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Reportajes

La compleja negociación con Incubus para estar en el Festival de Viña 2025 y la historia que los liga a un fan chileno que invitaron a EE.UU. y Europa

Aunque fue difícil hacerles entender el formato del Festival, el visto bueno de la banda se suma a una serie de hitos que han estrechado su relación con los fanáticos del país, desde su sorprendente debut en 2007 o el concierto benéfico que hicieron para los 33 mineros en 2010. En el siguiente reportaje, Daniel Merino, director ejecutivo del Festival de Viña, cuenta detalles de las negociaciones con la banda californiana, mientras que algunos de sus colaboradores nacionales repasan su historia con Chile y les auguran un buen pasar por la Quinta Vergara.

Por Raimundo Flores S. 23 de Febrero de 2025
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“​​Chile es probablemente nuestro lugar favorito para tocar” dijo en 2010 Brandon Boyd, vocalista de Incubus. A 15 años de esa declaración, la historia entre la banda californiana y el país está a punto de sumar un significativo y particular capítulo debido a su presencia en el próximo Festival de Viña del Mar. Su llegada a la Quinta Vergara será una rareza tanto para ellos, poco habituados a shows televisados y a la dinámica viñamarina, como para el Festival, que en sus números anglo suele apostar por artistas más transversales, a pesar de que la cálida relación de Incubus con Chile podría justamente comprobar esa adaptabilidad al gran público.

Daniel Merino, director ejecutivo del Festival, cuenta a The Clinic que la negociación con Incubus ha sido de las más complejas que ha tenido con un artista anglo en sus años trabajando en el certamen. Dice que lo normal es negociar no más de tres semanas con un solista o grupo, y que en el caso de Incubus ese proceso duró entre ocho y diez semanas.

“Es muy difícil que un artista anglo entienda cómo funciona esto, el tema de las Gaviotas, de las competencias, que haya comediante, que ellos no tienen el control total de las luces, ni el control total del video nunca. Entonces todo eso como que cuesta un poco explicarlo, pero se logró conversar con ellos y lograron acceder a adaptarse a la idiosincrasia del festival”, señala Merino.

“Cuando supe que vendrían quedé shock. Me mandaron una foto y pensaba que era mentira. Es la banda que menos esperaba ver en Viña del Mar”, señala Susan Vásquez, de 34 años, fiel admiradora de Incubus y creadora de una de las cuentas en Instagram que celebran el vínculo entre la banda y Chile.

Algo de esa sorpresa también existió en 2007, cuando la banda anunció su primer concierto en el país. Por esos años, Chile aún no era un parada habitual en las giras de la bandas norteamericanas o europeas y lo de Incubus fue visto como una apuesta que se validó rápidamente por la buena recepción del público.

El grupo, que a esas alturas ya tenía 15 años de carrera y seis discos publicados, había anunciado su visita para mayo. Sin embargo, una lesión de su guitarrista Mike Einziger hizo que postergaran su debut para noviembre, teniendo que habilitar una segunda fecha ante la buena acogida del público, que agotó las dos jornadas que acogió la en ese entonces llamada Arena Santiago. Además, hubo cientos de fanáticos que los esperaron en el aeropuerto y en el hotel, dejando sorprendidos a los músicos.

“La primera vez que vinimos quedamos en shock por la respuesta que obtuvimos. Tocamos dos noches en una arena que estaba agotada y fue una locura. Nunca habíamos estado ahí y no teníamos idea que teníamos muchos fans. Fue una experiencia increíble”, recordaba Boyd en las mismas declaraciones antes citadas, extraídas de un mini documental que realizaron en su visita a Chile en 2010.

Bernardita Traub, una de sus teloneras en su debut santiaguino, señala algo similar: “Recuerdo dos Movistar Arena completamente llenos y con altos niveles de excitación y emoción. No me sorprende que hayan dicho que fue de los mejores de su carrera. Chile tiende a ser un tremendo público. Generalmente, las bandas extranjeras se van con un gustito muy sabroso luego de sus conciertos”, dice Traub, por aquel entonces guitarrista del proyecto solista de Pedro Frugone, que abrió los dos conciertos y que hasta el día de hoy mantiene una amistad con José Pasillas, baterista de Incubus.

“Era una banda que sonaba bien poco en radio pero que tenía su público. Muchos querían que fuera en San Carlos de Apoquindo pero ya sabemos que el rock no era bien recibido ahí. El Movistar funcionó a la perfección, la banda estaba feliz y, de verdad, la histeria femenina fue lo que más llamó la atención”, rememora una persona que trabajó en la producción de aquellos shows.

