Foto: Agencia UNO

Lisa y llanamente: Los febriles días del joven Eduardo Artés como opositor a Salvador Allende

Con apenas 15 años, Eduardo Artés ingresó a las filas del Partido Comunista Revolucionario (PCR), crítico con la estrategia electoral de los partidos de la Unidad Popular a través de una máxima: "¡Lucha sí, votos no!" . "Es imposible hacer una revolución sin tener en cuenta el factor militar", reflexiona sobre aquella época el abanderado de Unión Patriótica.

La franja presidencial de Eduardo Artés fue la primera en transmitirse en cadena nacional. El abanderado de Unión Patriótica abrió los fuegos con imágenes del lanzamiento de su candidatura en el bandejón de avenida Las Industrias, comuna de San Joaquín, donde se encuentra emplazado el monumento al último discurso del ex Presidente Salvador Allende.

Esta escultura tiene siete metros de altura y está erigida sobre un cubo de granito. Fue vandalizada con pintura roja por desconocidos pocas semanas antes del comienzo de la campaña, por lo que el contenido simbólico era evidente para alguien que busca posicionarse como la única alternativa de izquierda en la papeleta del próximo 21 de noviembre.

“Los vándalos, los fascistas, los criminales, terroristas, que trataron de vandalizar el monumento del compañero Presidente, se equivocaron. Allende no es un monumento; el compañero Allende es pueblo, es trabajador, es sueño de liberación. Vive en cada joven y en cada trabajador que aspiramos a un Chile nuevo”, dice en el video.

Pese a las emotivas palabras dedicadas al otrora Mandatario, Artés no siempre estuvo tan alineado con su pensamiento.

El maoísmo en Chile

“Lo recuerdo con mucha nostalgia, hoy tengo la misma pasión que tenía en esos años”, reconoce Eduardo Artés mientras añora su juventud. A mediados del gobierno de Frei Montalva, con apenas 15 años de edad, entró a militar en el Partido Comunista Revolucionario (PCR).

Su ingreso a las filas del principal referente del maoísmo en Chile formaba parte de una trama mayor. A mediados de la década del ’50, con el ascenso de Nikita Kruschev al mando de la Unión Soviética, las posiciones políticas de Moscú y Pekín se empezaron a distanciar, lo que generó importantes repercusiones en el movimiento comunista internacional.

Chile no estuvo ajeno a esos influjos. De hecho, el PC chileno adscribió oficialmente a la vía pacífica al socialismo en 1956, manteniéndose alineado con el eje moscovita. No obstante, su escenario no era el mejor. Desde la promulgación de la Ley de Defensa Permanente a la Democracia —la llamada “Ley Maldita”— el partido se encontraba proscrito y varios de sus militantes abogaban por recuperar sus derechos por la vía insurreccional.

El PC terminó sacando de sus filas a varios militantes que simpatizaron con la línea pro-china, como el poeta Pablo de Rokha o el pintor Adolfo Berchenko. Otro caso fue el carismático senador Jaime Barros Pérez-Cotapos, miembro de una familia aristocrática y conocido por su extravagancia. Se había ganado el apodo del “Doctor de los pobres”, ya que solía atender gratis a personas de escasos recursos.

El propio Artés se vio inspirado con los discursos de este legislador comunista. Así lo reconoció en 2012, en una entrevista con el historiador Damián Lo Chávez, quien mientras era estudiante de la U. de Chile, se dedicó a investigar esta corriente que bautizó como “comunismo rupturista” en su seminario de grado.

En conversación con The Clinic, el historiador explica que Barros pertenecía a “una pequeña elite intelectual del PC expulsada por ser pro-china. La mayoría de ellos coqueteó un tiempo por extravagancia con este movimiento y después se alejaron, pero este senador se quedó ahí”.

En su investigación, Damián Lo Chávez logra identificar dos corrientes que terminan desembocando en el PCR: La Vanguardia Revolucionaria Marxista (VRM) y el grupo Espartaco, ambos constituidos esencialmente por miembros expulsados del PC y que comenzaron a crecer en círculos estudiantiles, donde se encontraron con un lozano Eduardo Artés, quien estudiaba de noche en el Liceo Barros Borgoño.

En ese mismo seminario, el candidato relata que cuando tenía entre 12 o 13 años frecuentaba el Instituto Chino-Chileno de Cultura y la librería Huelén para entrar en contacto con gente del PCR, pero no lo logró. Aún así comenzó a vender en el colegio ejemplares de la revista Causa ML y el periódico El Pueblo —ambos órganos de propaganda de este movimiento— Incluso conformó una célula con trabajadores de Opalini, una fábrica de ropa para niños.

