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26 de Marzo de 2026El director italiano Gianfranco Rosi habla sobre su premiado documental sobre Pompeya: “Creemos que nuestra civilización es infinita, pero la historia muestra lo contrario”
El nuevo documental de Gianfranco Rosi, "Pompeya: Bajo las nubes", llega a la plataforma de streaming Mubi. El director italiano realiza por primera vez en 30 años un filme en blanco y negro y en conversación con The Clinic, el cineasta comparte la razón detrás de esta decisión, por qué decide vivir tres años en el lugar de rodaje y reflexiona sobre el sentimiento de vivir con miedo a la destrucción de la civilización.
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Del galardonado director Gianfranco Rosi, llega a Mubi su último documental “Pompeya: Bajo las nube”s, la película que tuvo su Premiere Mundial en el 82° Festival de Cine de Venecia, donde ganó el Premio Especial del Jurado. El filme presenta un notable retrato humano de Nápoles, una ciudad marcada por la imponente presencia del monte Vesubio. Mientras la amenaza silenciosa del volcán persiste en el fondo, Rosi torna su lente hacia el ritmo cotidiano de la vida, que continúa sin perturbaciones. Arqueólogos desempolvan cuidadosamente siglos de polvo para revelar fragmentos de historia, niños recitan sus lecciones mientras la tierra resuena bajo sus pies y los bomberos están listos para el siguiente llamado.
A través de estos momentos e imágenes, la película revela una comunidad que ha aprendido a vivir con la incertidumbre. El resultado es un retrato local y universal que propone una reflexión sobre la capacidad de la humanidad de vivir, amar y reconstruirse a la sombra de lo inimaginable.
La última película de Gianfranco Rosi está disponible de forma exclusiva en la plataforma de streaming Mubi desde el 27 de marzo. Al igual que sus películas anteriores (Fire at Sea, Notturno), esta última película es una obra de inmersión cinematográfica. Rodada en Nápoles y sus alrededores durante tres años, mientras Rosi se integraba en las comunidades del Vesubio y las que lo rodean, “Pompeya: Bajo las nubes” se convierte en su primer largometraje en blanco y negro en más de treinta años.
–¿Cómo fue el proceso de vivir tres años en las comunidades cercanas al espacio y en qué se basa la elección de las escenas?
–Para mí, el tiempo es una de mis mayores inversiones. Cuando empiezo una película, no sé realmente a dónde me va a llevar, no hago mucha investigación, simplemente me sumerjo. Primero encuentro el espacio, luego a las personas y después construyes confianza, que es clave. Paso mucho tiempo con las personas que forman parte de la película así trato de entender su vida. Para mí la veracidad en un documental está en absorber la vida cotidiana. Después tengo que trabajar mucho con la sustracción, porque cada historia podría ser un documental en sí mismo. Entonces la idea es cómo se entrelazan.
El director –según menciona– entiende su vida filmando y luego en el montaje encuentra la estructura. Su línea de trabajo se basa en tres elementos: transformación, sustracción y conexión. La transformación es cómo encuadra la realidad, la sustracción es quitar información y la conexión la descubre la audiencia.
“No me gusta dar demasiadas respuestas, prefiero dejar espacio al espectador”, señala Rosi, quien con la intención de mostrar la complejidad del mundo, le interesa que cada persona tenga una interpretación distinta, reconociendo que es ahí cuando una película se vuelve política, cuando queda espacio de interacción.

El Vesubio como la representación del miedo que se vive a diario en el mundo
Gianfranco Rosi destaca que la intención es que la audiencia haga su propia reflexión. En este contexto, señala que la película se ha mostrado en todo el mundo y cada persona la interpreta distinto, por lo mismo, espera que cada espectador la transforme según su propia cultura y experiencia, reconociendo que “es una película que exige mucho del espectador”.
Aunque considera que cada persona debe hacer sus propias reflexiones, el director entrega su visión sobre el desastre de Pompeya, reconociendo que la figura del Vesubio no es necesariamente una literal sino que una que ve “como una figura mítica –casi como una deidad– que es destructor y regenerador”.
Rosi ahonda en este pensamiento, donde reflexiona sobre la preservación de la civilización de Pompeya, la cual fue destruida hace 2.000 años pero, conservada gracias a las cenizas y a través de la arqueología “volvió a la vida”. “Creemos que nuestra civilización es infinita, pero la historia muestra lo contrario, la pregunta es ¿qué dejamos atrás?”, añade.
En este contexto, considera el miedo –vinculado al volcán– como un elemento clave del documental. A través de Nápoles, el director presenta el sentimiento de miedo como uno universal, el cual puede venir de guerras, desastres naturales o conflictos sociales. “Ahí no te preguntas cuándo llegará el desastre, sino por qué no nos damos cuenta de que ya estamos viviendo en él”, concluye Rosi.
Una historia contada a través de silencios y la ausencia de color
El filme utiliza distintos elementos para poder narrar la historia. Pese a ser un documental, no se incluyen narraciones ni explicaciones sobre lo que se muestra, optando por incluir distintas escenas con situaciones que muestren cómo se vivía en las localidades cercanas al monte Vesubio con el miedo presente al estallido del volcán.

–¿Cómo aporta a la trama del documental los silencios durante la película?
–Filmar el silencio es lo más difícil y lo más importante. En la música el silencio conecta las notas, sin él no hay composición. En el cine es igual. El silencio permite conectar historias y que el espectador participe ya que este crea una sensación de suspensión del tiempo.
El director juega con el elemento del silencio mientras la película utiliza archivos los cuales se muestran en un cine abandonado, el cual vio como “un sitio arqueológico”. La totalidad del filme es en blanco y negro, un aspecto completamente intencional.
En conversación con el director, este menciona su “fuerte conexión” con el cineasta italiano Roberto Rossellini y su forma de trabajar con la realidad. La filmografía de el italiano actualmente es reconocida por trascender los límites puramente cinematográficos para convertirse en auténticos documentos históricos del siglo XX.
Rosi reconoce que filmar en blanco y negro “transforma inmediatamente la realidad en algo parecido a archivo”. No quería que el archivo fuera un contrapunto separado, sino parte de la memoria colectiva.



