Hernán Larraín Matte: “Si Chile Vamos no muestra carácter dentro de este Gobierno, puede quedar subsumido en una falta de identidad”
El expresidente de Evópoli e investigador de Horizontal sostiene que la administración de José Antonio Kast ha caminado entre dos identidades: el diálogo y la confrontación. En ese escenario, dice que Chile Vamos debe resolver si como parte del oficialismo se asimilará al Partido Republicano o recuperará su identidad. El exconvencional también analiza las primeras semanas de Kast en La Moneda y adelanta: “Son muchos los que vamos a levantar la voz si se inicia una batalla cultural desde el Gobierno, porque sería un engaño”.
Por Eduardo Monrroy 29 de Marzo de 2026
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No jugar al silencio. Ese es el llamado de atención que en los últimos días ha comenzado a realizar Hernán Larraín Matte (51) a la centroderecha, a dos semanas del aterrizaje de José Antonio Kast en La Moneda.
Quien fuera presidente de Evópoli cuando se originó el primer proceso constitucional, del cual fue parte, cree que el sector debe mostrar carácter dentro de esta administración y tomar liderazgo para que las reformas que prometió el Gobierno de Kast lleguen a puerto.
Si no, advierte el investigador de Horizontal, el bloque corre el riesgo de quedar en una posición similar, dice, a la de los partidos del Socialismo Democrático durante el gobierno de Gabriel Boric, además de perder su capacidad electoral.
El autor del libro La derecha liberal sí existe —en el que entrega una mirada en torno a las nuevas derechas que disputan el actual escenario político— analiza también las primeras señales de la nueva administración y adelanta que levantará la voz si el Gobierno comienza a dar una batalla cultural.

“Chile Vamos debe resolver si con sumarse al Gobierno será más de lo mismo con lo que es el Partido Republicano o si tendrá una identidad propia”
—Esta semana salió a defender el proyecto de Chile Vamos frente al Gobierno. ¿El bloque está vigente?
—Chile Vamos es un proyecto político que estuvo dos veces en La Moneda y que fue unido a la carrera presidencial y parlamentaria reciente, esa es la mejor demostración de que políticamente está unido. Sin embargo, después del triunfo republicano, en Chile Vamos no nos hemos hecho varias preguntas. Estas son si vamos a seguir articulándonos como proyecto y si hay una identidad compartida.
Mi impresión es que Chile Vamos tiene un proyecto que es muy valioso, tiene una experiencia acumulada, cuadros técnicos y comparte una forma de hacer política y de entender cómo avanzar. Creo que eso hoy es más importante que nunca.
—Pero Chile Vamos resultó quinto en la última presidencial.
—Haría una distinción. Efectivamente salimos quintos en la presidencial y eso amerita una reflexión. Pero también es cierto que al ganar José Antonio Kast, invitó a un arco de partidos y de personas a participar de su gobierno, y la pregunta es si ese mundo que participa de Chile Vamos simplemente se va a sumar a ese gobierno para ser más de lo mismo de lo que es el Partido Republicano o si hay una identidad, una forma de entender la política que debiera hacer la diferencia.
Yo creo más en lo segundo. Creo que Chile Vamos es un proyecto que entiende la gobernabilidad desde la experiencia, que tiene vocación de mayorías, que cuando fue oposición a Boric, apoyó proyectos de ley importantes para el país y defendió sus convicciones con claridad. Pienso en la reforma tributaria, en la ley Naín-Retamal, en las 40 horas, entre otros.
Por lo tanto,esa vocación reformista, pero también dialogante, va a ser muy valiosa, especialmente en un gobierno que da la impresión que camina entre dos identidades: la de los últimos 10 años que es una posición dura y confrontacional, y la del discurso del Presidente en segunda vuelta, cuando habló de unidad nacional, gobernar para todos los chilenos, de diálogo y de respetar al adversario. Creo que la identidad de Chile Vamos, que tiene mucho valor, debiera hacer sentirse con fuerza.