Incubus tocando por los 33 mineros

Si el primer paso de la relación entre Chile e Incubus fue contundente, el segundo fue aún más allá y confirmó aquel romance surgido en 2007. Tres años después, la banda ya había confirmado su presencia en la primera edición del festival Maquinaria, encabezando el cartel junto a Pixies, Linkin Park y Queens of the Stone Age. Sin embargo, en los meses previos al evento, ocurrió el derrumbe en la mina San José y la historia de los 33 se expandió por el mundo, motivando a la banda a agendar un nuevo show, esta vez en beneficio a los mineros atrapados.

Así lo explica Boyd en el documental que grabaron en Chile, creado a propósito de esa iniciativa: “Nosotros ya íbamos ir a Chile a hacer un concierto, así que decidimos usar uno de nuestros días libres para juntar dinero para las familias de los mineros que estaban atrapados porque nos habíamos enterado que a ellos no les estaban pagando mientras estaban bajo tierra porque la compañía para que trabajaban había quebrado. Pensamos que podíamos usar la oportunidad para hacer algo genial para la gente de Chile, que había sido tan genial con nosotros”.

El resultado fue un concierto íntimo para menos de 2.000 personas en el Teatro La Cúpula del Parque O’Higgins, realizado el 8 de octubre de 2010, un día antes de su show en Maquinaria. Ahí tocaron un repertorio especial, con canciones que no solían interpretar en vivo, además de sumar a músicos de la Filarmónica Juvenil para cuatro temas, que fueron dirigidos por Carlos Figueroa, que luego se convertiría en director musical del Festival de Viña. “Fue un concierto inolvidable. Sonaba como un disco. Entre tema y tema, me acuerdo que Mike se acercaba a mí y me abrazaba”, comenta Figueroa.

El director destaca que antes de eso, Incubus solo había tenido una aproximación sinfónica en un show que habían dado en Nueva York. “Después del concierto me invitaron al camarín a celebrar este formato, que en algún minuto ellos querían volver a hacerlo. Estuvimos como planificándolo en ese año y el que seguía, pero finalmente ellos se distanciaron un rato como Incubus y se fue diluyendo el proyecto”, relata.

Otro que vivió de cerca esa experiencia fue Francisco Stiglich, que en 2007 había fundado la primera comunidad de fans chilenos de Incubus, que en ese entonces funcionaba principalmente a través de foros. En la primera visita de la banda a Chile, quedó en contacto con su manager de aquella época, que luego, cuando estaban preparando el concierto benéfico, le pidió ayuda en la organización del show. Además de colaborar en la elección del Teatro La Cúpula, hizo de traductor en el meet & greet que hubo con fans en ese show.

“En esa visita empezaron las primeras frases de ‘Chile es nuestro lugar favorito para tocar’, precisamente por la conexión con el público. Fue súper emocionante, yo creo que la mitad de los que estaban ahí lloraron las primeras cuatro canciones. Me incluyo. Porque tocaron temas que los fans saben que no tocan nunca y que son como especiales, temas muy buenos que no están en rotación en los setlist. Sabíamos que era para la familia de los mineros, se gritaba en ese entonces mucho el C-H.I, bien patriótico todo. Ellos estaban felices en el escenario, que era un escenario súper chico”, comenta Stiglich.

De todos modos, su relación con la banda no quedó ahí. Luego de estrechar lazos en esa visita, al año siguiente, mientras Incubus preparaba el lanzamiento del disco “If not now, when?”, lo invitaron a California a escuchar el trabajo un par de meses antes de que saliera, para que fuera el fan que escribiera la primera reseña del álbum. Ahí estuvo cerca de una semana trabajando mano a mano con el grupo y como las cosas siguieron fluyendo, lo invitaron a que se fuera de gira con ellos por Estados Unidos y Europa, para que creara contenido sobre los conciertos.

“Ellos decidieron llevarme para generar contenido en vivo, tener un programa antes de cada concierto, hacerle preguntas trivia a los fans que iban llegando y si le achuntaban, yo les regalaba entradas para la primera fila o les daba vinilos firmados por la banda. Me lo tomé súper profesional, pensando que iba a trabajar y no a ser fan, ni a sacarme fotos con todo el mundo. Pero sí se fue dando una cercanía con la banda a medida que avanzaba el tiempo y empecé a compartir con ellos, ya me incluían en más cosas, empecé a grabar los ensayos y las pruebas de sonido, a salir con ellos”.

Aunque Stiglich dice que esa experiencia lo marcó profesionalmente, ya que hoy se dedica al marketing digital, admite además que generó una cercanía con sus ídolos que antes parecía inimaginable. Hasta el día de hoy mantienen contacto y acumula un sinfín de anécdotas de sus días de gira, como cuando se empezó a correr el rumor entre el staff de la banda y sus integrantes de que Francisco nunca había fumado marihuana. Cuando pararon en Amsterdam, los miembros de Incubus decidieron que era el lugar perfecto para que tuviera una iniciación.

