: en la última elección ganó con el 74% de los votos contra 18% de su contrincante más cercano. “Nadie podrá negar que es una voluntad popular”, dice.

Al momento de esta entrevista, el alcalde venía saliendo de una entrevista en el matinal Buenos Días de TVN, donde junto a otros dirigentes sociales y cientistas políticos, intentaron dar algunas luces sobre la crisis social y política que atraviesa el país desde el pasado 18 de octubre. Estaba ahí por ser un alcalde atípico, un político que habló de la felicidad de sus habitantes mucho antes de que se volviera una urgencia nacional. 

¿Cómo describe el estallido social?

No me sorprende. Desde Quillota hace mucho tiempo que estamos luchando por incorporar ciertos conceptos a la política que tienen que ver con mayor justicia social, con ver al otro, con identificarnos con el dolor humano y comprometernos con la felicidad del ser humano. Lo hicimos pensando en que hoy día el modelo económico imperante nos lleva a que, incluso, la misión sea vista de una manera distinta a la que todos aspiramos. 

¿A qué se refiere?

-La misión de los municipios hoy día es mejorar calidad de vida. Y en el modelo imperante, la gente liga la calidad de vida solo a lo material. Y en ese camino se fue perdiendo espiritualidad, el sentido de vida, el sentido de la justicia y por eso nosotros quisimos poner como misión la felicidad del ser humano. Y lo hicimos hace 15 años, cuando nadie hablaba de esto. Y lo hicimos pensando en que había mucho por hacer y donde primero era necesario poder identificar los dolores humanos. 

¿Cómo lograron identificar cuáles eran esos dolores colectivos?

-Trabajamos durante seis meses con el profesor Humberto Maturana y él nos aclaró muchas cosas. Nos dijo que la principal necesidad que tiene toda persona es que la vean. Y uno rápidamente piensa la crisis que estamos viviendo es por un mundo político que no fue capaz de ver al ser humano. Segundo, el profesor Maturana nos decía: “el ser humano se mueve por la emoción y no por la razón”. Obvio, no lo vimos, la emoción que produce la injusticia es rabia, desamparo y surge la manifestación, que es lógico. Por eso decía que no me sorprende lo que está pasando, porque lo veía venir. 

¿Cómo se aplicó este cambio de paradigma en Quillota?

-Con el profesor Maturana llegamos a la conclusión de que había que hacer una transformación cultural que se basara en pasar de la competencia a la colaboración. La competencia extrema produce malestar. La colaboración produce bienestar. Y el ser humano está más programado para colaborar que para competir. Si uno lo mira en profundidad esto es atacar la esencia del modelo neoliberal, un modelo que nos llama a la competencia, a la individualidad. Nuestra propuesta es desarrollar un modelo que nos lleve a la cooperación, a lo colectivo. 

Y en lo concreto, ¿en qué se tradujo eso?

-A propósito de la gran diferencia y la gran inequidad territorial que tiene Chile, quiero aclarar que la municipalidad de Quillota tiene solo 158 mil pesos por habitante al año. En Chile hay municipios que trabajan hasta con $2.400.000 por habitante al año, para que veas la relación. Por lo tanto, lo que quiero decir con esto, es que los recursos económicos son muy importantes, pero no es lo más importante. Lo más importante es la voluntad política. Entonces, ¿qué hemos hecho hasta ahora? Hemos identificado dolores en nuestra comunidad. Primer dolor: el dolor de una madre que va a la alcaldía y llorando me dice: “alcalde, doctor, mi hijo está metido en la droga, ya no hay qué hacer. No llega en la noche, no sé si un día me van a avisar que murió”. Ese es un dolor humano, que se repite en todo Chile. Nosotros podríamos haber dicho: “llévelo al hospital psiquiátrico”. La teoría dice que hay que hospitalizarlo en un hospital psiquiátrico para poder sacarlo de la situación en que está o rehabilitarlo. Pero en Chile no hay recursos para salud mental, no hay cupos, no hay nada. Y nos atrevimos a crear un centro de desintoxicación y rehabilitación. Y hoy día tenemos un centro precioso, con quince jóvenes que se están rehabilitando y el joven que era drogadicto, que era delincuente, empieza a salir de ese lugar. Ahí hay un dolor que se mitiga con una obra concreta de un municipio pobre. Segundo dolor: me visita en mi consulta una niña con su mamá. La mamá es asesora del hogar y la niña, una ingeniero comercial recién titulada. La mamá me dice: “traigo a mi hija porque está depresiva, no sale de su pieza. Hace cuatro meses que se tituló de ingeniero comercial en la Universidad Santa María y ha salido a buscar trabajo y no encuentra. Lo que más me duele, es que le piden experiencia y cómo va a tener experiencia si recién se tituló”. Además me dice una segunda frase que es clave para nuestro proyecto: “Yo soy asesora del hogar, no tengo contactos”. Y nos dimos cuenta que el 70% de los jóvenes que están saliendo profesionales, son primera generación de estudiantes y no tienen contactos. 

