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Entrevistas

19 de Mayo de 2024

Ángel Carcavilla: “A medida que uno va envejeciendo, el ‘en la medida de lo posible’ va tomando más sentido”

Fotos: Felipe Figueroa

Periodista y publicista, Carcavilla se ha transformado en un lector de la política. Él dice que haber desarrollado campañas presidenciales, senatoriales y municipales le ha permitido aprender “de esa rara avis que es el político”. Como parte del canal Rock & Pop formó parte de una generación de jóvenes ácidos y deslenguados, que practicó un humor mordaz. Está convencido de que esa capacidad sigue ahí en los jóvenes de hoy, aunque también sabe que parecen estar poseídos por “las leyes de lo que se debe o no se debe decir o pensar”.

Por Jimena Villegas

Ángel Fernando Carcavilla Portoles -chileno, caucásico, descendiente de español llegado en el Winnipeg- cuenta que está todo lo que puede en Tunquén. Ese territorio medio escondido de la V Costa sur, un clásico de parcelas agrestes y maravillosa vista al mar, donde llega la luz por paneles solares y tienen casa políticos, actores y personajes semi famosos y no famosos, le queda a una hora y media de Santiago. Le es -dice- muy fácil ir y volver escuchando a Led Zeppelin y a 120 kilómetros por hora. Agrega que no se he instalado definitivamente en la zona, pero que su idea es poder hacerlo. Le falta terminar unos arreglos a la casa y que “los infantes se vuelvan más autónomos en su acarreo diario”.

-Es una locación bien “red set”. ¿Tiene vecinos famosos? ¿Se visitan?

-Mi vecina inmediata era la Adriana Hoffmann, una ecologista genial y de muy bajo perfil, con la que construimos una amistad sustentada en el cultivo de las suculentas. Ir con ella a los viveros era como llegar con Cristo a una iglesia.

Periodista y credor-entre otras cosas- de guiones de series y de campañas políticas y publicitarias, Carcavilla lleva años buscando el lejos de la ciudad. Durante la primera década de los 2000 confesaba que se iba muy seguido al campo durante los fines de semana. La pandemia -afirma hoy- le mostró que es posible trabajar desde la casa “en cualquier lugar de la tierra” y “que ducharse todos los días es algo del siglo pasado y que andar en buzo y sin calzoncillos es lo máximo”.

Carcavilla es alguien que dice -y siempre lo ha hecho- frases cargadas de humor negro. Ser mordaz es, quizá, su especialidad personal. Se hizo famoso en ese registro durante los años 90 del siglo pasado, cuando todavía estaba en su década de los 20 y trabajaba en el canal Rock & Pop, donde fue director y rostro de programas como “Gato por Liebre” y “Plan Z”. Esa señal de televisión abierta duró apenas cuatro años y en ese breve tiempo tuvo hasta un cambio de nombre, porque cerró en 1999 como Canal 2. Pero dejó una huella profunda en el imaginario colectivo chileno. 

De ahí salieron nombres como el suyo o el del escritor Rafael Gumucio o el de los periodistas Pedro Peirano y Álvaro Díaz, quienes además de escribir el guión de la película “No” (2012), que estuvo nominada a un Oscar, crearon el afamado programa de títeres “31 Minutos” (TVN).

Es fácil encontrar hoy en YouTube videos con material de “Gato por Liebre” o de “Plan Z” y su desopilante serie “Mapuches millonarios”, hecha con estética artesanal al estilo de programas estadounidenses como “Dallas”. Más fácil todavía es reírse con ellos a carcajadas y notar la profunda incorrección política con que fueron hechos. Es como si sus creadores, tan jóvenes y frescos, se hubieran sentido completamente libres y felices. 

Carcavilla dice que no tenían tanta libertad, pero que sí eran muy felices. También cuenta que sigue viendo mucho a esos antiguos compañeros: “A algunos más que a otros obviamente. De alguna manera, hemos seguido ligados en distintos proyectos creativos, el Clinic en su primera época, sin ir más lejos”. 

***

Así es. Ángel Carcavilla fue columnista desde fines del año 1999, durante los primeros tiempos de The Clinic. En las dos décadas y media que lleva este siglo ha incursionado en diversidad de ámbitos. Como periodista fue entrevistador en la revista “Ya”, de El Mercurio. En su faceta de publicista, trabajó para desarrollar marca de otros medios, como la revista “Paula” o la radio Zero, y con poderosos clientes del mundo privado, como Claro o Latam Cargo. También hizo -entre otras- la campaña para la carrera presidencial de la actual presidenta de Demócratas, Ximena Rincón, en 2021. En ese entonces ella militaba en la DC.