“Así comenzamos a construir PCR, sin contar con ningún nexo con el PCR (…) Comenzamos a participar en protestas con lienzos firmados por el PCR, y los del PCR nos miraban con cara de susto, pensando que quizá éramos elementos infiltrados por la policía o qué sé yo. Y nada, era expresión de la construcción a partir de la necesidad de contar con un partido que planteara la vía insurreccional de masas”, relata Artés.

El gobierno de la Unidad Popular

Damián Lo Chávez explica que las principales diferencias entre el comunismo tradicional chileno, anclado en las tesis de Moscú, y el comunismo rupturista, influenciado por las líneas maoístas, radicaba en el acceso al poder.

Mientras el primero abogaba por una vía pacífica, siguiendo el ejemplo del PC italiano, los segundos tenían una posición política inspirada en “la toma del Palacio de Invierno por los bolcheviques en Rusia, la guerra de los partidos comunistas en China y Vietnam, los guerrilleros albaneses que combatieron contra la ocupación nazi, y parte de la experiencia del Ché Guevara. No toda, pero sí una parte”, explica el historiador.

Para las elecciones presidenciales de Septiembre de 1970, la política del PCR se resumió en una sola consigna lejana al procedimiento electoral: “¡Lucha sí! ¡Votos no!”. La investigación de Lo Chávez también recoge un artículo de la revista Causa ML, muy tajante con Salvador Allende: “Representa en lo esencial los intereses políticos del socialimperialismo soviético, que aspira a obtener mayores puntos de presión en el mundo para negociar su alianza con el imperialismo yanqui”.

“Artés era partícipe de ese movimiento, siendo una especie de dirigente juvenil. Llegó a estar en el Comité Central de este grupo”, añade el historiador.

“Artés era partícipe de ese movimiento (el Partido Comunista Revolucionario, PCR), siendo una especie de dirigente juvenil. Llegó a estar en el comité central”.
– Damián Lo Chávez, historiador

En conversación con The Clinic, Eduardo Artés matiza esa posición. A su juicio, “el programa de la Unidad Popular era compartido por el PCR, en cuanto a que era un programa justo en el análisis de la sociedad y las tareas que había que llevar adelante. La crítica estaba en la forma”.

“La crítica principal del PCR era un problema táctico: si existía o no la vía pacífica al socialismo. También se podían discutir algunos temas sobre administración de empresas del Estado, si tenían más o menos control obrero, pero eso no en dirección al programa mismo”, añade.

También subraya que tenían lecturas distintas sobre el rol de las Fuerzas Armadas. “Es imposible hacer una revolución sin tener en cuenta el factor militar. A dónde están, a quién sirven y cuáles son sus intereses”, puntualiza.

Consultado sobre si sufragó por Salvador Allende en las elecciones de 1970, Eduardo Artés dice que en esos años “todavía no votaba”, pese a que en el último año del gobierno de Frei Montalva se había promulgado la Ley 17.284, que rebajaba la edad para votar de 21 a 18 años y eliminaba la condición de saber “leer y escribir”. Es decir, pese a que ya tenía los 18 años para sufragar, Artés no se inscribió en los registros electorales.

Independiente de estas posiciones divergentes entre el PCR y los partidos de la UP, Artés reafirma su admiración por Salvador Allende y no ve contradicciones con que hoy sea él quién está en la papeleta. “Yo estoy en las elecciones porque es una forma de lucha que se presenta en un momento determinado. Pero también estoy en la calle, en los debates y en las marchas”, subraya.

El ocaso del PCR

El fin del PCR es particularmente triste. Su ocaso comenzó, al igual que para la mayoría de las agrupaciones de izquierda, con el Golpe de Estado de 1973 encabezado por Augusto Pinochet, y que dio paso a una Dictadura que se extendió durante 17 años.

Lo Chávez relata que la insurrección militar sorprendió al PCR “sin mucha preparación. No tenían armas. Todo eso del ejército popular era de papel. A lo sumo se tenían algunos revólveres y algunas armas de combate cuerpo a cuerpo. Más allá del discurso de la guerra popular, el partido no logró generar una fuerza real”.

A eso se suma que “en los últimos años de Mao Tse Tung, y especialmente después de Mao, China tuvo una política muy pragmática y hacían negocios con cualquiera. De hecho, los chinos tuvieron una actitud de amistad y alianza económica con la Dictadura, y este partido quedó en la orfandad”.

En ese sentido, el quiebre de Eduardo Artés con el maoísmo se dio hacia 1978, cuando decidió salirse de lo que quedaba del PCR —la mayoría eran militantes en el exilio— y formar un nuevo movimiento, inspirado esta vez en el movimiento albanés: Acción Proletaria.


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