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¿Qué hizo frente a ese dolor?

-Se nos ocurrió algo súper simple: construimos el Plan de Profesionales Jóvenes. Contratamos de mayo a diciembre a profesionales de todas las áreas por media jornada -básicamente porque tenemos pocos recursos-. Así les damos las dos cosas que les faltan: experiencia laboral y contactos. Ahí tienes un proyecto que si fuéramos un país más sensible socialmente, más humano, podría salir. 

¿Nunca se lo presentó a algún ministro o parlamentario?

-Se lo llevé a tres ministros del Trabajo, de distintos gobiernos. Me tocaron la espalda y me dijeron: “Qué lindo el proyecto, alcalde”. Unos pusieron encargados para que lo evaluaran pero nunca se transformó en política pública. Cuando para el Estado chileno hubiese costado una miseria. Además habría generado oportunidades para jóvenes profesionales y habría generado desarrollo para comunidades pobres, porque estos profesionales podrían servir a sus propias comunidades. Murió ahí el proyecto. Solo lo tiene Quillota y lo seguimos haciendo con la espalda municipal y nada más.

Que los políticos ignoren una idea que mejora la calidad de vida de las personas es, en parte, lo que nos tiene tan indignados.

-Mi diagnóstico es que lo que está pasando en Chile hoy día, es la respuesta fuerte de una sociedad que se sintió no vista, se sintió abusada, se sintió discriminada y que vio un país con una distribución de los recursos absolutamente vergonzosa. Pero, también entiendo que llegó el momento de buscar soluciones y no soluciones violentas, porque con la misma fuerza que hablo de esta innovación social, hablo que esto tiene que ser pacífico. Y, desde ese punto de vista, hace una semana, empezamos a denunciar y también a proponer. Por ejemplo, hace días grabé un video que se anduvo viralizando, donde denuncié el tema de los medicamentos. Tú sabes que yo he tenido, al frente mío, abuelitas que gracias a la farmacia comunal, una receta que le salía 80 mil, la sacan por 8 mil y, por lo tanto, le ahorré 72 mil. Y el gobierno está ofreciendo un reajuste de la pensión básica de 25 mil, o sea, con la sola existencia de la farmacia comunal, yo le ahorro casi tres veces lo que hoy día el gobierno ofrece como solución para los pensionados o cinco veces un subsidio único familiar, que es de 12 mil. Y se hace con una medida humanizadora, como es la farmacia comunal. 

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Uno de los responsables principales de toda esta crisis es la clase política, la gente que está en el Congreso, la gente que está en el gobierno. 

Esto se le dijo muchas veces a las autoridades, los alcaldes lo dijimos. O sea, yo puedo enfrentar a autoridades de gobierno, de este gobierno y de otros gobiernos, diciéndole que nosotros le planteamos esto. ¿Tú sabes que muchos ministros y autoridades visitaron la casa de acogida, o la clínica municipal, y se emocionaron? Algunos lloraron y al salir me dijeron: “qué maravilloso, alcalde”. Pero nunca llegó una ayuda y esto sigue financiándose con fondos municipales. Y yo trato de entenderlo, vuelven a la vorágine del poder, donde hay otras prioridades. Y ahí es donde se pierde la relación entre el mundo político y la gente. Entonces, un segundo gran esfuerzo que hay que hacer, creo yo, es fortalecer los gobiernos locales, pero el mundo político nos ha tenido relegados y lo digo con mucha responsabilidad. En todo nos ha tenido relegados. 

