Perros constituyentes

Perros constituyentes: la historia de los cuatro quiltros que viven en el ex Congreso

La Gorda, Orejas, Catita y Rambo son los quiltros que viven en la sede del Congreso en Santiago. Durante las primeras semanas de instalación de la Convención Constitucional, los cuatro acapararon las miradas y el cariño de los 155 convencionales que llegaron a ocupar su hogar. Los perritos han sido testigos privilegiados de los hitos más importantes en la historia política reciente, pero eso es solo una parte de las vivencias que han tenido durante los diez años que han habitado en el exCongreso.

10.46 de la mañana. Edificio del ex Congreso. Un desconocido sortea el cordón de seguridad e irrumpe en las dependencias frente a todos los presentes. Camina con prisa entre la prensa, Carabineros de guardia y los propios convencionales constituyentes. Se pasea por los patios del edificio con soltura y agilidad, como si hubiera vivido ahí toda su vida. Con velocidad se desplaza entre los matorrales, las plantas y los naranjos que ornamentan el jardín.

Su presencia no pasa desapercibida, pero la intromisión del forastero no quedará impune. Cuando se acerca a trote al ala norte del lugar, en Avenida Catedral, despierta las alarmas de los guardianes del jardín. En un movimiento casi sincronizado el intruso es rodeado por los custodios. No le pierden de vista y, casi al unísono, le manifiestan que ese no es su lugar.

El desconocido es un perro de colores negro, café y amarillo (similar al perro de Lipigas, pero más alto) y su pelaje corto en el cuerpo contrasta con una frondosa cola: cuestión de genes. Los guardianes son otros cuatro quiltros que viven hace años en el ex Congreso y que ese jueves 15 de julio protegen su hogar. 

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El 2011, diez años antes que los convencionales constituyentes se apostaran en el ex Congreso para redactar una Nueva Constitución, llegó el primer perro callejero: Omar, un conocido can negro del centro de Santiago que incluso postuló a ser el “quiltro Bicentenario” en una actividad conmemorativa organizada por el gobierno el 2010 y, que un año después, comenzó a merodear por las calles que rodean al edificio.

La llegada de Omar fue un verdadero hito en el ex Congreso. En ese entonces, gracias a una iniciativa de Ana María Leiva, la Secretaria de la senadora Isabel Allende, organizó una campaña para protegerlo, alimentarlo e incluso para habilitarle un espacio en donde pudiera pasar las noches. 

Desde el año 2011 más de una decena de perros han vivido en el ex Congreso

Omar era un personaje querido entre los funcionarios del ex Congreso. Luis Morales, un jardinero que ha trabajado durante 13 años en el lugar, lo recuerda bien. “El Omar cazaba a los ratones que había aquí, y llegaba al lado de los Carabineros y se los dejaba en los pies como para jugar. Era negrito él, como el Matapacos”, recuerda.   

Con el paso del tiempo a Omar se le sumaron otros perros como Gigantón, Rucio, Linda, Flor, Cholito I y Cholito II. Las historias de cómo llegaron son variadas. A Linda, por ejemplo, la adoptó un carabinero que se desempeñaba en el lugar y a Flor la propia Ana María Leiva quien, con el paso del tiempo, logró construir toda una cadena de apoyo en torno a los perros, que incluyen donación de comida canina de un proveedor de Maipú, consultas veterinarias, la adquisición de collares antipulgas y la habilitación de un subterráneo del edificio, convertida en una verdadera habitación canina donde los perros tienen sus camas y sus platos de comida.

Gracias a la gestión de Ana María Leiva, los perritos del ex Congreso tienen una verdadera habitación en uno de los subterráneos

De esa generación inicial de perros, ya ninguno merodea por el ex Congreso. Algunos fallecieron, como Flor, Gigantón y Cholito II. Cholito I, como buen callejero, se fue un día sin dejar pista de su paradero. Sin embargo, otros también fueron llegando. 

La Gorda, Orejas, Catita y Rambo, hoy son los habitantes de la sede del ex Congreso en Santiago. Allí, los cuatro han presenciado los momentos más clave en la historia reciente de Chile, como las primeras manifestaciones del estallido social que se dieron en el centro, el Acuerdo por la Paz firmado el 15 de noviembre del 2019 y la instalación de la Convención Constitucional el pasado 4 de julio. 

Ese día, los cuatro recibieron a los 155 convencionales, quienes tuvieron su convulsionada primera sesión en el patio que ellos habitan. A la hora de almuerzo, varios de los perros se acercaron a algunos constituyentes, buscando un cariño en la frente o un bocado de los sandwiches que muchos convencionales almorzaron al aire libre, producto de las medidas sanitarias establecidas en el lugar. 

Valentina Miranda (PC) suele jugar con el Rambo “aunque sea de los Carabineros”, dice.

La constituyente Valentina Miranda (PC), recuerda ese día: “Cuando llegamos y vimos que habían perritos fue muy bacán, después me enteré que eran los perros de los Carabineros, jaja. Pero igual siempre los regaloneamos cuando estamos almorzando. Pese a que pescan más a sus dueños se dejan querer. Todos tienen personalidades marcadas, hay uno gordo que es indiferente, uno rucio que toma sol todo el día y que busca cariño. Pero es bacán que estén los animalitos, ellos generan desestrés, te ayudan a sentir mejor y más cómoda”, dice. 

A Gorda le gusta dormir la siesta bajo el sol.