Su primera campaña política -cuenta- tenía la tarea de resucitar a los radicales: “Lo pasamos muy bien con mi hermano y socio Marco”. Después, junto a su equipo, han hecho presidenciales, municipales y senatoriales: “He ganado y perdido, pero en cada una aprendo un montón de esa rara avis que es el político”. Este año, Ángel Carcavilla cumplirá 56 años. Está a cinco de entrar en la fase del adulto mayor.

-¿Haber salido de Santiago implica algo parecido o cercano a un retiro laboral? 

-Para nada. En modo teletrabajo, tienes más reuniones diarias que las que tenías en presencial, que podían ser máximo dos. En cambio, ahora puedes tener 6 y hasta 8 reuniones. Estoy trabajando más que nunca. La diferencia es que muchas de esas reuniones son con vista al mar.

-¿No necesita un poco de presencialidad de vez en cuando?

-Siiiiii. Me hace falta la pequeña conversación de oficina, tomarse el café y hablar de nada, pelar al otro, el chiste de mierda, el cumpleaños en la cocina. Todos esos aliños que animan la vida de oficina.  

-Tiene una hija adolescente, ¿hay algo de lo que tenía como joven ochentero/noventero que le regalaría? ¿Un poco de incorrección quizá?

-¿Ve alguna vez videos de la época del canal Rock & Pop?

-En X (anteriormente y más conocido como Twitter) hay un archivo Rock & Pop que va tirando y tirando videos todos los días, de acuerdo a la contingencia. Diariamente me encuentro con mi yo 40 kilos más joven. 

-¿Y se gusta?

-¿Cómo era antes? Obvio que sí. Vivir como estoy ahora, con sobrepeso, es lo más aburrido que hay. Tengo que hacer dietas, soy hipertenso, tuve un infarto y me gusta comer. Soy de contextura gruesa y para colmo no soy deportista. Tengo una guata enorme

-Forma parte de una generación brillante de los 90. ¿Ve posible hoy un canal como Rock & Pop?

-La oferta digital está llena de programas como los que había en Rock & Pop, y mejores. Por todos lados hay jóvenes llenos de ganas, protagonizando historias hilarantes. El mismo Felipe Avello nunca estuvo en Rock & Pop y habría sido un perfecto reportero para “Gato por Liebre”. Quizás el mérito fue que lo hicimos primero. Hay mucho mito en torno al canal, pero había harta censura interna y miedo. Doña Lucía era intocable y había que tratar con cuidado a los recién llegados al poder. Los directores del canal tenían la fantasía de que en cualquier momento caía la CNI y nos mataban a todos. En “Gato por Liebre” y “Plan Z” fuimos un grupo de cabros que tuvimos la suerte de encontrarnos en un lugar. La pasábamos bien y era imposible que entre tanta cabeza creativa no saliera algo bueno. Eso sí, estoy seguro de que las autoridades del canal nunca entendieron la maldad que les inoculamos a los jóvenes de entonces.

-¿Ha envejecido bien ese humor?

-Cuando ser joven se puso de moda todo lo que sonaba a noventero se volvió de mal gusto. Hubo que morderse la lengua antes de lanzar ese comentario o chiste que en otra época provocaba carcajadas y que en ese momento te podía costar una funa. Tengo la sensación de que, afortunadamente, ser joven pasó de moda y que nuevamente decir lo que uno piensa está dejando de ser un delito. 

-Hay quienes dicen que esta generación no tolera ese humor, porque es demasiado puritana y buenista. 

-Es curioso, una vez me encontré con el diputado Gonzalo Winter, que es unos 20 años más joven que yo, y me decía que en la universidad hacían maratones para ver “Plan Z” y que se cagaban de la risa. Obviamente, hubo una vuelta al puritanismo en todo el mundo. Olvídate de decir negro en Estados Unidos. Afortunadamente, parece que está en retirada. 

-¿Qué lo hace pensar eso?

-Siento que sí está un poco en retirada. Mi impresión es que todo lo del lenguaje inclusivo ha ido disminuyendo o que nos hemos ido acomodando. Antes veías a la gente medio confundida, como que todo el mundo estaba buscando. ¿Qué es un abuso? ¿De qué trata todo esto? Ahora se han ido poniendo ciertos límites, que hace unos cinco años eran muy difusos. Mi impresión es que el fanatismo está un poco en retirada.

