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Una persona con zapatillas maximalistas.
Una persona con zapatillas maximalistas.

Zapatillas maximalistas: por qué ahora se usan modelos más grandes, altos y acolchados

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Los modelos de zapatillas maximalistas de suela alta, silueta robusta y mucha amortiguación dejaron de ser solo calzado técnico para corredores. Hoy aparecen en oficinas, universidades, caminatas urbanas y outfits de fin de semana. Detrás hay comodidad, running, moda urbana y una forma bastante actual de entender el vestir diario: verse bien, pero sin sufrir por ello.

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que usar zapatillas enormes era quedar a medio camino entre papá saliendo a comprar pan, corredor demasiado intenso o turista que eligió comodidad antes que dignidad estética. Hoy, en cambio, esas mismas suelas grandes aparecen con jeans anchos, faldas, buzos, pantalones de oficina informal y chaquetas oversize.

La escena se repite en el Metro, en el café de especialidad, en la universidad y en la fila del supermercado. Las zapatillas maximalistas grandes, altas, acolchadas, con presencia de tanque amable, dejaron de ser una rareza. Son parte del uniforme urbano de una época que quiere caminar más cómoda, entrenar un poco, verse actual y, ojalá, no cambiarse de zapatos tres veces al día.

Qué son las zapatillas maximalistas

En simple: son zapatillas con más suela, más espuma, más volumen y más amortiguación. A veces vienen directamente del running. Otras nacen en el streetwear o en esa zona híbrida donde la moda mira al deporte y el deporte descubre que también puede ser fotografiable.

No hay que confundirlas automáticamente con una zapatilla técnica. Una cosa es una zapatilla de running pensada para entrenamientos diarios, recuperación o largas distancias. Otra es una chunky sneaker diseñada principalmente para el look. Pueden parecer primas, pero no siempre sirven para lo mismo.

¿Maximalista significa mejor?

No necesariamente. Significa más presencia visual y, muchas veces, más sensación acolchada. Pero una zapatilla más grande no promete rodillas nuevas, espalda feliz ni personalidad resuelta. La comodidad depende del ajuste, la talla, el peso, la estabilidad y el uso que se le quiera dar.

Por qué se pusieron de moda las zapatillas grandes

Hay tres razones principales. La primera es obvia: comodidad. Después de años de modelos planos, duros o minimalistas, muchas personas empezaron a buscar algo más blando para caminar, trabajar de pie, hacer trámites o sobrevivir a la ciudad sin sentir que el cemento les está cobrando intereses.

La segunda razón es el running. Correr dejó de ser solo una actividad de domingo temprano para convertirse en comunidad, disciplina, grupo de WhatsApp, foto en Strava y excusa social. Con eso llegaron también las suelas gruesas, las mediasuelas visibles, la espuma, el retorno de energía y todo ese vocabulario que antes parecía reservado para gente que hablaba de maratones en cumpleaños ajenos.

La tercera es la moda urbana. Las chunky sneakers, las dad shoes y las siluetas exageradas hicieron algo muy de estos tiempos: convertir lo que antes se veía torpe en algo deseable.

Del running a la calle

La frontera entre ropa deportiva y ropa diaria se volvió cada vez más borrosa. Muchas personas ya no quieren un par para correr, otro para caminar, otro para salir y otro para fingir formalidad. Quieren uno que aguante trayectos largos, transporte público, oficina flexible y fin de semana.

En ese cruce entre comodidad y estilo, las zapatillas dejaron de ser solo un accesorio deportivo y pasaron a definir buena parte del look diario.

Nike, Air Max, Vomero y la estética de más suela

Marcas como Nike han ayudado a instalar esa mezcla entre tecnología deportiva, estética urbana y zapatillas cada vez más acolchadas. Air Max lo hizo desde la cultura sneaker y la moda callejera; Vomero aparece más cerca de la conversación actual sobre running, amortiguación y entrenamiento diario.

Pero no está sola. Hoka empujó fuerte la idea de suelas altas y blandas. Asics, Brooks y New Balance también han convertido modelos de entrenamiento o inspiración deportiva en objetos perfectamente compatibles con un pantalón ancho y una polera limpia. New Balance 9060 o Adidas Ozweego, por ejemplo, muestran cómo la zapatilla grande también puede funcionar como declaración visual.

¿Sirven para correr o solo para verse bien?

Depende. Algunas zapatillas maximalistas sí están hechas para correr. Suelen servir para entrenamientos diarios, rodajes suaves, recuperación o distancias largas, donde la amortiguación puede ser bienvenida. Otras, en cambio, son más lifestyle: se ven deportivas, hablan el idioma del running, pero no necesariamente están pensadas para soportar kilómetros reales.

La clave está en no comprar solo por silueta. Si se van a usar para correr, conviene revisar soporte, estabilidad, peso, durabilidad y tipo de pisada. Si son para caminar, importa que no rocen, no aprieten y no obliguen a moverse raro.

Cómo usar zapatillas chunky sin parecer disfrazado

Como ya tienen volumen, el resto del outfit no necesita gritar. Funcionan bien con jeans rectos, pantalones anchos, buzos, poleras simples, chaquetas amplias y prendas más limpias arriba. Para oficina informal, los colores neutros ayudan: blanco, gris, negro, beige o combinaciones menos festivaleras.

La gracia está en que parezcan una elección, no un accidente.

¿Son buenas para caminar todo el día?

Pueden serlo. Una zapatilla con buena amortiguación, ajuste cómodo y suela estable puede acompañar largas caminatas urbanas. Pero “grande” no siempre significa cómoda. Algunas se sienten pesadas, calurosas o inestables. Otras simplemente no calzan bien con ciertos pies.

El riesgo de comprar solo por tendencia

Las zapatillas maximalistas resumen bastante bien el momento actual. Queremos comodidad, pero también estética. Queremos parecer relajados, aunque elegimos con bastante cálculo. Queremos correr, caminar, trabajar y salir con el mismo par.

En tiempos donde casi todo cansa, no es raro que la moda también se haya vuelto acolchada.