—¿Por qué hasta ahora no se ha sentido con fuerza?
—Creo que sí está en la medida de que la conducción política, lo que es Interior y Segpres, está en personas como Claudio Alvarado y Pepe García. Ahí hay experiencia, son personas dialogantes y se han hecho sentir, como ocurrió esta semana cuando se tramitaron los proyectos por el alza de los combustibles. Lo propio ocurrió con la negociación de la mesa para la Cámara de Diputados.
Entonces, esa experiencia, capacidad de diálogo y apertura de entender que el otro no es un enemigo al cual doblegar, es una cuestión que creo que Chile Vamos tiene que hacer sentir y hacer pesar.

“Si el Gobierno toma una lógica polarizante y confrontacional, va a ser muy difícil que saque adelante su ambiciosa agenda de reformas”
—¿Ve ambición de quienes dirigen estos partidos por continuar ese proyecto, por marcar diferencias?
—Siento que ha pasado algo similar a lo que le ocurrió a Chile Vamos en el segundo proceso constitucional. Cuando republicanos ganó inapelablemente la elección de consejeros, Chile Vamos terminó en la práctica trabajando con republicanos bajo su liderazgo, pero sin marcar diferencias, salvo algunas muy puntuales. Sin demostrar su identidad y sin comprometerse a que el proceso avanzara a través de diálogos y acuerdos. Todos sabemos cómo terminó ese proceso y hubo varias voces que levantamos un punto: si Chile Vamos hubiera tenido carácter y hubiera defendido la forma en que hace la política, ese proceso hubiera terminado distinto.
Espero que en vista de lo que estamos viendo, Chile Vamos comprenda que tiene una responsabilidad y que tiene una oportunidad de liderazgo, que es darle una conducción dialogante y reformista al gobierno. Porque creo que si el gobierno toma una lógica polarizante y confrontacional, va a ser extraordinariamente difícil sacar adelante la ambiciosa agenda de reformas que este gobierno tiene en el Congreso. Hay una cosa de realismo político de por medio.
—¿Cuál es el riesgo para Chile Vamos no mostrar ese carácter, no sacar la voz?
—Puede terminar subsumido en una falta de identidad. Creo que lo que le ocurrió al Socialismo Democrático en el gobierno de Boric, en relación al Frente Amplio y el PC, es una señal que Chile Vamos debiera ver con atención. Si bien personas tan importantes como Carolina Tohá y Álvaro Elizalde tuvieron un rol muy importante, nunca fue tan clara la identidad política y la fuerza que ese grupo le imprimía a la manera de gobernar. El mejor reflejo de eso fue que Jeannette Jara triplicó a Carolina Tohá en las primarias.
Es muy importante la nitidez para que tengas un proyecto político competitivo. Y hay una cosa que creo con total convicción: el Partido Republicano y el Partido Nacional Libertario representan una cuestión, mientras que Chile Vamos es otro proyecto político, que hoy están juntos por asuntos de gobernabilidad y porque hay mínimos comunes que son compartidos. Pero hay formas de hacer política que son distintas.

“Disentir no es sumarse a un coro de la izquierda”
—Usted ha defendido el derecho de Chile Vamos a disentir durante el gobierno. Así lo hizo Diego Schalper o el exministro Briones por el concepto de “Estado en quiebra”…
—Se han manifestado muchos disensos en privado y ese es el canal que siempre debe primar. Ahora, si el espíritu es constructivo, me parece que dibujar reflexiones también es parte de la responsabilidad, sobre todo para aquellos que estamos en una intersección entre independencia y colaboración, y que el escenario de que vuelva la izquierda a gobernar y que vuelva Boric, es uno muy malo para el país.
Ellos no han sido los únicos. Javier Macaya (UDI) levantó el mismo punto que Schalper respecto del Estado en quiebra. Y en general, si bien llevamos dos semanas, la regla general ha sido la cohesión y no la división.