-¿Puede ser que su generación haya tenido una libertad de expresarse que hoy es impensable?

-Es raro. La iglesia era poderosísima en mi época y los curas amenazaban todos los días con que este país iba directo al infierno. Pinochet era senador, el “Mamo” Contreras estaba libre y el Movimiento Lautaro, en las calles. A nosotros nos reventaron con demandas del Consejo Nacional de Televisión por reírnos de las minorías indígenas y de las muñecas Barbies. Tuvimos un montón de cargos, ya ni me acuerdo. En esa época, Rafael Gumucio estuvo preso por algo que dijo de un juez. No éramos tan libres y, te insisto, la censura era permanente. Yo creo que los jóvenes de ahora manejan tanta información que les cuesta mucho ser originales, pensar distinto, hablar de otras cosas que no sean los trending topics. Están poseídos por el contenido y las leyes de lo que se debe o no se debe decir o pensar. A cualquiera que diga algo que se salga del vademecum de lo políticamente correcto lo queman en la plaza pública, es un horror.

-¿Se siente cómodo con la corrección de estos tiempos?

-Al principio, el lenguaje inclusivo me pareció muy de la época, novedoso, desafiante. Pero rápidamente lo empecé a encontrar forzado y gramaticalmente horrible, hasta que se volvió una pesadilla. Menos mal que hoy terminó siendo un chiste que utilizan algunos pretenciosos de los que uno se termina cagando de la risa.   

-Ustedes hacían bromas en pantalla, por ejemplo, con minusválidos. Eso hoy sería imposible. 

-La otra vez fui a ver “Oscuro”, el stand up de Lucho Miranda. Es feroz, rápido, inteligente y sin ninguna concesión con los minusválidos y desde la propia la experiencia, lo que lo hace aún más potente. No tiene pelos en la lengua para criticar la Teletón. O sea, es totalmente posible.

-Pero no en la televisión. 

-Pero el valor de la televisión es otro, está en un estado de decadencia tal que no pasa nada mucho con ella. No sé si a un personaje como Lucho Miranda le interesaría mucho tener un programa en televisión. 

-Hay quienes dicen que esta generación no tiene sentido del humor. 

-Me da la impresión de que el Manual de lo que Deben Reírse y No Reírse es tan largo, que es preferible quedarse en silencio, para que ningún movimiento en falso pueda costarte la funa, el rechazo de la manada y la marginación inmediata del club del buenondismo.

-Entonces no hay tal retirada del puritanismo.

-No hay una retirada, pero sí te encuentras con espacios. El programa de Fabrizio Copano, “El Antídoto”, tiene una sección para reírse de todo el mundo. Esa sección hace cuatro años no podría haber salido. Este año volvió en redes sociales, Kike Morande, con conversaciones que son en su tono. Él estuvo, de alguna manera, cancelado por las audiencias, pero está de regreso.

-Hoy de los 90 se dice algo así como “los dulces 90”. 

-Imagínate si no. Yo tenía 20 años en los 90. Era joven, guapo, lleno de ganas y de ideas, un príncipe. El mundo estaba a nuestros pies. Podíamos divertirnos, crear, equivocamos y no darle explicaciones a nadie. En esa belle époque post dictadura, a Chile le entraba plata por todas partes. Había música, baile y ganas de perderse en lo que fuera, conversando hasta tarde en bares que cerraban en la madrugada. Total, gobernaban los adultos, los viejos hombres de la política, que habían esperado toda su vida para hacerlo, mientras la juventud se daba el lujo de ser joven.

-No, no. Le regalaría calma, desconexión, tomar el sol en la playa, sin selfies. Dormir siesta, no tener idea de nada y llenarse de preguntas cuyas respuestas no están en Google.

****

Entre las recopilaciones de Rock & Pop disponibles en YouTube hay muestras del fallecido expresidente Sebastián Piñera de visita en el panel de “Gato por Liebre”. El programa estaba dedicado a reírse de la actualidad política. Ofrecía gags y miradas agudas sobre las mismas noticias que todos cubrían. Era conducido por Carcavilla, Gumucio y la diseñadora y fotógrafa Carolina Delpiano. Gumucio salía como notero a entrevistar a personajes de la actualidad.

