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Opinión

9 de Mayo de 2026
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic

Columna de Danilo Herrera: Solo Quiroz tiene la razón

Foto autor Danilo Herrera Por Danilo Herrera

Danilo Herrera, columnista de The Clinic, analiza la postura del Gobierno y del ministro de Hacienda frente a la megarreforma. "El Gobierno no cedió en nada. Tampoco reconoció los errores del informe financiero, que tuvo que corregirse después de publicado. Tampoco abrió ningún flanco, no respondió ninguna pregunta. Siguió adelante como si el resto estuviera equivocado y solo Quiroz tuviera la razón. Y cuando le preguntaron qué pasaría si el proyecto no avanza, el ministro respondió sin pestañear: “Vamos a seguir gobernando igual, porque también están los decretos”, escribe.

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El jueves pasado, la Comisión de Hacienda aprobó en general la megareforma tributaria del ministro Jorge Quiroz. El Gobierno lo celebró como un verdadero triunfo. Pero lo que ganó fue solo una batalla de ocho votos en una comisión donde tiene mayoría asegurada. Lo que viene es otra cosa.

Para ganar esa batalla, el Gobierno ignoró sistemáticamente a quienes le dijeron que el proyecto tiene problemas serios. El Fondo Monetario Internacional bajó su proyección de crecimiento para Chile a 2,2% y advirtió que la rebaja del impuesto a las grandes empresas y el crédito tributario al empleo podrían tensionar las cuentas fiscales si no se compensan con medidas equivalentes.

El Consejo Fiscal Autónomo, en análisis unánime, determinó que el proyecto genera un déficit fiscal en todo el horizonte 2026-2031, incluso considerando los efectos de crecimiento, y que los ajustes de gasto anunciados son insuficientes para financiarlo y avanzar en convergencia fiscal al mismo tiempo. Mario Marcel, exministro de Hacienda, lo llamó “una aventura sin retorno”. Ignacio Briones, otro exministro de Hacienda, exigió robustecerlo fiscalmente antes de aprobarlo, cuestionando el crédito tributario al empleo tanto por su costo como por su diseño. Evelyn Matthei calificó la eliminación de contribuciones para adultos mayores de “contrasentido absoluto” y advirtió que la supuesta compensación a los municipios “es más vieja que el hilo negro”. Los gremios de las OTEC advirtieron el cierre de 3.100 pymes y 110.000 empleos perdidos si se elimina la franquicia SENCE. Y la ciudadanía tampoco cree: según Cadem (7 de mayo), el 70% tiene poca o ninguna confianza en que la ley mejore los sueldos, el 69% en que reduzca el costo de la vida y el 56% en que genere empleo o crecimiento. Solo el 47% confía en que atraiga inversión, la promesa más básica del proyecto.

Frente a todo eso, el Gobierno no cedió en nada. Tampoco reconoció los errores del informe financiero, que tuvo que corregirse después de publicado. Tampoco abrió ningún flanco, no respondió ninguna pregunta. Siguió adelante como si el resto estuviera equivocado y solo Quiroz tuviera la razón. Y cuando le preguntaron qué pasaría si el proyecto no avanza, el ministro respondió sin pestañear: “Vamos a seguir gobernando igual, porque también están los decretos”.

No es difícil entender por qué. Kast necesita una victoria. Lleva dos meses acumulando fracasos. Prometió expulsiones masivas de migrantes y a la fecha solo ha habido cerca de 40 salidas forzosas. El desempleo subió a 8,9% en el primer trimestre, con pérdida de empleo formal por primera vez desde la pandemia. Su aprobación cayó. Sus propios aliados reconocen errores comunicacionales. El hito más recordado de su gestión hasta ahora es una escena en Temuco donde le pidió prestado un megáfono a un manifestante para defender ante sus propios funcionarios los recortes que su gobierno ordenó. Lo que quiere vender este mes es la aprobación del proyecto en la Cámara, el primer trámite, como si eso fuera un logro de gobierno.

El problema es que no lo es, al menos todavía. El lunes entran las indicaciones, el martes se vota en particular en comisión. El Ejecutivo tendrá que corregir errores que ya no puede negar, y ese “nuevo proyecto” no habrá sido debatido lo suficiente. La votación en general en sala, la semana del 18 de mayo, está por verse.

Porque la batalla real no ocurrirá en la comisión, donde el oficialismo tiene soldados que no cuestionan los mal cálculos de Quiroz en Hacienda. Ocurrirá en la Sala. Ahí el Gobierno está a dos votos de la mayoría, y esos votos no están garantizados. El PDG puso en duda el acuerdo de aprobar en general y ya han anunciado posiciones en contra en la votación en particular. Restan díscolos como Contreras, expulsado del PDG; Caamaño, que ocupa la vicepresidencia de la Cámara gracias a los votos de la derecha; Mulet, que la ocupará el próximo año por la misma razón; y Alinco, que siempre nos sorprende.

Pero la clave no es la votación en general. Es la votación en particular de las medidas más conflictivas: bajar el impuesto a las grandes empresas sin compensaciones, el crédito tributario al empleo, la eliminación de contribuciones, la franquicia SENCE o la inviabilidad tributaria. Cualquiera de ellas puede encontrar opositores incluso en lo más profundo de la derecha. Ahí está la tarea de la oposición: hacer ver, con argumentos y con encuestas, el daño concreto que cada una de esas medidas le hará a Chile y lo poco populares que son.

Cada día que pasa, Kast pierde más la pelea. Por eso quiere apurarse. Por eso quiere vender como victoria lo que todavía no lo es. Pase lo que pase en la Cámara, aún queda el Senado y cada día que pasa, José Antonio Kast y su megareforma tributaria pierden respaldo ciudadano.

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