Tendencias
23 de Enero de 2026Rodolfo Rondón, el científico que lleva a Chile a la primera línea en el estudio de microplásticos en la Antártica
El investigador del Inach tuvo una pasantía en el laboratorio del OIEA en Mónaco, donde trabajó en técnicas y protocolos para detectar microplásticos en organismos antárticos como el kril.
Compartir
El investigador del Instituto Antártico Chileno (Inach), Rodolfo Rondón, realizó una pasantía en el Laboratorio de Medio Ambiente Marino del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), en Mónaco, instancia clave para fortalecer las capacidades de Chile en el estudio de microplásticos en la Antártica.
Durante su estadía en el Laboratorio de Medio Ambiente Marino del OIEA, Román trabajó en la cadena completa de análisis. Desde la recepción y preparación de las muestras hasta su procesamiento en equipos de espectroscopía, en un entorno con estrictos controles para evitar la contaminación entre materiales.
Sobre esta experiencia, Rondón comentó que quedó “gratamente sorprendido de cómo funciona todo el laboratorio desde el comienzo hasta el final del tratamiento de las muestras. Todo el control que se lleva para que estas muestras no sean contaminadas hasta el momento en que se van a usar las máquinas para detectar y cuantificar microplásticos”.
Uno de los principales aprendizajes, puntualiza el investigador, estuvo en los organismos vivos. “Lo que más aprendí fue cómo estandarizar protocolos o armonizar protocolos para detectar microplásticos en la biota, que en este caso fue el kril. Pero perfectamente se puede hacer en cualquier otro tipo de organismo para armonizar un protocolo”, añadió.
El trabajo de Rodolfo Rondón con el kril
Para el trabajo con kril, las muestras pasan primero por un proceso de conservación y preparación que incluye congelación. En el caso de su traslado a Mónaco, liofilización para secarlas en frío sin alterar los microplásticos presentes. “Estas muestras las congelamos hasta que podamos procesarlas. Lo ideal es mientras están congeladas porque es más fácil quitar el caparazón. Pero como no es el caso cuando las llevamos para Mónaco, tuvimos que liofilizarlas, que es secarlas en frío”, detalla Rondón.
A continuación, los ejemplares son sometidos a una serie de digestiones químicas y enzimáticas para eliminar tejido y restos de caparazón sin perder los microplásticos. El científico aseveró que “lo más difícil de toda la estandarización de la metodología es que la digestión no es tan sencilla. Si quedan o no remanentes de tejido, o si quedan remanentes de caparazón y eso evita la lectura en el equipo”.

Tras la digestión, las muestras se filtran en filtros de oro, paso crítico para que puedan ser leídas por el LDIR. Se trata de un pequeño aparato que es de la dimensión de una impresora. Éste lo detecta, lo cuantifica, lo caracteriza en cuanto a tamaño, peso, forma y el polímero. “Es la parte más interesante, que nos dice si es polipropileno, si es polietileno, si es poliestireno”, describe el investigador.
Según Rodolfo Rondón, los protocolos desarrollados en conjunto con el OIEA buscan que “sean microplásticos de 20 a 300 micros y que sea visible en los equipos como el LDIR”, cubriendo así un rango específico de partículas. El científico destaca que esta tecnología “automatiza todo el procedimiento” y que “lo que se haría en una semana o dos semanas, incluso en un mes, se pueda hacer en unas cuantas horas”, lo que reduce de manera significativa los tiempos de análisis.
En paralelo, se avanza en un proyecto regional complementario que coordina zonas de muestreo, organismos y matrices bióticas a analizar. Esto, con el objetivo de obtener resultados comparables y útiles para la toma de decisiones en la región. A mediano plazo, se espera que la capacidad instalada permita que el país se consolide como laboratorio de referencia en microplásticos antárticos.