En el ex Congreso los perros “son dueños de casa”, agrega Miranda y esa actitud de localía se hacen notar:  Si alguien los llama, no hacen caso. Cuando un grupo se sienta en los pastos, se acercan de inmediato. El Rambo, a diferencia de lo que podría interpretarse por su nombre, es el más amistoso de todos y el único que busca una mano que los acaricie.

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Es pasado el mediodía y el quiltro forastero logró sortear las embestidas de los cuatro perros del ex Congreso. Juguetea en una de las piletas del jardín, intentando sacar una rama o alguno de los peces dorados que nadan allí y que también son alimentados gracias a la gestión de la secretaria de Isabel Allende. 

El perro forastero intenta capturar uno de los peces de la pileta situada en el sector sur del ex Congreso.

A las 14:13, la constituyente Cristina Dorador lo fotografía y sube la instantánea a su Twitter. Quién sabe. Quizás el quiltro forastero se convierta en el quinto integrante de la bancada “perruna de la Convención”.

Llegó otro perrito constituyente con una mirada de futuro y esplendor, escribió Cristina Dorador sobre el “forastero”.

“Hoy llegó este perro más grande y puso una cara muy bonita y aproveché la luz que había para la foto. Los perros de aquí son dóciles, así que probablemente se quede”, comenta la constituyente sobre su fotografía.

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Los cuatro quiltros del ex Congreso, tal y como lo apreció la constiuyente Valentina Miranda, por lo general caminan a la par de la guardia de Carabineros. Se sienten cómodos con los uniformados e incluso algunos salen e ingresan con ellos del edificio.

La sargento Marcela Sala, quien se desempeña hace ocho años en el lugar, habla sobre sus compañeros: “La secretaria de la senadora Isabel Allende nos hace llegar el alimento, yo me preocupo de verles que en sus platos siempre haya agua, que estén abrigados y que no les falte nada. Antes solo compartían con los diputados y senadores que venían, pero hoy tienen más estímulos en el jardín. A los convencionales les gusta verlos y se entretienen con ellos, que son super amorosos con la gente”, comenta.

Orejas duerme la siesta junto a una carabinera

La uniformada afirma que incluso una vez uno de los perros la protegió: “Los quiltros son mejores guardianes que los pastores alemanes. Un día yo iba saliendo y una persona cruzó hacía mí con intenciones de agredirme y la Gorda se abalanzó a defenderme”, comenta.

Pese a las cualidades de defensa de la Gorda, los cuatro quiltros son dormilones. Pasan el día durmiendo la siesta echados tomando el sol. Ni las cacerolas que diariamente se escuchan a las afueras del ex Congreso los perturban.

Con una personalidad más bien gatuna, los quiltros se acercan a quienes no los buscan. Así le pasó a la constituyente de la Lista del Pueblo Dayyana González, a quien se le acercó Rambo mientras hablaba por teléfono en una de las bancas del jardín. 

Dayyana Gonzalez junto a Rambo
Dayyana Gonzalez junto a Rambo.

“Desde el primer día los vimos. Ellos tienen hasta ropita. Es súper genuino ver una mascota y querer abrazarlos. Es súper valioso cuando se acercan, ya que en este espacio la energía suele ser muy densa, así que ellos le dan un espíritu distinto. Es importante eso. Por ejemplo, yo ahora estaba sentada y él se acercó. Dar unos cariñitos caninos nunca viene mal”, señala González.  

Catita usa una linda capita quiltros
Catita es la más esquiva de los cuatro quiltros. Algunos jardineros le dicen la “hiena”.

Su actividad incrementa durante las tardes, pasada las 16:00 ocasionalmente, los perros salen del recinto. Casi sin inmutarse y con la destreza que caracteriza a los quiltros callejeros, evaden los autos y las micros que pasan por calle Compañía para dirigirse al frontis del Palacio de Tribunales. Ahí, sumergen sus lenguas en las cristalinas piletas del edificio para calmar la sed. Al rato, con la misma confianza que cruzan la calle, vuelven a su casa.

Pasada las 17:00, el ex Congreso intenta retomar la sesión luego de varias horas de suspensión. Varios constituyentes, entre ellos el vicepresidente Jaime Bassa, retornan desde la tercera Comisaría en donde dos constituyentes estuvieron detenidos luego de participar en una manifestación con familiares de presos del estallido social. 

El tumulto que se armó entre las personas poco parece importarle a los quiltros. Ellos tienen sus propias preocupaciones. A las 17:40 la sesión ya se realiza al interior del hemiciclo, el patio está casi vacío. En ese momento se escuchan, de forma muy abrupta, los ladridos. 

Los cuatro se dirigen a la puerta sur del recinto con una inusitada velocidad. Atacan como la sincronizada manada que son y obligan al forastero a abandonar el lugar.

Durante minutos, los cuatro quiltros se instalan en la reja custodiando que no regrese. En medio de la expulsión, algunos cruzan frente a los vehículos que pasan por la calle. Ni siquiera miran a su lado antes de cruzar: los vehículos deben detenerse de forma repentina para permitirles el tránsito. “La única forma de que algún perro nuevo llegue es que ellos cuatro lo incluyan”, comenta la comandante Sala. Con excepción del intruso de la mañana, nadie entra al Congreso sin la aprobación de los cuatro quiltros.

Los 155 constituyentes aún están a prueba.

Comentarios
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