¿A qué lo atribuye usted? 

-Conversamos con nuestros parlamentarios y nos encuentran la razón, nos dicen que nos van a ayudar, pero todo muere ahí. Cuántas veces hemos pedido más recursos para las municipalidades. ¿Por qué han salido tantos alcaldes que no se les nota qué color político tienen, qué camiseta tienen? Eso es porque defienden a la gente y porque nosotros vivimos todos los días con el dolor humano. Imagínate, Quillota tiene 158 mil pesos por habitante al año y tiene clínica municipal, tiene un banco solidario, tiene el programa Oportunidades para la vida, tiene Profesionales jóvenes, tiene una farmacia comunal y tiene dos hogares de abuelitos municipales. Con 158 mil pesos por habitante al año. ¿Sabes lo que significa que tuviéramos el doble? Tendría 16 mil millones más. ¿Sabes cuánto nos cuenta a nosotros toda esta innovación social que estamos haciendo? Mil millones. Tendría 16 veces más para seguir innovando, para aumentar cobertura, para seguir creando. Pero, ¿sabes lo que tengo hoy día? Una deuda de mil millones, que es justamente el precio que hemos pagado por la innovación social que hemos hecho. Y por eso pido también que nos escuchen más a los alcaldes cuando se trate de buscar soluciones. 

Da la sensación de que el gesto a las municipalidades tampoco ha sido claro. El presidente Piñera habló de que iba a mejorar el fondo común pero no dijo cómo ni cuánto.

-Exacto, no parte diciendo me voy a poner con cuatro veces lo que me pongo o voy a pedirle a los municipios más ricos que aporten para los más pobres y con eso no solo me refiero a Santiago, Vitacura o Las Condes. En la misma quinta región hay municipios que trabajan con 2.400.000. Y los municipios que trabajan con ese presupuesto millonario tienen más pobreza que la que tiene Quillota, que trabaja con 158 mil per cápita. Entonces, a partir de esto, y planteando una crítica directa al gobierno, si no cambia la mentalidad de los políticos que dirigen, esto no se va a solucionar. Y para cambiar la mentalidad de la política, necesitamos una transformación de verdad.

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¿Usted está a favor de una nueva Constitución?

-Hasta hace algunos años el tema no lo trataba, se lo escuchaba solo a la gente de izquierda y no me parecía. Pero hoy día, desde mi experiencia, desde lo que he evaluado, meditado y reflexionado, llego a la conclusión de que este Chile mejor, más solidario, más humano, de todos y para todos, va a tener un techo que lo hace imposible con la Constitución que hoy día tenemos. Porque hay que partir por reconocer y por ponernos de acuerdo cuál es el objetivo por el cual vamos a crear una Constitución y qué va a decir la Constitución, que es el objetivo del Estado chileno. 

¿Esa Constitución debería garantizar la felicidad?

Estaría feliz que el Estado de Chile se atreviera a poner en el punto número uno de su nueva Constitución, que busca la felicidad del ser humano. Porque la felicidad no es compatible con una Constitución que avala el modelo neoliberal y con una forma de gobierno que privilegia la competencia antes que la colaboración. No hay cabida para el egoísmo, el materialismo extremo, el individualismo, menos la usura, menos el pensar que el chorreo resuelve todo. Imagínate: este Gobierno fijó como el gran objetivo el crecimiento económico. Y hay muchos gráficos en el mundo que comparan el crecimiento económico versus felicidad y hasta un punto van parejos, pero después el crecimiento económico se va para arriba y la felicidad empieza a bajar. Ese gráfico es maravilloso, porque nos demuestra a todos que, llegado el momento en que tenemos lo básico, en que tenemos un nivel de vida, lo importante es compartir. Y en ese escenario, el chorreo no sirve ni vale ni es la solución, porque el chorreo lo que hace es hacer crecer y crecer la desigualdad: mientras yo más crezca, lo que me sobra es lo que le queda al resto. Y ese problema de distribución en Chile es el que nos tiene así.

