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La agonía de las ferias artesanales en Chile: cómo los productos chinos baratos desplazaron el trabajo hecho a mano a lo largo del país

Ferias artesanales con más de tres décadas de historia, como las de Santa Lucía y Bellavista, que alguna vez llenaron sus pasillos con artesanos dedicados a la madera, la orfebrería y textiles de lana, hoy se encuentran casi desmanteladas o tomadas por productos chinos que imitan a los hechos a mano. En conversación con The Clinic, quienes continúan trabajando en estos puestos cuentan que, ante la baja en las ventas, muchos se han visto obligados a comercializar productos importados o dejar su espacio físico y buscar otras alternativas.

Por 16 de Mayo de 2026
ferias artesanales
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¿Alguna feria artesanal que valga la pena aún visitar en Santiago? Estoy buscando más que nada artesanía, tal vez joyería en piedras chilenas. No he visitado ninguna en más de 10 años y me parece que incluso ahí la mayoría tenían todos los mismos artículos que parecían producidos en serie“, comenta un usuario en la red social Reddit, planteando una duda que refleja la realidad actual de muchas ferias artesanales en nuestro país.

Hace 34 años, recorrer la clásica Feria Artesanal de Bellavista, ubicada en calle Pío Nono, entre Santa María y Bellavista, frente a la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, era muy distinto a lo que se ve hoy. En ese entonces, cerca de 100 artesanos trabajaban en el sector y más de veinte puestos exhibían joyería de lapislázuli, trabajos en madera tallada y tejidos de lana, entre otras artesanías hechas a mano. Hoy, en cambio, al entrar a la feria no llegas a encontrar más de siete puestos abiertos, y eso si tienes suerte.

Al llegar al lugar, solo se ven dos puestos abiertos. Uno de ellos pertenece a Cristina Borrero (52), quien trabaja hace 30 años en la Feria de Bellavista. La artesana trabaja la madera desde pequeña y, detrás de ella, aún quedan algunos de sus trabajos: máscaras inspiradas en el pueblo kawésqar y pequeñas guitarras de madera.

Sin embargo, hoy el frontis de su puesto está ocupado por llaveros metálicos e imanes turísticos importados desde China. Antes, podía darse el lujo de llenar el espacio únicamente con sus trabajos de madera. Un lujo porque, según cuenta Cristina, ya no es posible vivir de sus artesanías.

“Desgraciadamente, hoy en día hemos tenido que vender productos chinos para poder sobrevivir. Ya nadie quiere comprar artesanía”, relata, mientras mira con melancolía la feria, que alguna vez estuvo llena de gente entusiasmada por comprar lo que ella hacía con sus manos.

“Yo tenía todo el puesto lleno de artesanías y tuve que ir cambiando a este formato de souvenir. Entonces, mi artesanía quedó relegada a las vitrinas de atrás. Y si es que vendo alguna, es para Navidad. Y una o dos piezas, no más que eso”, asegura Cristina.

“El turista quiere comprarte un souvenir de $1.500 pesos, pero no quiere comprarte una artesanía de $20.000 pesos. Incluso, el público chileno que pasa, te compra un souvenir de $1.500”, agrega la artesana.

Feria Artesanal de Bellavista / The Clinic

Un escenario similar ocurre en la Feria Artesanal Santa Lucía, ubicada frente al cerro Santa Lucía desde hace 38 años. Lucía Bustamante (68) es la única cuyo puesto permanece desde los inicios de la feria y ha sido testigo en primera persona de cómo ha cambiado el escenario para los artesanos.

Según cuenta, los puestos que hoy tiene la feria han sido ocupados a lo largo de los años por comerciantes, desplazando a los artesanos. Muchos aparentan vender productos artesanales, cuando en realidad ofrecen artículos importados desde China que imitan ese tipo de trabajo.

Yo me tuve que unir a los demás, aunque no me gusta mucho vender cosas chinas. Pero por el tema de los precios. Porque el turista anda buscando cosas muy económicas, y el chileno es poco la artesanía que compra”, cuenta Lucía.

Aun así, al igual que Cristina, Lucía todavía se esfuerza por mantener vivo su trabajo hecho a mano: platos de cobre, muñecas de lana y telares de macramé. Gran parte de su vitrina está dedicada al cobre, y, según cuenta, “a veces pasan meses y no se vende ninguno”.

