Las agresiones contra A.G. ocurrieron hace más de cinco años dentro del Hospital Base de Osorno, pero solo salieron a la luz esta semana con la filtración de videos donde se ve cómo cuatro funcionarios lo reducen, lo golpean y lo someten a humillaciones extremas. La viralización de esas imágenes desató una cadena de consecuencias: la destitución de los implicados, su detención y la inminente formalización por tortura. La investigación de The Clinic permitió reconstruir un cuadro aún más amplio: fotos íntimas difundidas como stickers de WhatsApp en tono de burla, disparos con pistolas de juguete en plena oficina, llaves de lucha que le provocaron fracturas, controles abusivos sobre sus finanzas personales. Aquí, además, se revela la propagación de datos erróneos: la víctima no ha sido diagnosticada con TEA.
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