“Estuvo bueno. Yo sentí que estaban como expectantes de mi reacción y mi reacción fue que me cagué la risa pero a la vez llorando. Y así fue como, la primera vez que fumé marihuana, fue con mi banda favorita en Amsterdam”.

“No van a venir acá mirando en menos”

Si hay algo en que coinciden Stiglich y Figueroa, es en la calidad humana de los miembros de Incubus, que regresaron a presentarse al país en 2013 y 2017. Figueroa recuerda con cariño los ensayos que tuvieron para el show en La Cúpula, donde más allá de lo estrictamente necesario, le pidieron a Figueroa que les enseñara a tocar el cajón peruano. Además, hubo un episodio que el director recibió con extrañeza. Durante un descanso de la preparación, se acercó alguien del equipo de la banda y le hizo una serie de preguntas que lo dejaron descolocado: ¿Cómo era el living de su casa? ¿Qué colores le gustaban? ¿Podría dibujar la distribución de los muebles?

Al día siguiente, cuando Figueroa llegó a La Cúpula, quedó sorprendido del nivel de producción de la banda y de todo lo que había montado su equipo para la ocasión, incluyendo oficinas, un restaurante y un camarín privado para él. “Entro y me tenían armado el living de mi casa, era pero casi igual a mi casa, con las descripciones que yo les di bien vagas. Y entre medio tenía un jacuzzi, tenía una una tina al otro lado con una ducha y tenía tres monitores; uno con televisión satelital, el otro con el setlist del show y el otro con circuito cerrado de todo el escenario y de la entrada a mi camarín”, detalla Figueroa.

Stiglich complementa: “Ellos son súper cercanos. Yo tenía como 21 años y siempre se vieron preocupados de que estuviera cómodo haciendo mi pega. Son súper humanos, no hay esta onda de rockstar reventados, sino que todo lo contrario, se cuidan harto en la gira, porque aparte es súper extenuante. Uno cree que es como post concierto y reventón, y no, es post concierto y ojalá dormir lo más posible hasta el próximo concierto”.

Según Daniel Merino, la cercanía característica del grupo fue un punto a favor para convocarlos al Festival. “Los buscamos a ellos porque definitivamente tienen eso con la gente. O sea, creo que todos aprendimos un poco de lo de Maroon 5, y la idea es que cosas como esa no se vuelvan a repetir nunca más en la Quinta Vergara. Porque no es algo beneficioso para ninguna de las partes que están involucradas en el festival. Entonces, obviamente, lo que siempre buscamos son artistas que tengan eso, que estén dispuestos a tener esa conexión con la Quinta Vergara, con el público y que tengan esa conexión con el Festival de Viña”, explica. 

El ejecutivo cuenta que para hacerles entender la dinámica festivalera, les envían videos de otras presentaciones en la Quinta Vergara, siendo el ejemplo de Elton John al que más recurren. “Para ellos era un poco raro que alguien entrara al escenario a entregar el premio y que la gente grita y que la gente lo pide. Pero al final del camino entendieron, aunque fue una conversa larga”, dice.

Por su parte, Figueroa opina que “ellos son la excepción a la regla, no van a venir acá mirando en menos” y Stiglich agrega: “Yo creo que se lo van a tomar muy a ligera y van a disfrutar mucho estar en ese escenario. Yo les decía que es como lo más parecido a un Eurovisión, donde hay harta cosa random, con presentadores y aplausos y premios, pero que cuando la banda está arriba tocando es como un concierto más, que no hay no hay nada de que preocuparse. Y eso los tiene muy tranquilos” .

Desde la organización señalan que hasta el momento el grupo no ha hecho grandes exigencias y que la mayor dificultad ha sido encontrar cinco suites iguales para cada integrante de la banda. 

La presentación de Incubus en el festival, que sería una de los favoritos de la alcaldesa Ripamonti este año, abrirá la jornada del jueves 27, compartiendo escenario con The Cult y el comediante Juan Pablo López. 

La presentación de la banda repasará sus grandes éxitos aunque con especial foco en su disco más influyente, “Morning view” (2001), el que volvieron a grabar el año pasado. Ese trabajo es el que está reviviendo en su gira actual, que volverá a pasar por Chile los días 4 y 5 de abril, con paradas en el Movistar Arena. Aunque, como dijo Brandon Boyd en su visita en 2010: “Acá no se siente como si estuviésemos de gira, se siente como si fuésemos invitados”.

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