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Vivir en las tres esquinas más ruidosas de Santiago: cómo es habitar en departamentos donde el ruido equivale a cuatro aspiradoras encendidas

The Clinic accedió a un listado con las intersecciones más ruidosas de Santiago elaborado por el ministerio de Medio Ambiente. Manuel Rodríguez con Compañía, la Autopista Central con Departamental y Kennedy con Vitacura encabezan el ranking, con una intensidad sonora de 76 decibelios en horario peak: el equivalente a vivir con cuatro aspiradoras encendidas al mismo tiempo. En estas esquinas, el ruido no se detiene ni de día ni de noche, y los vecinos han tenido que adaptar su vida. Algunos –según sus condiciones económicas– optaron por cerrar sus balcones, instalar termopaneles y aire acondicionado; otros simplemente se resignaron a dormir entre motores o a poner en venta sus propiedades y largarse. En esta nota cuentan sus historias, y especialistas advierten sobre los efectos del ruido crónico en la salud.

Por 21 de Junio de 2025
Fotos: Felipe Figueroa/The Clinic
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Juanita saca todos los días a pasear a su galgo por las áreas verdes de Vitacura, en el sector oriente de Santiago. Tiene 40 años, es periodista, trabaja en comunicaciones y vive justo donde Kennedy se cruza con avenida Vitacura.

Solange vive en el centro, en la esquina de Manuel Rodríguez con Compañía. Llegó hace poco más de un año, después de separarse de su marido y dejar Peñalolén. Teletrabaja haciendo asesorías y, algunas veces al día, va a fumar a su balcón, un espacio mínimo donde apenas caben dos personas de pie.

Eduardo Pizarro, en tanto, vive en Departamental con la Autopista Central en el primer edificio del museo a cielo abierto de San Miguel. Pasa el día en el computador, regando el antejardín y arreglando cosas en la casa.

Ellos no se conocen. No comparten barrio, ni rutina, ni edad. Pero hay algo que los une: sus departamentos están en las tres esquinas más ruidosas de Santiago. Si dejan la ventana abierta en hora punta, el sonido dentro de sus casas alcanza los 76 decibelios. Es decir, lo mismo que tener cuatro aspiradoras encendidas al mismo tiempo.

The Clinic solicitó al Ministerio del Medio Ambiente la información sobre los puntos con mayores niveles de ruido en la capital. La respuesta incluyó cinco intersecciones, siendo la de los edificios donde viven Juanita, Eduardo y Solange las que lideran el ranking. Les siguen de cerca otras intersecciones como la Autopista Central con Puerto Montt, en Renca, con 75 decibelios; y la Autopista del Sol con Américo Vespucio, en Maipú, con la misma cifra.

Los puntos más ruidosos de la capital tienen una tendencia clara: todos están junto a una autopista. Así lo confirma también el Mapa de Ruido Urbano elaborado por el propio ministerio en 2023, que concluyó que las autopistas urbanas son las principales fuentes de emisión acústica. Según ese mismo estudio, un 15% de los santiaguinos —es decir, 1.028.858 personas— vive potencialmente “expuesto a niveles de ruido inaceptables”.

La ruidosa vida en el centro de Santiago: sirenas, bocinazos, peleas y frenazos

El edificio donde vive Solange se levanta justo en la esquina poniente de Manuel Rodríguez con Compañía de Jesús, en pleno centro de Santiago. Bajo su departamento pasa la Autopista Central y también la Línea 2 del Metro. En la superficie, micros troncales recorren ambas calles: los buses verdes que transitan por Compañía son los más ruidosos —todavía funcionan con motor diésel—, a diferencia de los rojos de Manuel Rodríguez, que ya son eléctricos.

En la primera planta del edificio en Santiago hay un café, una veterinaria y una carnicería. Todos han reforzado sus vitrinas con ventanales de termo panel para enfrentar el ruido persistente. Lo mismo ocurre en los departamentos: cada unidad cuenta con ventanas aislantes. Pero en espacios tan reducidos como el de Solange, abrirlas es inevitable. Hay que ventilar, dejar escapar el calor en verano o simplemente salir al balcón.

—Vivo en el piso ocho. Llevo un año y cuatro meses aquí y el ruido es horrible. Los autos, los camiones, los bomberos, y hasta el presidente que pasa por aquí con sirena —cuenta Solange.

Dice que la diferencia con su antigua vida es abismal. Antes vivía en Peñalolén, donde el silencio llegaba con la noche. Ahora, en cambio, el ruido es constante.

—Me ha afectado muchísimo. Las primeras noches no podía dormir. Ya me acostumbré, pero igual el sueño no es reparador. El ruido es todo el día, sin pausas —asegura.

El problema no es menor. Según Hugo Lobos, jefe de la Sección Ruido del Ministerio del Medio Ambiente, el impacto de la contaminación acústica es real y va más allá de la molestia cotidiana.

