Crónica desde la segunda línea: una mirada al millón de Plaza Dignidad

Agencia UNO

Crónica desde la segunda línea: una mirada al millón de Plaza Dignidad

Tras la primera línea hay cuadras y cuadras de gente congregada que ocupa el espacio público sin autorización ni partidos que los reúnan. Un vistazo general a la situación cercana a la Plaza de la Dignidad permite distinguir que una persona salta sobre el enrejado de la calle y junto a otros manifestantes logran botarlo haciendo vaivenes, tirones y empujones coordinados a las un, dos y tres. Alguien separa un fierro con forma de letra “L”, una encapuchada utiliza el fierro como una herramienta y comienza a sacar la tierra bajo los pastelones de la vereda. Cuando hay un vacío bajo la acera, toma un trozo grande de pavimento y lo arroja sobre el que ha estado trabajando. Demora pero cede. Hay más de 30°C, se limpia el sudor de la frente y ayuda a partir el pastelón. Se acerca otra encapuchada trayendo un saco de papas vacío que comienza a llenar con piedras. Como algunas son muy grandes para ser arrojadas, saca un martillo de su mochila y pica las rocas. Están destruyendo para construir un nuevo Chile, defienden. Es la acción de la segunda línea

-Cabros, hagamos una cadena, armemos la barricada- dice alguien. 

Y los presentes le prestan todas sus manos a la tarea, acarreando los adoquines desde un edificio en obras hacia la Alameda, instalando una construcción transitoria que busca impedir el avance de los carros policiales. Una hilera enorme de manifestantes pasa de mano en mano las piedras y logran una altura de 40 centímetros. ¿Es por resistir o simplemente por hacer algo más que tomar el sol? Como sea, los mantiene ocupados y les da sensación de pertenencia, de que ese día hicieron algo más grande que ellos mismos. 

Foto: Agencia UNO

Miran de frente la dificultad que tiene el carro lanza aguas para atravesar esa frontera de resistencia urbana, parece que se va a voltear con tanta sacudida. Algunos aprovechan la tardanza para apedrear el vehículo, otros usan el tiempo para alejarse de los chorros ácidos que dispara carabineros. Alguien es cubierto por el rocío del chorro y enfrenta serios problemas para respirar, hace arcadas y trata de alejarse a ciegas. Se acerca una persona disfrazada de caballero medieval, que le arroja agua con bicarbonato con un rociador, lo aleja de los químicos. Avanza el carro y ambos vuelven a su posición inicial. 

A unas cuadras de distancia se reúne gente, un grupo de tres mujeres en overoles y encapuchadas aprovechan la conglomeración para realizar una tarea subversiva. Identifican el muro y se ponen manos a la obra. La primera arroja el engrudo con una botella, la segunda pasa un escobillón por la superficie, la tercera posiciona el afiche y de nuevo, la del escobillón repasa con pegamento. El bombazo gráfico ha impactado en las retinas de los transeúntes, el rostro serigrafiado de Camilo Catrillanca llama a recordar que las violaciones a los Derechos Humanos no comenzaron en octubre. Avanzan, encuentran otro muro con espacio disponible, repiten la dinámica.

Foto: Agencia UNO

Un grupo de personas con el cuerpo pintado de blanco camina por la calle arrastrando cadenas, avanzan lento. Tienen el borde de los ojos pintado de rojo. La gente les toma fotos, comparte la acción del colectivo artístico en sus redes sociales. Otro que anda con disfraz es un manifestante que viste una túnica negra con nubes rojas, la vestimenta de los villanos del grupo anti gobierno Akatsuki, de la serie Naruto. Se definen a sí mismos como otakus antifascistas y han asistido a cada convocatoria ataviados como un miembro de los Acabsuki, una organización “peligrosa e implacable” que baila ritmos k-pop en las protestas. A su lado pasa un niño de unos diez años, encapuchado, recogiendo botellas de vidrio que guarda en su mochila, llena el bolso y las acerca a la primera línea. Las deja en el suelo. Otro encapuchado recoge algunas y las rellena con la mezcla de bencina y parafina conocida como cóctel molotov. Pero no hay tiempo de usarlas, comienza una nueva ofensiva policial. Ambas calzadas de la avenida son ocupadas por fuerzas especiales que avanzan a pie, precedidas por un rociado de gases lacrimógenos expelidos por un carro. Más de cuarenta agentes policiales avanzan con un escudo en una mano y una luma en la otra. Todo es registrado por el lente de un fotógrafo, que permanece a los pies de una palmera del bandejón de la Alameda mientras a su lado caminan los policías. Le tirita una pierna mientras fotografía la avanzada, pero no abandona su puesto.  

