Opinión
29 de Junio de 2025
La pesadilla francesa: el progresismo huérfano
Por Kike Mujica
"Así como partió, así terminó. Siempre fue Bachelet y no Tohá, ni Jara ni Winter ni nadie. Luego, era Vodanovic y no Winter. El sueño de Lautaro era Jadue, no Jara. El único plan A fue el plan que diseñó Mulet para Mulet", dice el columnista de The Clinic, Kike Mujica, en su columna de esta semana, en la que aborda los resultados de las primarias oficialistas.
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Así como partió, así terminó.
Siempre fue Bachelet y no Tohá, ni Jara ni Winter ni nadie.
Luego, era Vodanovic y no Winter.
El sueño de Lautaro era Jadue, no Jara.
El único plan A fue el plan que diseñó Mulet para Mulet.
Quizá por ello, por esa partida en las que lo que debían estar en la papeleta al final no estuvieron, la gran derrota del oficialismo ayer fue que no logró movilizar ni siquiera al mismo número de votantes de las primarias del 2021: casi 330 mil votos menos. Y eso que, en dicha instancia, ni el PS ni el PDD presentaron candidatos.
Ayer votaron 1.420.000 personas. El padrón electoral es de 15.450.377. Un misérrima movilización.
En la tarde, antes de conocerse los resultados, hablé con dirigentes socialistas. Ni uno creía que Tohá ganaría. Pero con honestidad me confesaban que su mayor preocupación no era esa: era la baja convocatoria.
La tesis -y por ello la desazón imperante- es que la derecha ha logrado captar mayorías que la izquierda ha dejado huir.
Por eso, ayer los “partidos de masas” debían demostrar la capacidad de entusiasmar y lograr una votación maciza. Esos mismos partidos que se autoasignan el rol de articuladores entre el poder de las elites y el mundo social. Los partidos de los obreros, de los trabajadores, de los universitarios, de los empleados públicos, de las feministas, de los ambientalistas. Los partidos que aunque lo nieguen sintieron -o soñaron- que el estallido era su estallido.
Una participación importante podría haber sido un nuevo aire para derrotar a la derecha. Sobre todo a Kast. El temor de la izquierda chilena es que JAK logre una votación importante en los sectores donde la izquierda dice que campea: el mundo popular.
La mayor pesadilla es Francia 2002, cuando la izquierda quedó fuera de la segunda vuelta y el país tuvo que elegir entre Jacques Chirac o Jean-Marie Le Pen.
JAK y Matthei en segunda vuelta provoca pánico. Y al igual que en Francia, el progresismo de comparsa.
Ese escenario que era imposible, pasó a muy improbable y ayer podríamos decir que mutó a probable.
¿Hay algo más soporífero que el partido que define el tercer y cuarto lugar en el mundial?
La primaria del oficialismo ayer pareció eso.