Lucía Bustamante, en su local ubicado en la Feria Artesanal de Santa Lucía / The Clinic

La ley 21.788: una luz de esperanza

La situación que se vive en Santiago se repite también en varias de las ferias artesanales más tradicionales del país: El Tabo, Pichilemu, Viña del Mar, Pichidangui, Isla Negra, Concepción, San Antonio y decenas de balnearios donde, poco a poco, los productos importados comenzaron a desplazar a los objetos hechos a mano.

Ese fenómeno lo conoce bien Macarena Peña, directora ejecutiva de la Fundación ONA —organización dedicada a promover y proteger la artesanía chilena—, quien asegura que la venta de productos chinos en espacios originalmente pensados para artesanos “es muy frecuente, especialmente en lugares con alta circulación de turistas, mercados masivos y consumidores no informados”.

“La artesanía en nuestro país es cara en comparación con la oferta de otros países y la recreación o copia de lo hecho a mano por la industria es una tendencia mundial. Es parte del conflicto de la apropiación cultural”, agrega Peña.

“Hay diversos mecanismos para remediar la situación, partiendo por la educación al consumidor, de hacer explícito el valor de lo hecho a mano. De esta manera el valor pasa a ser más significante que el precio, que es la principal barrera frente a la competencia. La Ley de Artesanías aporta en la medida que es un primer paso en definir márgenes y espacios de acción para el sector artesano nacional en la vinculación con el sector público y otros agentes que pueden colaborar a la revitalización, protección y difusión de los oficios artesanales”, asegura Peña.

Feria Artesanal de Santa Lucía / The Clinic

La Ley de Fomento y Protección a la Artesanía (N° 21.788), impulsada por el expresidente Gabriel Boric, fue promulgada en diciembre de 2025 y se encuentra en etapa de implementación. La normativa reconoce la artesanía en Chile como disciplina artística y cultural, promoviendo su desarrollo, difusión y la protección de los artesanos. Además, crea el Registro Nacional de Artesanía, que busca llevar un archivo de los artesanos.

Para la directora del Programa Artesanías UC, Elena Alfaro, el principal problema es que hoy se denomina “feria artesanal” a espacios que no resguardan el trabajo de los artesanos ni se preocupan de que estos compitan en desigualdad con productos importados desde China.

“Bajo un relato más bien cultural empiezan a aparecer otros productos, que responden a otras idiosincrasias o incluso que son productos derechamente industriales. Yo creo que hay un error en cuál es la definición de lo que pensamos como feria de artesanía, quizás ese es el problema”, señala.

“Es una tarea para todos los que trabajamos en cultura, que las personas puedan conocer y distinguir qué es artesanía de lo que no es. En ese sentido, creo que es importante que se abran espacios para los artesanos. La Ley de Artesanía recientemente aprobada el año pasado, que todavía no tiene reglamento, de alguna manera también cautela que puedan quedar resguardados en espacios de feria para artesanas y para artesanos”, añade la directora del Programa Artesanías UC.

“Se ha mezclado la artesanía con productos chinos (…) el producto artesanal nunca va a poder competir por precio”

“Se ha tergiversado el objetivo de lo que es una feria artesanal y cualquier persona que vende o revende artesanías, dice que es artesano“, comenta Catalina González, orfebre y organizadora de la Feria Nacional de Artesanía Bahía Inglesa, que se realiza cada año resguardando exponer piezas únicamente hechas a mano por artesanos.

Catalina trabajó durante 18 años en la feria de Bahía Inglesa, pero decidió alejarse de ese espacio cuando comenzó a llenarse de comerciantes que revendían productos chinos. Entonces, optó por independizarse y crear la feria anual dedicada exclusivamente a los artesanos.

“Antes por último la gente intentaba que parecieran hechos a mano, ahora descaradamente compran productos chinos y no tienen ningún asco en decir que son hechos por ellos. Eso está pasándole a muchas ferias. La mayoría de las ferias municipales no sabe hacer la diferencia entre producto hecho a mano y chino”, agrega Catalina.

“Hoy en día la gente se ha acostumbrado a que una feria artesanal tiene cosas chinas y no tanto del hecho a mano, entonces se ha manchado el nombre ‘artesanía’“, coincide David Quitral, artesano en madera.

Se ha mezclado la artesanía con estos productos chinos, los que compiten por precio y el producto artesanal nunca va a poder competir por precio“, sentencia el artesano.

David Quitral – artesano

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