Opinión
3 de Mayo de 2025
¿Ganar para perder? Los fantasmas que acechan a la primaria oficialista
Por Marco Moreno
En su columna de hoy, Marco Moreno realiza un análisis sobre los desafíos que presenta las primarias del oficialismo, inscritas esta semana. Las primarias del oficialismo serán una prueba de fuego institucional. Participación, legitimidad y cohesión serán los indicadores reales de si este bloque está en condiciones de competir por el gobierno o condenado a ser oposición", sostiene.
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El próximo 29 de junio, el bloque oficialista enfrentará una primaria presidencial que, más allá de definir una candidatura, será un test decisivo sobre su capacidad real de llegar de manera competitiva y unida a noviembre. En esta primaria, el desafío no es solo ganar: es hacerlo con participación, legitimidad y cohesión. Esas son las verdaderas batallas que marcarán el inicio —o quizás el declive— del camino presidencial del oficialismo.
A primera vista, todo parece indicar que Carolina Tohá tiene el camino despejado para imponerse con holgura, especialmente tras el decisivo respaldo del Partido Socialista. Con más de un millón de votos base según la última elección de concejales, y el apoyo del PPD, PR y PL, su candidatura aparece como la más sólida en términos de estructura política. Sin embargo, en política no basta con sumar apoyos en papel. Las elecciones se legitiman en las urnas, no en los cómputos previos.
La participación será la primera señal crítica. En un país marcado por el desencanto político, una primaria con baja concurrencia —incluso si termina con una victoria clara— puede interpretarse como una señal de desconexión entre las dirigencias progresistas y su base ciudadana. Si el oficialismo no logra entusiasmar ni siquiera a sus propios votantes más leales, ¿qué capacidad tendrá de movilizar a los independientes en la presidencial?
Las proyecciones sugieren tres escenarios posibles: participación baja (30% de la base electoral), media (45%) y alta (60%, más independientes). La diferencia es sustancial. Una victoria con 300 mil votos podría ser percibida como endeble; una con más de 700 mil sería una plataforma legítima para enfrentar la elección de noviembre. No es solo una cuestión de cifras: es una cuestión de narrativa. Sin épica, sin entusiasmo, sin calle, no hay campaña viable.
La segunda variable clave es la legitimidad. No basta con ganar, hay que convencer. Una victoria ajustada o con baja participación puede abrir un flanco que la oposición no dudará en aprovechar: el del liderazgo impuesto desde arriba, sin respaldo popular genuino. La legitimidad de una candidatura se construye no solo con votos, sino también con mística, con capacidad de convocar y con credibilidad hacia dentro y fuera de la coalición.
Finalmente, está la cohesión. Las primarias tienen el mérito de ordenar liderazgos, pero también el riesgo de fracturar alianzas resultado del efecto divisivo que estas albergan. Jeannette Jara y Gonzalo Winter representan dos polos dentro del oficialismo: la izquierda tradicional y emergente. Si el proceso termina con exclusiones, rencillas o triunfalismos, el daño será duradero. En lugar de cerrar filas, se abrirán heridas difíciles de sanar en medio de una elección presidencial incierta.
Incluso candidaturas como la de Jaime Mulet, de carácter testimonial, pueden jugar un rol si logran ser parte del rediseño del bloque tras la primaria. El desafío no es solo ganar, sino integrar. No basta con vencer: hay que salir fortalecidos.
Las primarias del oficialismo serán una prueba de fuego institucional. Participación, legitimidad y cohesión serán los indicadores reales de si este bloque está en condiciones de competir por el gobierno o condenado a ser oposición. Porque en tiempos de fragmentación, las victorias que no entusiasman pueden pesar más que las derrotas.
El 29 de junio no se juega solo un nombre. Se juega la posibilidad de que el oficialismo tenga algo que decir en noviembre.



