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Opinión

25 de Abril de 2026
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic

Columna de Danilo Herrera: Ministerio de Hacienda y de la Verdad

Foto autor Danilo Herrera Por Danilo Herrera

"El Plan de Reconstrucción Nacional no es lo que dice ser. Se justifica con imágenes de familias damnificadas y un nombre que suena a urgencia. Pero al leer el texto, emerge su verdadera esencia: cerca de 3 billones de pesos anuales transferidos desde el Estado hacia las grandes empresas y sus dueños. Eso no es reconstrucción. Es un chorreo con informe financiero", escribe el columnista Danilo Herrera.

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George Orwell imaginó un Estado capaz de reescribir la realidad para ponerla al servicio del poder. En su libro 1984, como advertencia contra el totalitarismo, muestra cómo el lenguaje puede distorsionar los hechos hasta volver admisibles decisiones que, de otro modo, serían inaceptables. En Chile, esa lógica no fue ficción. Ese año, la dictadura aplicó la reforma tributaria más regresiva de la historia moderna del país. Cuatro décadas después, el gobierno de Kast quiere repetirla, esta vez con nombre de reconstrucción y a través del Ministerio de Hacienda.

El Plan de Reconstrucción Nacional no es lo que dice ser. Se justifica con imágenes de familias damnificadas y un nombre que suena a urgencia. Pero al leer el texto, emerge su verdadera esencia: cerca de 3 billones de pesos anuales transferidos desde el Estado hacia las grandes empresas y sus dueños. Eso no es reconstrucción. Es un chorreo con informe financiero.

Y los números no los pone la oposición. Los pone el propio Ministerio de Hacienda. El 79,1% del beneficio lo captura el 1% de mayores ingresos. La reintegración tributaria transfiere casi US$1.000 millones anuales a ese mismo grupo, sin que deban invertir ni contratar nada a cambio. Orwell describió tres categorías permanentes: el Partido Interior, que detenta el poder; el Partido Exterior, que lo administra; y los proles, que lo financian sin saberlo. En Chile, el 0,01% más rico recibe beneficios promedio de $450 millones anuales por persona. El chileno común paga la cuenta.

Cuando el Gobierno dice que esto es para crecer, hay que preguntar a quién le crece el patrimonio. Porque la rebaja corporativa beneficia solo al 1,9% de las empresas. Las pymes ya tienen su propio régimen. Decir que esto las ayuda no es un error, es marketing.

Lo más grave no es la magnitud del regalo, sino su duración. La invariabilidad tributaria por 25 años impide que cualquier gobierno futuro corrija los desequilibrios que esta reforma introduce. Lo que Kast propone es blindar la desigualdad por generaciones. Orwell lo llamó doblepensar: convencer a la gente de que lo que la perjudica la beneficia, y hacerlo permanente.

Esto ocurre mientras el gobierno se comprometió a equilibrio estructural el 2030, un objetivo que esta reforma vuelve matemáticamente imposible. El propio informe fiscal asume más déficit, no menos, por varios años que exceden este mandato. Desde la centroizquierda ya lo nombraron sin eufemismos: esto es refundacional, una ruptura con los equilibrios que Chile sostuvo desde el retorno a la democracia. La contradicción no la heredaron: la crearon.

Un proyecto tan regresivo exige algo más que un rechazo en bloque: exige precisión. El PDG logró arrancarle algo concreto: un subsidio para medicamentos y pañales que apunta en la dirección correcta. Es lo que debería haber estado en el proyecto desde el principio. Pero es un cheque cuyo monto exacto todavía no existe porque no conocemos el texto de esa promesa de nuevo proyecto de ley, hasta ahora nada.

La oposición más amplia tiene que hacer lo mismo: distinguir con cuidado, abrazar lo que sirve, rechazar lo que solo beneficia al 1%. Porque el relato del gobierno ya está en marcha: quien no apruebe este proyecto bloquea la reconstrucción. Es una trampa conocida, y la derecha sabe muy bien cómo tenderla.

El sueldo de la mayoría de los chilenos no alcanza para llegar a fin de mes, la UF está en $40.000, el precio de la bencina subió, la inflación no cede. Y la respuesta oficial es rebajar impuestos al 1,9% de las empresas sin decir cómo se compensa. Cuando el Estado tiene menos, lo que se recorta no son los privilegios de quienes más tienen, sino los derechos de quienes más necesitan. El Partido Interior se lleva el botín. El Partido Exterior aplaudirá en la Comisión de Hacienda. Los proles seguirán sin llegar a fin de mes.

En la novela, el Ministerio de la Verdad producía el pasado que el poder necesitaba. En Chile, el propio Ministerio de Hacienda publica cifras que contradicen el relato. Están ahí, en el informe financiero, para quien quiera leerlos. Para este gobierno, todos los contribuyentes son iguales. Pero el 1% es más igual que todos los demás.

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