A Sebastián Piñera, los cortes de YouTube lo muestran en el estudio del programa en magnas de camisa, muy liviano y dispuesto. Era su época de senador, cuando llegó al Congreso con el eslogan de “la Locomotora” y debió, junto al resto de la corporación, enfrentar acusaciones sin nombre ni apellido que aseguraban que había parlamentarios que consumían drogas. En pantalla, los tres entrevistadores lo tutean y se ríen con él. Carcavilla afirma: “Piñera entraba siempre en el juego. Le encantaba el programa y tenía humor, así que era tirarle la cuerda y listo. Él hacía el show completo”.

-¿Habría sostenido Piñera ese sentido del humor como Presidente?

-Piñera fue muchas cosas en su vida, pero siempre fue el mismo personaje ansioso por ser visto y reconocido, así que de todas maneras habría ido al programa. 

-“Gato por Liebre” tenía el estilo parco de Eduardo Frei Ruiz-Tagle para reírse. ¿Qué usaría ahora para reírse de Gabriel Boric?

-Hay mucho material en las redes riéndose del presidente, sería muy difícil ser original. Tal vez habría que inventar una sección “Atrapado en sus redes” y lanzar un armado de todo lo que ahí aparece. 

-¿Se reiría Boric con “Gato por Liebre”?

-Se rió harto con “CQC” cuando era diputado, así que no dudo de que se habría reído con nosotros. 

-En esa época se hablaba del uso de drogas en el Congreso. Ahora la droga está asociada a carteles y al crimen organizado. ¿Es un cambio cultural?

-Bueno, si se hablaba de drogas en el Congreso es que obviamente había algo mucho más oscuro y grande detrás de todo eso. Sin embargo, terminó siendo, como tantos otros, un episodio más de la Dimensión Desconocida de Chile. 

-¿Sería posible una serie como “Mapuches Millonarios” post Convención Constitucional?

-Durante las discusiones constitucionales, “Mapuches Millonarios” era un hit en las redes, lo veían y compartían como nunca. Estamos en el Chile de las virtudes públicas y los vicios privados. 

-Hace 20 años, afirmó: “En nuestra cultura, los indígenas siempre tienden a quedar mal”. Es como que la CC sirvió para confirmarlo. ¿O no?

-Elisa Loncón fue una estrella pop, con auge y caída. Hablábamos del wallmapu hasta que a la Izkia Siches la sacaron a balazos y tuvimos que volver a ser los de siempre, un país con dos candidatos a la presidencia totalmente caucásicos y muy lejos de cualquier reivindicación indigenista. 

-Una de las campañas de tu empresa, Boutique Creativa, trabajó en la idea de romper los prejuicios en torno al servicio militar. ¿Cómo se salva el concepto del servicio militar heroico y con vocación por servir después de Putre? ¿O no se salva?

-La mayor guerra que tiene Chile es con nuestra naturaleza. Es en las tragedias, terremotos, inundaciones o incendios cuando los militares son más necesarios y se ponen con todo al lado del pueblo. Pero no podemos bajar la guardia, menos ahora con el vecino loco que gobierna Argentina.

-Una de las grandes consignas del estallido social fue el repudio a aquello de “en la medida de lo posible”, ¿es de esos desencantados?

-Creo que, a medida que uno va envejeciendo, “en la medida de lo posible” va tomando más sentido. Lo puedes llevar al sexo, al deporte, a la comida. Cualquier aspecto de la vida empieza a ser invadido por el “en la medida de lo posible”, menos la muerte. La muerte es radical y definitiva.

-¿Le tiene miedo a la muerte?

-Me encantaría tener harta vida, durar lo máximo posible, llegar a bien viejo. Tuve un infarto y la vi cerca. Llegué medio inconsciente a la clínica. Sobreviví y me cuido para no morir. Soy adicto al tabaco y siempre lo estoy dejando. No me interesa morirme. Quiero seguir vivo lo máximo que pueda.

-Hay quienes esperaban que con un gobierno del Frente Amplio se instalaría de verdad y no a medias la izquierda en La Moneda. 

-Para mí, ser de izquierda es una actitud, un modo de ser en el mundo. Es creer en asuntos como superar la desigualdad, eliminar la discriminación y construir una sociedad más justa, y eso sí lo veo en La Moneda a cada rato. Otra cosa es que se los torpedean, pero las intenciones existen.

-José Antonio Kast dice que éste es un gobierno woke. ¿Lo es?

-Los estados de sitio en la Araucanía, el aumento de los presupuestos en seguridad, la salvación del general Ricardo Yáñez. El gobierno está duro en su ejercicio del poder. No sé dónde está la buena onda de lo woke.

-Gabriel Boric hará su última cuenta pública en 15 días. ¿Tiene cosas que celebrar?