—Marcela Cubillos los criticó por sumarse al coro de críticas de la izquierda…
—Bueno, habrá que poner en esa lista a la presidente del Banco Central, al exministro Fontaine, al senador Macaya, al diputado Schalper… Creo que eso no es un coro de izquierda, es un grupo de personas responsables que está haciendo un punto. Ese lenguaje es inapropiado.
—Cuando dice que el gobierno ha jugado con dos identidades, con el diálogo y la confrontación, ¿qué es lo que ha primado por estos días?
—Daniel Mansuy decía hace unas semanas que el Presidente no ha definido cuál es la identidad y el relato de su gobierno. Está entre este líder estadista que quiere gobernar para todos los chilenos y buscar acuerdos, y ese líder opositor que ha sido extraordinariamente confrontacional y duro con los de al frente. Esa cuestión, que se debate entre el diálogo y la confrontación me parece que no se ha resuelto del todo, más allá de la discusión del “Estado en quiebra” -que es una frase equivocada y desafortunada-, está en una mecánica de campaña de polarizar. Ese lenguaje no ayuda, sobre todo si tienes una ambición reformista y entiendes que es una prioridad sacar del Congreso los proyectos de ley.
—¿Cree que la lógica de campaña sigue imperando ahora que son gobierno?
—Llevan diez años así y es muy difícil cambiar ese software. Es humano lo que les está pasando. Han hecho política de una manera desde hace mucho tiempo, ahora entran a La Moneda y están empezando a manejar ese auto, que es uno complejo y con otro nivel de exposición e impacto. Creo que van a aprender, hay gente competente.
Pero más allá de ese punto, hay una cuestión más de fondo respecto a cómo el gobierno va a enfrentar su proyecto de gobernabilidad. ¿Dónde va a estar? ¿Va a estar en hablarle a su base y ser confrontacional y duro con la izquierda? ¿O va a tener una voluntad de diálogo y, por tanto, una apertura a buscar acuerdos, quizás no con todos, pero buscar repetir lo que Chile Vamos fue para Gabriel Boric?
—Otra cosa es con guitarra…
—Otra cosa es con guitarra. Y otra cosa es tener voluntad reformista y haber tenido una historia muy confrontacional para asumir que se necesita diálogo y acuerdo.

“Son muchos los que vamos a levantar la voz si se inicia una batalla cultural desde el Gobierno, porque sería un engaño”
—¿Cómo ha visto las primeras semanas del gobierno?
—El inicio, en términos generales, fue bueno. Desde que tuvieron el éxito electoral hasta que entraron a La Moneda mantuvieron una aprobación y eso habla de haber copado comunicacionalmente muy bien el espacio. Luego vino este shock externo que es extraordinariamente duro, y creo que la forma que se enfrentó, más allá de la racionalidad económica, pudo haber sido más empático y gradual. Creo que la forma en que se gestionó, insisto, puede ser correcta tecnocráticamente, pero ya estamos viendo señales desde el propio Partido Republicano, la UDI y RN que están pidiendo distintos tipos de medidas para poder aliviar los efectos del alza de combustibles. Hubo poca conciencia de que al poco andar, más medidas se iban a necesitar, y eso lo debió haber gestionado el Gobierno, incluso dialogando con la oposición. Eso ocurrió con las ayudas sociales que ocurrieron en el gobierno de Sebastián Piñera cuando a Ignacio Briones como ministro de Hacienda le tocó encabezar eso. Creo que el Gobierno buscó una salida y esa salida va a requerir más ayuda.
—¿Ha mostrado voluntad de diálogo el gobierno?
—Llevan solo dos semanas y hacer juicios categóricos es difícil. Pero no tengo ninguna duda de que Claudio Alvarado y José García son personas que tienen muy buenos vínculos con muchos sectores y con una diversidad de personas en el Congreso.