—Aunque muchas veces pasa desapercibido, su presencia constante o en niveles elevados representa un riesgo real para el bienestar físico y mental. La exposición prolongada al ruido puede provocar daños en el sistema auditivo, pérdida de audición o tinnitus, ese zumbido permanente en los oídos —explica.

La doctora Sofia Waissbluth del Departamento de Otorrinolaringología de la Facultad de Medicina UC coincide.

—La exposición crónica a un nivel de ruido de 76 dB, como el reportado en su tabla, puede tener consecuencias para la salud, aunque se encuentra por debajo del umbral de daño agudo, que ocurre alrededor de los 85 dB —indica—. Una exposición sostenida a 76 dB puede provocar una pérdida auditiva progresiva y, con el tiempo, contribuir al deterioro de las células ciliadas del oído interno.

En su departamento, Solange ha aprendido a identificar las capas del ruido. No solo escucha autos, micros y camiones: también música festiva, discusiones callejeras y peleas en plena vía pública. A veces, el bullicio es tal que no puede hablar por teléfono.

—Para tomar reuniones online tengo que cerrar todo. Y si hablo por celular, a veces tengo que encerrarme en el baño y cerrar la puerta. Si no no se puede —dice.

El hombre que decidió vender su departamento en Santiago por la bulla

El departamento de Juanita queda muy cerca del Parque Bicentenario, justo encima de la antigua rotonda Pérez Zujovic. Vive en el piso 13 y, pese a tener una vista privilegiada, dice que ya se resignó a no usar su terraza.

—No tengo ninguna posibilidad de teletrabajar ahí. Ni siquiera la ocupo, no le tengo ni muebles. Cuando vienen amigos o visitas, los recibo adentro. La terraza ni la uso —cuenta.

Aunque reconoce que el ruido es molesto cuando abre las ventanas, asegura que con el tiempo se acostumbró a los sonidos fuertes y que, al menos por ahora, puede dormir bien durante la noche. Sus ventanas son de termo panel, lo que ayuda a amortiguar el ruido exterior.

Según explica Eduardo Barra Director Ejecutivo de la empresa de instalación de ventanas Bastro: Este tipo de ventanas “puede reducir hasta un 80% o 90% el impacto acústico, todo depende del diseño de las ventanas y el tipo de cristales con los que esté compuesto el termopanel. Existen cristales laminados acústicos que son los que mayor efectividad tienen”, señala.

Pese a eso, no todos logran adaptarse. Juanita cuenta que un amigo suyo vive justo enfrente —en el edificio que da directo sobre Kennedy— y que ya no aguanta más. Decidió poner su departamento en venta por culpa del ruido.

El hombre accedió a hablar, pero pidió no ser identificado, por temor a que eso afecte la venta de su propiedad.

—Me voy porque no puedo dormir. Anoche, a las tres de la mañana, pasó una Harley-Davidson que despertó a todo el barrio. Cambié mis ventanas por un termo panel más moderno, alemán, pero no funcionó. Duermo con una almohada a cada lado para aislar el ruido. A veces uso tapones, otras veces me pongo los AirPods con música relajante, y aún así no logro descansar —explica.

El amigo de Juanita practica yoga y meditación, pero asegura que el ruido terminó por quebrar su equilibrio.

—Llevo seis años acá, pero me voy en tres meses. Me cambio a una calle sin ruido. Ahora me despierto al menos tres veces por semana en la madrugada. Y cuando no duermes bien, andas de malas, con las piernas tiritonas, poco creativo. Todo eso te afecta. Me impresiona saber que vivo en el lugar más ruidoso de Santiago —comenta.

La percepción del amigo de Juanita no está lejos de la evidencia. Según Hugo Lobos, jefe de la Sección Ruido del Ministerio del Medio Ambiente, ambos vecinos del sector oriente de Santiago viven expuestos a niveles de ruido que afectan mucho más que el descanso.

—La exposición crónica al ruido genera una serie de efectos no auditivos. Entre ellos, molestia e irritabilidad, alteraciones del sueño, aumento del estrés, dificultades cognitivas en estudiantes y un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Estos impactos refuerzan la necesidad de considerar el ruido como un factor relevante en la protección de la salud pública —indica.

La doctora Sofia Waissbluth va más allá.

–La exposición continua a ruidos moderadamente altos puede provocar aumento del estrés, pudiendo elevar los niveles de cortisol y de adrenalina. Si este ruido está presente durante la noche, puede afectar además la calidad del sueño y niveles de concentración –señala.

Departamental con Autopista Central: enfrentar el ruido sin termo panel

–¿Ah?.

En el departamento de Eduardo Pizarro, ubicado en el primer block del museo a cielo abierto de San Miguel –el que tiene dibujado un caballo en su fachada – cuesta escucharse. El conjuto habitacional de la Villa San Miguel comenzó a habitarse en 1960, en su gran mayoría familias de obreros de la compañía manufacturera de productos de cobre Madeco y de Madensa.

