Tiempo Libre
20 de Noviembre de 2025“Nos necesitamos el uno al otro”: cómo el reencuentro de Oasis culminó en uno de los mejores conciertos (y campañas de marketing) del año en el Nacional
Dieciséis años después de su separación, Oasis volvió a Chile con un espectáculo monumental que reescribe por completo el recuerdo de su último concierto en Santiago. En un Estadio Nacional con 64 mil asistentes los hermanos Gallagher sellaron un reencuentro total: un setlist idéntico al de toda la gira, un inicio simbólico con Hello, un Richard Ashcroft enorme como telonero y un público que vivió la noche como una reparación largamente esperada, aunque no se mostró particularmente eufórico.
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El setlist se sabía hace meses. Desde aquel regreso en Cardiff, el pasado 4 de julio, Oasis ha tocado exactamente las mismas canciones en el mismo orden. Y esta noche, en uno de los últimos conciertos del “Oasis Live 25” en el Estadio Nacional, sus éxitos entregaron un espectáculo con la fuerza que el reencuentro merecía.
La primera canción fue Hello. Y su coro —“Hello, it’s good to be back”— funcionó como una síntesis emocional de un reencuentro que hasta hace poco parecía imposible.
Sí, es bueno tener a los Gallagher de vuelta. Y el Estadio Nacional lo recibió como tal.
Desde temprano el show se sintió distinto a cualquier presentación del dúo en Chile. Con la entrada de Richard Ashcroft —el vocalista de la mítica The Verve, que se lució con Bitter Sweet Symphony, Sonnet y otros clásicos y presentó a Oasis como la mejor banda de rock del mundo— quedó claro que la noche estaba preparada para dimensiones mayores.
Tres pantallas gigantes enmarcaron un escenario grandilocuente, el mismo setup de la gira británica, que en Argentina no pudo desplegarse por completo y que en Ñuñoa recuperó su tamaño original.
El contraste con el último concierto de Oasis en Chile —mayo de 2009, Movistar Arena— fue total. Aquella vez el recinto ni siquiera se llenó. La banda estaba quebrada, agotada, a días de su separación definitiva, y ese distanciamiento se veía venir en los gestos de los hermanos.
La prensa de la época lo registró con precisión: “Esa marcada división familiar, que a veces huele a marketing, parece volver a emerger y se confirma tras el cierre con I Am the Walrus (de The Beatles). Todos se marchan pronto, incluido Liam Gallagher, mientras Noel se permite alargar unos segundos su despedida”.
Esa fractura que Santiago vio en 2009 encuentra hoy un contrapunto, no solo por presentar esta noche el cancionero más robusto de la banda en el país, sino también porque el quiebre se había notado sobre el escenario, la reconciliación pareció materializarse en el segundo single de la noche: Acquiesce. Noel la escribió hace casi tres décadas, pero esta vez sonó como una confesión reciente:
“Porque nos necesitamos
Creemos el uno en el otro
Y sé que vamos a descubrir
Lo que duerme en nuestra alma”.
Cuando Acquiesce terminó, el estadio ya estaba completamente entregado.
La conexión de los Gallagher y toda la banda con el país se demostró no solo en el escenario. Noel Gallagher fue uno de los más activos, visitó el restaurant Fukasawa y fue al show de Billy Idol, quien se presentó ayer en Santiago.
Liam, en cambio, tuvo una llegada más reservada. Se quedó más tiempo en una finca lejana a Buenos Aires y su estancia es Chile, donde llegó en un vuelo privado, fue una incógnita hasta el concierto.
Incluso un fan le preguntó por X que es lo que estaba haciendo en Chile. Él le respondió, en su particular tono, que no podía dar su ubicación “por motivos de seguridad”.
En tanto, el guitarrista fundador de Oasis –y el principal responsable del reencuentro del grupo– Paul “Bonehead” Arthurs visitó el teleférico y el MUT y el bajista Andy Bell fue a unas termas en el Cajón del Maipo.

La “glory” de Oasis
Tras un inicio arrollador Oasis continuó con Morning Glory, uno de sus mayores hits. Liam hizo aplaudir al público, quienes lo siguieron. La voz de los hermanos parecía intacta. De estudio.
El Show prosiguió con una seguidilla de las canciones compuestas por Noel e interpretadas con el aura característica de Liam como: Some Might Say, Bring It On Down, Cigarettes & Alcohol, Fade Away y Supersonic, entre otras.
El cancionero conectó con los asistentes, en su mayoría contemporáneos a la banda y millennials que se hicieron adultos escuchando sus canciones y que llegaron en masa vestidos con la indumentaria que la marca que Adidas hizo especialmente para esta gira, la que resultó un éxito de marketing a nivel mundial.
Camisetas de futbol negras y celestes, polerones con el logo de la banda, hicieron parecer a Oasis un verdadero equipo de futbol. Uno que genera tanto fanatismo como su querido Manchester City. De hecho la banda volvió a subir un maniquí de Pep Guardiola, imagen del entrenador español que los acompañó en toda su gira.
Uno de los peaks de la noche llegó con Stand by me, uno de los grandes éxitos de Oasis dio paso a un karaoke masivo de los 64 mil asistentes, según cifró la productora DG Medios, público que si bien coreaba las canciones, no se mostró particularmente eufórico, al menos en las zonas más preferenciales.
La canciones que siguieron, al igual que en toda la gira fueron, Cast No Shadow, Slide Away, Whatever, Live Forever y Rock ‘n’ Roll Star.
Tras una breve salida del escenario el bis comenzó con The Masterplan cantada por Noel Gallagher quien fue acompañado por un conjunto de bronces.

Noel continuó con Don’t Look Back in Anger, preguntando al público que “cuántos estaban por primera vez en show de Oasis”, dejando en claro que el regreso tras años de separación trajo consigo a nuevos fans.
El show continuó con el regreso de Liam al escenario y la interpretación de su obra más popular: Wonderwall.
Tras la canción, Liam le habló al público diciendo “espero verlos de nuevo” su breve alocución dio paso al cierre del show -con fuegos artificiales incluidos- como parte de la producción, una bengala prendida por el público y con Champagne Supernova elegida como la canción final.
Cuando los últimos acordes de Champagne Supernova se apagaron en el Nacional, quedó flotando la sensación de haber presenciado algo irrepetible: no solo el retorno de una banda top, sino el reencuentro de un mito vivo. Oasis se retiró entre bengalas, coros y abrazos, como si después de años por fin hubiera llegado el momento de saldar la deuda. Y mientras los hermanos Gallagher desaparecían por la escalinata del escenario, quedó claro que este regreso —con toda su historia, sus rupturas y su reconciliación— no se explica solo por el peso de la nostalgia, sino por la vigencia intacta de sus canciones, de su voz. De su música.