-El despertar ferroviario, la baja de la inflación, las cifras de inversión extranjera y obviamente la soltería.

-La última Cadem tiene a dos políticos de derecha, Evelyn Matthei y Kast, en los primeros puestos. ¿Cómo puede ser que la derecha tenga la mejor posición en las encuestas?

-Por un lado, la bipolaridad chilena, nuestro péndulo interno. Pero lo que más me llama la atención es que ambos sean tan alemanes, ligados sanguíneamente al pinochetismo. Ella por su padre y él por su hermano.

-Quizá es parte de lo que destapó el post estallido: un viejo amor chileno por lo alemán y lo pinochetista.

-Totalmente. Son la encarnación de esa derecha. Ninguno de los dos trata de identificarse con ella, quizá más Kast, pero Evelyn dice que es de centro derecha. Lo que llama la atención es que son figuras tan vinculadas. El padre de Evelyn logró tener un perfume demócrata. Todos vimos a Evelyn, cuando detuvieron a Pinochet en Londres, llamando a no consumir productos ingleses. Fue todo bien feroz, ridículo y absurdo. Ella, que además vivió en Inglaterra, atacaba a los ingleses. 

 -¿Qué es lo que, desde su visión, tiene desplomada a la centro izquierda? ¿Hay que resetearla?

-En el mercado de la política las acciones de izquierda están en baja. Hablar de nuestro barrio, nuestra plaza, nuestro colegio no vende. Hoy es mi casa, mi patio, mi auto, el colegio de mis hijos.

-Eso sí que es post Convención con aquello de “con mi plata no”. Es como que eso sí prendió.

-Es bien curioso. Antiguamente operaban mucho las juntas de vecinos y existían fondos e incentivos para que se mantuvieran ese tipo de agrupaciones. Ahora se nota que el vecino le tiene miedo al otro vecino. Se producen muchos robos en las poblaciones y zonas más marginales de Santiago, pero no en el barrio alto. Me parece que hay poca solidaridad entre la gente con eso de salvarse a sí mismo. Si la plata está en el barrio alto, vengan a robar a Vitacura.

-La mejor evaluada en Michelle Bachelet, ¿aguanta este país un tercer periodo con ella en La Moneda?

-Yo creo que ella es la que no aguantaría un tercer período. La política está demasiado salvaje para alguien tan humano como Bachelet. 

-La siguiente es Camila Vallejo, que sólo tiene un 3%. ¿Está preparado este país para el PC a cargo?

-Daniel Jadue fue un rostro clave del marketing PC. Pésimo candidato, fome en los debates, pesado a cagar. Si alguna vez le cayó bien a la gente, ahora no lo quieren. Camila es increíble pero si va como independiente, porque la marca PC, no el partido, está muy devaluada. 

-La gran novedad de esa encuesta es que apareció el alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic. ¿Inventaría una campaña para él?

-Encantado. Encuentro que es lo más trabajador que hay, pero siento que todavía le falta un poco de maldad para ser presidente. 

-¿Qué tendría que hacer?

-Dejar de parecer tan bueno y tan joven, esperar unos años, obviamente ahora no es su momento. Con las dosis de maldad necesarias Vodanovic de todas maneras puede llegar a ser un gran presidente. 

-Las redes sociales suelen usarse como territorio de trolleo. Usted usa X (ex Twitter). ¿Qué le ve a esa red?

-Me informo por X, tomando los resguardos pertinentes. Leo sobre cine, música, veo porno y me río mucho también.

-Hace un par de semanas dijo: “con un buen candidato independiente, la Cubillos es fácil de ganar”. ¿Se le ocurre quién?

-Raúl Alcaíno es un personaje que sin duda limpiaría y ordenaría esa caja sin fondos que es Las Condes. Lo hizo en Santiago, después de que Lavín dejara el municipio sin agua. Es un tipo decente, independiente, de derecha y hasta primo de Cristián Warnken. Le daría tiro y cancha a la Cubillos.

-Para usted el abogado Luis Hermosilla es “como los desatornilladores”. Sirve para destrabar “cualquier asunto que complique las democracias”. ¿Está complicada la democracia chilena?

-La democracia siempre está en peligro, hay que cuidarla todos los días. El Hermosilla que todos llevamos dentro nos sirve para resolver los problemas utilizando las argucias que tengamos a mano y seguir avanzando. Cuando pillan a Hermosilla, también nos pillan a cada uno de los habitantes de este país. Claro que con las cuentas bancarias bastante más escuálidas.

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