En esa época la Ruta 5 estaba al nivel de la calle y el tránsito vehicular era mucho menor, hoy la autopista es subterránea y el cruce con la Avenida Departamental, donde pasan buses, micros y camiones la convierten en otra de las tres intersecciones urbanas más ruidosas de la capital.

La casa de Eduardo tiene piso de baldosas, una moderna cocina eléctrica y un frondoso antejardin que precisamente da a la caletera. Es complejo escucharse dentro y fuera de la casa. El bullicio de las micros y los camiones no da tregua ni a Eduardo ni a su pareja, ni a sus gatos. Según él mismo hasta sus queridas plantas lo sufren.

–El ruido y el smog igual les afectan. En esta época solo sobreviven las que son más fuertes –cuenta con un constante ruido de autos en el fondo, el que se podría confundir con el de una cortadora de pasto o el de un secador de pelo.

Para Eduardo escapar del ruido ya no es una posibilidad. Simplente hay que aceptarlo. Él, a pesar del ruido invita a familiares y amigos asados en su patio, incluso los domingos, el día en el que hay más ruido porque se instala una gran feria libre.

Eduardo Pizarro añade que en su esquina además acontecen una gran cantidad de accidentes. El último de ellos –de grandes dimensiones– ocurrió este año, cuando un bus del Transantiago cayó a la Autopista Central desde paso nivel, dejando a once lesionados.

–Esta es una esquina bien complicada, le llaman la esquina de la muerte. Pero además de los accidentes el ruido igual afecta; nosotros para conversar o ver tele tenemos que cerrar las ventanas para que baje un poco el ruido molesto –señala Eduardo.

–Nosotros ya nos acostumbramos , pero cuando viene gente que no está acostumbrada le cuesta escuchar y poder hablar en la casa –concluye Manuel.

Una ciudad acostumbrada al ruido y los esfuerzos por bajar los decibelios

El ministerio de Medio Ambiente cuenta con una red de monitoreo del sonido compuesta por 20 estaciones a lo largo del país. Doce de ellas se ubican en Santiago. Gracias dicho monitoreo se lograron identificar resultados significaticos en cuanto a la disminución del ruido .

Por ejemplo, entre el 2019 y el 2023 se evidenció una disminución de 44% del ruido en el Eje Alameda durante la hora punta de la mañana y de un 40% en las tardes. Esto se debe, principalmente, al aumento de la electromovilidad en el transporte público.

Desde el ministerio indicaron que actualmente se encuentran elaborando una norma primaria de calidad ambiental para ruido que permitirá establecer niveles de calidad de ruido ambiental para proteger la salud de la ciudadanía.

Respecto al principal causante de ruidio en la ciudad desde el Ministerio también indicaron que existen eventuales trabajos que podrían traducirse en una baja de ruido en los sectores urbanos cercano a las autopistas y carreteras. “En relación a las barreras en autopistas, se han instalado para el control de ruido generado por las autopistas urbanas (una de las principales fuentes de ruido en la ciudad) en el marco del programa “Buen Vecino” de MOP. Se espera que una barrera acústica disminuya entre 5 a 10 dB el ruido generado por el tránsito vehicular”, señalaron desde la cartera.

En tanto los datos del sector inmobiliario dan cuenta de que Santiago es una ciudad que se acostumbró al ruido, o al menos una en que sus habitantes aceptan el costo de vivir en medio del bullicio. Aspi lo demuestra la baja depreciación que tienen los departamentos ubicados cerca de una autopista.

“El efecto puede ir desde una depreciación marginal hasta un 10%, pero en muchos casos, especialmente en zonas urbanas o industriales, el efecto es prácticamente nulo”, indican a The Clinic desde GPS Property.

En referencia a la devaluación en cada punto de las tres zonas más ruidosas de Santiago dese GPS Property añadieron: “En sector oriente el efecto es marginal, generalmente no supera un 3%-5%, y muchas veces está totalmente compensado por la conectividad. En algunos casos, proyectos bien diseñados y con buena aislación pueden incluso mantener su valor sin variación”.

Respecto a San Miguel la situación es practicamente igual, incluso puede ser ventajosa: “Estar cerca de avenidas principales puede ser incluso visto como un atributo por la conectividad, siempre que el diseño del edificio mitigue adecuadamente el ruido. En estos casos, el impacto en el valor es muy acotado o inexistente” indican.

Finalmente en Santiago Centro el impacto del precio de una propiedad ubicada al lado de una autopista también es mónimo: “Aquí el ruido ambiental es parte del contexto urbano, por lo que su impacto en el precio de propiedades es menor. La demanda se enfoca más en cercanía a transporte público y servicios, por lo que la depreciación por ruido difícilmente supera el 5%”, indican desde GPS Property.

Las justificaciones para la poca variación de precios son compartidas por Solange, la mujer que vive en Compañía con Manuel Rodríguez, en el centro de Santiago, y que a veces se debe encerrar en el baño para hablar por teléfono dice que el sacrificio vale la pena.

–El ruido es terrible, pero acá tengo supermercados, hospitales, el Metro, está todo cerca y eso lo compensa –asegura.

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