Una señora de cuarenta años se acerca caminando con una bolsa en su mano a la primera línea. Pero escucha los disparos y se detiene. Queda a punto de doblar la esquina, al lado de siete personas que están rompiendo el pavimento. Saca la mano de su bolsa y empieza a ofrecer panes con queso envueltos en servilletas. “Guárdelos para después”, les dice a los que le responden que ya comieron. En la vereda de enfrente un hombre reparte una bolsa de cien caramelos, uno por uno, su manera de protestar es regalar una sonrisa de apoyo a las decenas de manifestantes. Hace calor, un señor que está sin polera en medio de la multitud quiere seguir cantando, pero tiene la garganta seca. Grita y hondea la polera, y sigue cantando, hasta que pasa un vendedor de cerveza y le compra una, le da un par de largos sorbos y ofrece el resto de la lata a los que están picando el pavimento. Llega alguien con sacos, el hombre compra otra cerveza y se la pasa. Compra otra más y parte a la primera línea preguntando quién quiere una chela. Nadie le responde, todos están ocupados.

Foto: Agencia UNO

Unas cuadras más allá una pareja termina de comer sus hamburguesas de soya y empiezan a revisar la carga de los láseres astronómicos que han usado para protestar. Ella cambia una pila y guarda la usada en el bolsillo de la mochila de su pololo. Avanzan. Cantan. Apuntan hacia un guanaco que moja a la primera línea a poco menos de una cuadra de distancia. Comienza a atardecer y puede seguir el trayecto verde de su láser hasta el parabrisas del carro lanza agua. Desde varias direcciones le apuntan al vehículo, a los carabineros a pie, a los carros lanza gases que comienzan a posicionarse. Son por lo menos treinta láseres en esa esquina. Ciegan a los agentes pero ellos –siguiendo o no el protocolo- disparan igual. Vuelan las lacrimógenas, se escucha el sonido rasante de los perdigones. Corren, se reagrupan, vuelven a la intersección tras la pasada del carro. La mujer ve a un joven recogiendo piedras para llevar al frente, le dice “toma, toma”, metiendo la mano en la mochila y pasándole varias pilas D –las más gruesas- y pidiéndole que se las entregue a manifestantes con hondas o tirachinas. “¿Tiene más?”, pregunta el encapuchado, y la pareja le entrega la veintena de baterías que pudieron juntar. Él parte a distribuir municiones, cuando va pasando por la esquina su vista se detiene en una manifestante herida. La llevan entre un paramédico y un encapuchado, ella sangra profusamente de un ojo y trata de taparse la herida para disminuir el dolor. “No puedo ver”, grita y comienza a llorar, mientras la cargan en brazos. “No quiero quedar ciega”, dice en un desgarro de llanto. Le fallan las piernas y hace movimientos erráticos que obligan a sus asistentes a contenerla con más esfuerzo. Ella se aferra al brazo del doctor y le repite: “no quiero quedar ciega”. Llegan al centro de atención de la Cruz Roja en esa esquina. Al minuto sale otro paramédico a sentarse en el suelo al lado de la entrada. Se tapa la cabeza con las manos y se pone a llorar. 

Comentarios
Sabía ud que... “SE VEÍA VENIR” NO ES UN PAJERO NARCISISTA. -------------------------------- Sabía ud que... EN LOS CARRETES DE LOS ZANCUDOS SIEMPRE HAY ALGO PA PICAR. -------------------------------- Sabía ud que... LA CONVENCIÓN DE IMANES SE REALIZARÁ EN UN PARQUE DE ATRACCIONES. -------------------------------- Sabía ud que... NO SOY NI DEL SEXO DÉBIL NI DEL SEXO FUERTE, SOY DEL “SEXO, POR FAVORCITO”. -------------------------------- Sabía ud que... COMO NO VAN A DEJAR LIBRE A LOS LADRONES SI LES DICEN “HABLE AHORA O CALLE PARA SIEMPRE”. --------------------------------