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Foto: AgenciaUno

Libros

12 de Julio de 2024

Una selección en 100 palabras: cuentos sobre el invierno, paraguas, navegados, carreteras y lluvia

Todos los viernes The Clinic presenta una selección de cuentos que han participado en el evento literario Santiago en 100 palabras. En esta ocasión, la temática de inspiración es el invierno.

Por Santiago en 100 Palabras
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Como ya es habitual todos los viernes, The Clinic y Santiago en 100 palabras presentan una selección de los mejores cuentos que han participado del evento literario. Hoy son ocho los relatos, inspirados en el invierno.

Como peces

“¡Paraguas, barato el paraguas, más barato que un resfriado, caserita!”. Este primer grito anuncia la llegada del invierno. Santiago se sumerge en un domo gris y luego de la primera lluvia, todos los ríos vuelven a su antiguo cauce. Nosotros, transformados en pequeños peces, deambulamos arrebatados en nuestras diferentes migraciones hasta que, al igual que los viejos ríos, retornamos siempre a nuestro antiguo cauce natural.

José Tomás Fontecilla, 22 años, La Reina

***

Infancia

Me di cuenta de que había dejado de ser niña cuando ese invierno empecé a esquivar las pozas en vez de pisarlas.

Valentina Ríos, 20 años, San Bernardo

***

Acondicionamiento físico

Ahora con suerte bajamos trotando. Antes subíamos y bajábamos corriendo. Ahora subimos con una caminata lenta y más encima comiendo queque. Parece que esto del acondicionamiento físico en el San Cristóbal no está resultando mucho. Pero con mi amiga copuchamos de lo lindo y coqueteamos muy resplandecientes con los pocos ciclistas o corredores guapos que rondan el cerro helado. A veces nos pilla una intempestiva llovizna y nos reímos un montón. Las gotitas nos hacen cosquillas. A veces nos topamos con una suerte de amante flojo que tuve un invierno atrás, y eso también me da risa, aunque no
tanta.

Roxana Muñoz, 32 años, La Reina

***

Dostoievski

Habría observado con detención a las personas salir humeantes de la boca del Metro. Habría atravesado estupefacto la Moneda bajo la lluvia. Pensativo, le habría comprado una sopaipilla a un perro hambriento cerca del Santa Lucía. Habría cruzado alegremente calle inundadas con niños corriendo a su lado. Le habría levantado el puño a los agresivos e invasores automóviles. Habría probado el mejor navegado en La Piojera con unos amigos. Habría llorado y reído, sentado en un banco, mirando la gente, esperando la micro, entumido. Y habría esperado la nieve, en vano. A Fedor Dostoievski le habría gustado Santiago en invierno.

Ernesto Guzmán, 29 años, La Florida

Carretera

A lo lejos, desde la carretera, la ciudad nocturna entreteje luces y aguadas violetas. El parabrisas recoge la lluvia, el brillo de los autos, las líneas rojas y verdes. A la izquierda se emplaza una refinería de petróleo, semejante a una ciudadela futurista. De sus torres, el humo asciende y desgaja el cielo. “¿Era allí donde estaba nuestra escuela?”, pregunta su novia, señalando la refinería. Pero él solo escucha el rumor del auto. Y ella, al apoyar su cabello sobre la ventana, no vuelve a preguntar. El auto se aleja del primer plano. La ciudad nocturna parpadea.

Diego Alegría, 19 años, La Reina

***

Cenizas musicales

Exhala, movido por una extraña mezcla de cansancio y amor. Deja su violín sobre una silla y abre el ventanal que da hacia el corredor del apartamento. Se asoma por la barandilla, ignorando que, al arrastrar los paneles de cristal, se filtra una brisa húmeda con olor a lluvia y frituras, a humo, al vapor oscuro que escapa de las fábricas y otro poco de las culatas en la avenida. Avista el mar de luces que ilustra Santiago y se reclina sobre el acero avejentado a lanzar los pesos que acumuló en el día en grandes bocanadas de humo.

Daphne Suárez, 19 años, La Florida

***

Lluvia

Las gotas de lluvia se deslizaban por la ventana del aula lentamente, deformando la imagen de los edificios santiaguinos. Las muchas respiraciones ayudaban a empañarlas, hasta que alguno las limpiaba con la manga de su chaleco, dejando al descubierto lo que sucedí afuera. Casi se podía oler el perfume de la tierra mojada. El fino tamborileo en el techo no cesaba, embobando los sentidos. En la clase, el único atento era el valdiviano.

Ema Garrido, 17 años, La Reina

Desde el piso 13

Cae la lluvia sobre Santiago. Todos caminan como siempre. La fila de hombres y mujeres ante los carros de sopaipillas junto al Mercado Tirso de Molina es larga. Hay círculos de colores que reemplazan a las flores. Un hombre pide dinero en el semáforo. Cubre su cabeza solo con su cabello. Todos se rehúsan a darle monedas. Sigue la lluvia. En el puente Recoleta, un grupo de jóvenes pide cigarros a los transeúntes. La poza de agua ha aumentado. Un bus del Transantiago pasa por encima y una cascada gigante se levanta.

Valeria Cortés San Martín, 11 años, Antofagasta

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