Esta movilización ha tenido de todo.  Por un lado está la violencia ejercida por el Estado y la ciudadanía, y por otro ha permitido que las comunidades se reencuentren con los vecinos. ¿Cómo observa usted todo esto que está pasando?

-Yo condeno todo tipo de violencia. Condeno la violencia de los vándalos, de los que destruyen a microempresarios, de los que creen que destruyendo se logra cambiar el mundo. Y condeno la violencia de los agentes que están encargados de mantener el orden, las violaciones a los Derechos Humanos. Pero, ¿dónde veo la oportunidad? Que el 99% de personas que salen a la calle a pedir por un Chile mejor se han encontrado con otros. Por eso creo que las marchas siguen y van a seguir, y quien crea que con dos o tres maquillajes las movilizaciones van a parar, está equivocado. Para que paren las marchas, se necesita que se pongan de acuerdo los líderes, que planteen soluciones de fondo, no parches y que aprovechen la fuerza de una sociedad que se encuentra, para que juntos tengamos una nueva Constitución, participativa y ciudadana, abierta a todos. 

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¿Cuál cree usted que debiera ser el objetivo real de un gobernante?

-Es calidad de vida como lo está entendiendo hoy la gente, que no tiene nada que ver con el modelo económico o con lo material.

Me imagino que colegas suyos cuando usted se puso hablar de la felicidad lo acusaron de hablar pescadas, cosas livianas…

Me trataron hasta de loco. Lo que pasa es que desde hace algunos años ese pensamiento ha ido cambiando. Cuando yo invitaba a colegas alcaldes, hablábamos por más de dos horas. Me decían: “Por Dios que me hace sentido lo que estamos hablando”, y lo que nosotros hablamos es sentido común, es humanismo. Porque la felicidad no depende del tener, depende del ser. Por eso es que yo fundamento la necesidad de una nueva Constitución que mire al fondo porque si no todo va a ser un barniz. 

Han aparecido cabildos espontáneos y autogestionados, la gente se ha reunido, la experiencia colectiva se ha fortalecido con todo lo que ha pasado.

-Sin duda que sí, las corrientes cooperativistas, solidarias, comunitarias van a empezar a renacer. Pero para que eso renazca, para que haya verdadera colaboración, hay que recuperar la confianza en el otro.

¿Y cómo recuperan esa confianza perdida los políticos? 

 –Con ejemplo de vida, con la práctica.

¿Por qué creerles ahora?

-Los alcaldes tenemos que ser coherentes con el mensaje y con lo que hacemos en la ciudad. Yo solo puedo hablar de mi experiencia porque es la única que conozco con total verdad: Yo soy director de la clínica municipal y atiendo a las personas enfermas de mi comuna. Yo estoy atento a la ambulancia cuando a las doce de la noche un sábado o domingo tienen que ir a buscar una persona enferma. Yo soy el que atiende el teléfono. Yo voy los sábados y domingos, que es mi tiempo de descanso, a atender a los 25 pacientes que tenemos en la casa de acogida. ¿Cómo partió esto? Con el liderazgo de quien manda. Entonces si tú vas a decir construyamos un mundo más solidario pero tú como autoridad no vas a ser capaz de ayudar a tu vecino o de estar al lado de quien te necesita, no sirve. Dar el ejemplo no es algo que haga solo yo, lo hacen muchos alcaldes en Chile. No hay mejor forma de provocar un cambio que teniendo líderes que sean coherentes. 

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Pero que prediquen con el ejemplo es lo mínimo, no debería ser excepcional.

-Es que creo que hay que dar señales claras. Por ejemplo, el parlamento no puede seguir un día más con la conciencia intranquila de saber que ganan veinte, treinta o cuarenta veces el sueldo mínimo y que además reciben un viático por ir a trabajar. El otro día escuchaba a un parlamentario que dijo: “es que yo necesito un hotel digno. Y un hotel digno vale mínimo 55 mil pesos”. Siendo que nosotros tenemos un albergue municipal donde pagan luquita por ponerse en una cama. Entonces, todos tenemos que cambiar. Yo también tengo que mejorar muchas cosas y ser más coherente con este mensaje. Y yo creo que se puede. Cuando a mí me han invitado al extranjero a hablar estos temas ¿sabes qué me dicen? Que yo no hablo desde la teoría, porque yo muestro y hablo de nuestros ejemplos en el municipio. Hablo de nuestro proyecto “Oportunidades para la vida” , “Profesionales jóvenes” o “Banca Amor” y mostrarlos es decir que sí es posible.

