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El nuevo chileno maestro chasquilla: cómo el “hazlo tú mismo” se volvió una necesidad postpandemia
Lo que comenzó como una necesidad durante la pandemia se transformó en una tendencia que llegó para quedarse: el auge del “hazlo tú mismo”. Impulsados por el alza de precios y el deseo de autonomía, miles de chilenos han convertido sus casas en talleres y se han atrevido a reparar, crear y aprender con sus propias manos. Un fenómeno que refleja no solo ingenio y creatividad, sino también una nueva forma de enfrentar los tiempos difíciles: haciendo, arreglando y construyendo desde el hogar.
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La pandemia cambió la forma en que habitamos nuestras casas. Lo que antes era solo un lugar de paso se transformó en oficina, taller y refugio. En medio del encierro y la incertidumbre, miles de chilenos comenzaron a mirar sus casas con otros ojos: la gotera que llevaba meses, la repisa que siempre quedó por instalar o la pared que pedía una mano de pintura. Así nació un fenómeno que no solo creció durante el confinamiento, sino que se consolidó después: el auge del “hazlo tú mismo”.
Hoy, arreglar, pintar o remodelar ya no es tarea exclusiva de técnicos o maestros especializados. Impulsados por el alza de los precios en servicios y materiales, cada vez más chilenos han optado por reparar y crear con sus propias manos. El resultado es un país que, sin darse cuenta, se volvió un poco más autosuficiente y bastante más creativo.
Un boom en ferreterías y tutoriales
Las cifras lo confirman. Desde 2020, las ventas de productos para bricolaje, pintura, electricidad y carpintería han crecido de forma sostenida. Grandes ferreterías reportan aumentos de hasta un 30% en artículos básicos para el hogar, como taladros y atornilladores, cajas de herramientas y materiales de reparación.
Pero el fenómeno no se limita al comercio físico. Las plataformas de tutoriales, desde YouTube hasta TikTok, se convirtieron en verdaderas escuelas técnicas populares. Frases como “lo aprendí en un video” o “vi cómo hacerlo en Instagram” se repiten cada vez más entre quienes se atreven con proyectos domésticos. Cambiar un enchufe, instalar un mueble o incluso usar un esmeril dejaron de ser tareas intimidantes para transformarse en desafíos cotidianos.
“Hazlo tú mismo”: Una cultura del arreglo que se profesionaliza
Aunque el espíritu “maestro chasquilla” siempre ha estado presente en la identidad chilena, hoy adquiere una nueva dimensión. Si antes era un parche o una improvisación, ahora es un ejercicio de autonomía y orgullo. Las personas no solo reparan por necesidad, sino también por gusto.
El bricolaje se convirtió en un espacio de aprendizaje y creatividad: quienes antes dependían de un técnico ahora planifican, cotizan materiales y ejecutan sus propios proyectos. En redes sociales proliferan cuentas dedicadas al “DIY chileno”, donde se comparten trucos, errores comunes y resultados con orgullo casi artesanal. En esa mezcla entre ahorro y satisfacción personal, el chileno medio encontró una forma de resistir la inflación, fortalecer su autoestima y reconectarse con la idea de hacer las cosas por sí mismo.
Más que una tendencia: un cambio social
El auge del “hazlo tú mismo” no solo habla de economía, sino también de un cambio cultural más profundo. Aprender a arreglar o construir no es solo una cuestión práctica; es también una manera de recuperar control en tiempos de incertidumbre. La herramienta se vuelve símbolo de independencia, y cada arreglo exitoso, un pequeño triunfo ante la precariedad.
De esta forma, los patios se convirtieron en talleres, los balcones en zonas de carpintería improvisada y los fines de semana en jornadas de ensayo y error. Chile se llenó de nuevos aficionados al arreglo doméstico, que entre tutoriales y consejos de redes, han aprendido a dominar desde lo más simple hasta lo más complejo.
Equiparse para el próximo proyecto
Para quienes ya se contagiaron del espíritu “hazlo tú mismo”, la buena noticia es que equiparse hoy es más fácil que nunca. Aprovecha el CyberMonday de Easy, ahí encontrarás todo lo necesario para continuar con los proyectos del hogar: desde cajas de herramientas completas hasta taladros, atornilladores y esmeriles, con descuentos pensados para quienes quieren seguir aprendiendo y reparando.
Porque si algo dejó la pandemia, es la certeza de que el chileno promedio ya no espera al técnico. Se arremanga, busca el tutorial y lo hace igual. Y en ese gesto, entre el ruido del taladro y el orgullo del trabajo bien hecho, se esconde una nueva forma de resistencia doméstica.