—Como alguien que defiende el liberalismo, ¿cómo evalúa las señales que se han dado? En política internacional, por ejemplo, el Gobierno no adhirió a una declaración de derechos LGBT y al mismo tiempo respaldó una declaración de EE.UU. para que el concepto de “género” solo aluda a hombres y a mujeres. ¿No es eso dar una batalla cultural?
—José Antonio Kast hizo una invitación a que este sea un gobierno de emergencia y que no iba a dar la batalla cultural. No compartiendo esas decisiones que mencionas, estas no fueron buscadas en estricto rigor por el Gobierno, sino que las tuvo que definir. Distinto sería que estuvieran dando públicamente batallas culturales, y eso hasta ahora de forma frontal y como estratégica política no lo he visto. Son muchos los que vamos a levantar la voz si eso ocurre, porque sería un engaño.
—¿Un engaño porque en campaña se dijo que no se iba a entrar en esos temas?
—Se dijo que la batalla cultural no iba a ser parte de la agenda del gobierno. Ahora, otra característica que tiene Chile Vamos es que es una alianza de distintas tradiciones, ya que hay mundos conservadores, socialcristianos y liberales, y la forma en que aprendimos a convivir juntos fue a través del pluralismo. Esa es una cuestión que está distante del proyecto de José Antonio Kast y de la cultura del Partido Republicano, pero si ellos quieren gobernar con sectores más amplio y conectarse con las grandes mayorías sociales, me parece que el pluralismo es una condición y no es una opción para poder gobernar.
—¿Se ha hablado más bien a los propios cuando se retira la candidatura de Michelle Bachelet a la ONU o se comprometen los indultos?
—He visto señales en ambos sentidos: en buscar ser dialogantes, pero al mismo tiempo he visto señales que están en la lógica de la polarización y, por lo tanto, de hablarle a una base. No apoyar a Michelle Bachelet en la ONU es parte de ese tipo de cosas. Y lo que espero es que Chile Vamos en este debate entre buscar ser un gobierno dialogante versus esta lógica más confrontacional, que influya decididamente para que la vocación sea más bien amplia y se busquen puntos de encuentro con quienes piensan distintos.
Porque se debe avanzar en reformas estructurales, en materia de empleo público, permisología, reforma tributaria y sistema político. Todas estas cuestiones difícilmente avanzarán si hay una lógica del conflicto. Chile Vamos tiene una gran responsabilidad para lograr que la balanza se incline hacia el diálogo y los acuerdos.
“Habría preferido que Evópoli se hubiera quedado a un costado del Gobierno”
—¿Cuánto lo representa este gobierno?
—Me declaro en la intersección de dos calles: independencia esquina colaboración. Fui parte de los que en Evópoli impulsamos no ser parte del gobierno, al igual como hace cuatro años apoyamos a José Antonio Kast y dijimos que si ganaba, no seríamos parte de ese gobierno. Hubo una mayoría que optó por otra cosa, y yo soy un militante disciplinado. Pero yo hubiera preferido que Evópoli se hubiera quedado a un costado, porque seriamente creo que somos dos proyectos políticos distintos. Pero las mayorías en democracia son las que son.
—El partido está luchando para no desaparecer. ¿Qué autocrítica hace como uno de sus máximos líderes?
—La mayor crítica que hago es que los principales liderazgos del partidos, los de mayor conocimiento público, muchos de ellos no fuimos a la última elección. Pienso en mí, pienso en Felipe Kast, Gonzalo Blumel, Ignacio Briones, María Emilia Undurraga y podría dar más nombres. Es muy difícil que un partido político que tiene ese capital humano y que tiene potencial electoral, no tenga esos nombres en la papeleta. La historia hubiera sido muy distinta si todos sus cuadros hubiéramos tocado eso.
—¿Si Evópoli llega a desaparecer tiene que volver a rearmarse y estar en el sistema de partidos?
—Esa es una pregunta que hay que hacerse si llega a desaparecer.