¿Y qué es lo que necesita para que Quillota se desarrolle, alcalde?  

-Yo necesito más recursos económicos para multiplicar lo que estamos haciendo. Por ejemplo, mira, de los jóvenes que estamos rehabilitando de alcohol y drogas, cuando completan los seis meses, ¿sabes lo que me dicen? “Doctor, no me dé de alta, no quiero volver a la población, porque voy a caer”. Entonces, ¿qué hago ante eso? No les puedo decir eso no es problema mío. ¿Y sabes lo que vamos a hacer ahora? Vamos a arrendar una casa para ese y otros cabros que aprendieron a vivir en comunidad mientras se rehabilitaban. Con esto, el primer empujón lo va dar la muni. Pero ellos van a pagar desde el segundo mes el arriendo y van a salir a trabajar, porque la casa tiene un negocio. ¿Cuánto cuesta hacer eso? No cuesta tanto. Hay que sacarse de la cabeza esa frase “no es problema mío”. Nunca un político debe decir: “no es problema mío”. Lo que le pasa a la gente es problema de los políticos. Entonces tenemos que hacer algo y se puede hacer algo. Quillota ha demostrado innovaciones con 158 mil pesos por habitante al año. ¿Tú sabes que Quillota es la tercera ciudad más pobre de la Quinta Región? ¿Y que estamos entre las veinte municipalidades más pobres de Chile? Si nosotros, que somos pobres, lo podemos hacer, cuánto más podrán hacer las municipalidades que trabajan con un millón, millón y medio o dos millones. 

Farmacias BAN Amor

Entonces, no es un tema solo de dinero…

No. Los recursos importan, pero más importante es la voluntad política. Entonces, cuando los ministros de Hacienda salen hablando de los “equilibrios macroeconómicos”, no entienden, no le hablan a la gente. Una de mis propuestas es que se incorpore al per cápita de la salud primaria un ítem para farmacias populares y que no tengan miedo ideológico. Yo soy demócrata cristiano y conocí a Daniel Jadue cuando fue candidato por mi zona. ¿Tú crees que cuando apareció con la idea de la farmacia popular yo dije: “ay, un alcalde comunista”? Para nada. Le agradecí y siempre lo voy a hacer.

¿Usted quiere seguir siendo alcalde?

-Yo quiero seguir siendo alcalde de Quillota. No tengo ningún afán de seguir hacia arriba, de ocupar otros cargos, nada. Si me preguntas a mí, mi sueño es demostrar desde Quillota, que se puede. Nos queda mucho todavía, hay gente que no me quiere de derecha y de izquierda. Hay gente que cree que yo soy tibio, gente que cree que yo soy asistencialista y creo que no soy para nada asistencialista. Hay gente que me pide que Quillota esté perfecto, sin hoyos en las calles, sin rayados, sin nada. Pero con 158 mil pesos por habitante al año y manteniendo clínicas municipales y todo lo que te acabo de mencionar, no puedo. Nosotros sabemos para dónde vamos. Y nos vamos a someter a la democracia, y si la gente ya no quiere al alcalde Mella, ningún problema, yo me voy feliz porque al menos sé que lo intenté.

Comentarios
Sabía ud que... JOAQUÍN LAVÍN JR PASÓ DE SER UN ENTUSIASTA A UN ENTUSIESTA. -------------------------------- Sabía ud que... LA CONVENCIÓN DE IMANES SE REALIZARÁ EN UN PARQUE DE ATRACCIONES. -------------------------------- Sabía ud que... NO SOY NI DEL SEXO DÉBIL NI DEL SEXO FUERTE, SOY DEL “SEXO, POR FAVORCITO”. -------------------------------- Sabía ud que... A VECES CANTO ODAS, OTRAS VECES SOLO ALGUNOS MINUTOS. -------------------------------- Sabía ud que... LO QUE BUSCAS ESTÁ EN TI… O DEBAJO DE LA CAMA. --------------------------------