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Opinión

9 de Mayo de 2026

Columna de Jaime Mañalich: de pestes, hanta y otros asuntos

Por Jaime Mañalich

El exministro de Salud, Jaime Mañalich aborda el riesgo inminente que ha vuelto a poner en la palestra los contagios por virus Hanta en el crucero de lujo MV Hondius y se pregunta si acaso "¿ha aparecido en la Patagonia chileno-argentina una mutación del virus que facilite una transmisión persona a persona, como no se había dado antes?".

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Se ha informado de un brote de infecciones graves por virus hanta en el crucero de lujo MV Hondius. Con 150 personas entre pasajeros y tripulantes embarcados, iniciaron su viaje desde la ciudad de Ushuaia en Argentina el 1 de abril para recorrer por el pacífico sur.

Algunos de los turistas habían recorrido la Patagonia en las semanas recientes. Seis días después de la partida, un paciente de 70 años presenta fiebre elevada, dolor de cabeza y malestar, lo que puede confundirse con cualquier infección respiratoria banal. Sin embargo, cinco días después, fallece por insuficiencia respiratoria aguda. La esposa inicia también síntomas y fallece luego de ser traslada a Johannesburgo, Sudáfrica.


A la fecha, en este brote han fallecido tres personas, y hay al menos otros cinco casos sospechosos. Se agrega una azafata que acompañó a la mujer recién mencionada en el vuelo de traslado, que se interna por probable contagio. Adicionalmente, dos chilenos que estuvieron a bordo de la embarcación han sido puestos en vigilancia, medida apropiada si se considera que el período de incubación puede llegar hasta los 40 días.


Las medidas que se han implementado son el confinamiento en las cabinas, desinfección de superficie, la higiene del aire, y manejo de basuras. Se planea que el crucero arribe al puerto de Tenerife en Canarias, España, para evacuar algunos otros pasajeros, y se ha establecido un protocolo de desinfección y vigilancia estricta para quienes desembarquen.


La infección por virus hanta es de cierta frecuencia en Chile y Argentina, donde se ha identificado como causa una variante del virus que se denomina Andes. Este virus es muy sensible al calor, la radiación ultravioleta y los agentes desinfectantes como soluciones de cloro. Se puede contagiar a través de la aspiración de partículas en restos de deposiciones y orinas del ratón colilargo, que es habitual en la zona. Se trata de una zoonosis.

Se sabe que esta variante se puede contagiar de persona a persona. El episodio mejor documentado ocurrió entre los años 2018 y 2019 en Argentina, en que una sola persona contagió por el mismo virus, identificado genéticamente, a otras 34 personas.


El diagnóstico temprano no es fácil y solamente un examen de PCR, en gotitas respiratorias o saliva de los pacientes que empiezan a desarrollar síntomas, puede conducir a una identificación suficientemente precoz como para iniciar las acciones de aislamiento y traslado al paciente a una unidad donde pueda recibir tratamiento intensivo, dado que el tiempo desde el inicio de los síntomas hasta las manifestaciones más graves de la enfermedad puede ser muy breve, y que el tratamiento no es específico, sino solo de soporte.


Desde el punto de vista epidemiológico, el brote del crucero tiene mucha relevancia. Se puede calcular que la letalidad, es decir, cuántas personas fallecen una vez que están enfermas, se aproximan al 40% y la posibilidad de infectarse en esta población alcanza por ahora al 7%. El período de incubación de la enfermedad es extraordinariamente variable, pudiendo llegar hasta los 40 días. El control epidemiológico requiere ser muy estricto en términos de aislamiento de las personas potencialmente contagiadas.


Este brote alerta sobre el desprecio sistemático que algunas naciones del mundo han establecido sobre la Organización Mundial de la Salud, que es el agente por excelencia para enfrentar la vigilancia y la respuesta acelerada a posibles brotes de los agentes de las enfermedades que pueden producirse en cualquier parte, y prevenir pandemias de graves consecuencias sociales y económicas.

La alerta y las preguntas que levanta este caso son al menos las siguientes: ¿Ha aparecido en la Patagonia chileno-argentina una mutación del virus hanta que facilite una transmisión persona a persona, como no se había dado antes?
En un planeta donde, por el cambio climático, las barreras entre ecosistemas donde residen animales que son portadores de miles de virus con los que el ser humano no ha tomado contacto son cada vez más difusas, la posibilidad de que este tipo de fenómenos se produzca es cada vez más probable.

Obviamente, este tipo de agentes no reconoce barreras artificiales entre los países y en el caso particular, en la medida en que la Cordillera de los Andes va bajando de altitud, la comunicación entre las vertientes oriental y occidental de América se hace mucho más fluidas y probable.


La situación hace necesario tomar medidas de protección más intensas para el próximo período estival, incluyendo el montaje de técnica PCR, además de la Universidad Católica y la Universidad Austral, para disponer de este test más cerca de donde es posible que se produzcan los primeros contagios de hanta.


El planeta, al menos para los virus, es cada vez más global.

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