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Opinión

28 de Junio de 2026
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Columna de Kike Mujica, la batalla de la derecha: los valientes, los cobardes

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

En el pasado cercano la disputa en el sector fue entre liberales y conservadores. Desde la irrupción de Republicanos, la definición de la derecha de verdad pasa por el coraje. ¿Coraje para qué? ¿Para no traicionar principios? ¿Para llegar a acuerdos políticos? Esta es una batalla en desarrollo.

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Definamos derechita cobarde

Fue el rudo Santiago Abascal -líder de VOX, la derecha radical española- quien en 2019 patentó el insulto: “derechita cobarde”. El agravio iba directo contra el Partido Popular, la centroderecha histórica hispana. La versión ibérica de Chile Vamos

En Europa Viva 2024 -un encuentro de las nuevas derechas del planeta-, Abascal transformó el agravio político en tesis. En un encendido discurso, lo explicó. José Antonio Kast lo escuchaba, también Marine le Pen, en primera fila. Abascal lo homenajeó más de una vez.

Abascal dijo:

“Derechita cobarde y estafadora, un día se manifiesta contra este gobierno y al día siguiente le va mendigando cualquier pacto, desde la financiación de las regiones a la forma de repartirse los jueces. Porque la derechita cobarde y estafadora un día y otro día y otro día se dedica a engañar a los españoles, a decir que defiende lo que no defiende, y eso sí, se emplea a fondo en atacar a VOX con todas sus ganas, con todos sus medios de comunicación ensobrados (N de la R: coimeados), como dice el presidente Milei, y lo hace con el miedo de quien esconde algo y pretende ocultarlo a cualquier precio. Eso es lo que está ocurriendo en España. ¿Pero qué es exactamente lo que quieren esconder? Pues muy sencillo, quieren esconder que el Partido Popular y el Partido Socialista son socios en Bruselas, forman coalición en Bruselas. El 90% de los reglamentos, de las leyes, de las directivas y de las imposiciones que llegan a España y que están asfixiando a Europa, las votan juntitos el Partido Popular y el Partido Socialista. Sí, defienden lo mismo. Son amigos en la agenda 2030 y en el pacto verde europeo que arruina el campo y destruye la industria. Son aliados en el totalitarismo woke y de todos los disparates. Un día y otro día, y esa es la terrible realidad: durante años no ha existido ni oposición ni alternativa, solo ha existido continuidad y teatro, un teatro político infecto. Queridos amigos, no hemos llegado hasta aquí solo por el gobierno socialista, en absoluto. El gobierno socialista ha llegado hasta aquí porque la derechita cobarde y estafadora comparte la misma agenda globalista y progre. Y aunque finjan pelearse, siempre se acaban poniendo de acuerdo, sobre todo si es para prohibir, es lo que más les gusta”.

Los cobardes criollos

En Chile, las bases republicanas y nacional-libertarias exportaron el concepto. Los cobardes son RN y la UDI 

¿Y Evopoli? 

“No, ellos son de izquierda”. 

Parafraseando a Abascal, los pecados de la “derechita cobarde” criolla eluden lo “traicionera”, pero una buena parte piensa que sí lo es-serían, entre muchos, los siguientes:

-Capitular y entregar la Constitución luego del estallido. Piñera y la derechita cobarde se rindieron a los pies de la izquierda que aplaudió el estallido. No quisieron combatir con mano dura el caos.

–La derecha cobarde intentó establecer puentes con la izquierda en la Convención. Una torpeza monumental, humillante y cándida. Recuerdan con nauseas la carta que un grupo de convencionales de centroderecha entregó a los representantes de los pueblos originarios, especialmente a los constituyentes mapuches. El manifiesto reconocía la existencia de una deuda histórica del Estado con los pueblos indígenas.

“Partieron con una carta pidiéndole perdón a los pueblos originarios y terminaron después enredados ellos mismos con una constitución indigenista”, dijo, a posteriori, Marcela Cubillos. 

-Insistir en un segundo proceso constituyente la misma noche del triunfo del Rechazo. Otra transacción innecesaria y gratuita con la izquierda octubrista. Republicanos, para muchos fue una sorpresa, entraron en el juego. A regañadientes al principio, menos molestos después de que lograron una apabullante mayoría. De hecho, Johannes Kaiser renunció al partido y se hizo cargo de los nuevos desencantados de los nuevos cobardes.

Varios republicanos piensan que fue un error involucrarse en un proceso en el que no creían y también un riesgo para la futura campaña presidencial de JAK.

“Pecamos de cobardes, pero sólo por un momento”, me dice un republicano.

-La derecha cobarde negoció una mala reforma previsional, que le metió la mano en el bolsillo a los chilenos en beneficio del Estado.

-El último episodio: sectores de la centroderecha no han querido apoyar la AC contra el ex ministro Nicolás Grau.

Nicolás Grau (4)
Nicolás Grau

Agustín, el lanzallamas

“Quinto lugar”. 

Eso escribió en su cuenta de X el diputado republicano Agustín Romero.

El dardo apuntaba a Evelyn Matthei. Ambos protagonizaron un intercambio áspero en redes sociales tras el apoyo de la exalcaldesa a Macarena Lobos, exministra de Boric, para que ella asumiera como secretaria general del Senado.

Republicanos –“sobre todo Romero”, me dice un miembro del partido- no soportan que personeros del sector alaben a gente de izquierda. Romero le ha dicho a sus cercanos que una amplia mayoría del sector piensa lo mismo que él sobre el desacierto de Matthei, pero que nadie se atreve a decirlo.

Romero es uno de los lanzallamas republicano. “Es de los más duros, si no el más”, me dice un RN.

Romero tiene 51 años. Es abogado. Desde el 2001 hasta el 2016 trabajó en el mundo privado, sobre todo en empresas del rubro salud. Desde el 2016 hasta el 2021 fue director Jurídico de la municipalidad de Santiago. 

Tiene pasado RN. Se unió a Republicanos, como tantos otros, después del estallido social. En 2021 postuló a diputado por ese partido: ganó con 17 mil votos. Lo mismo ocurrió en 2025: esta vez con 54.474 sufragios.

Agustín Romero
Agustín Romero

La promoción por parte de Chile Vamos del segundo proceso constituyente, enervó a Romero e inició un camino de antipatías mutuas. “Somos muchos los desilusionados con Chile Vamos, no sólo Romero”, me dicen

“Con la complicidad de Chile Vamos, fueron rechazadas todas nuestras indicaciones al nuevo proceso constituyente. Todo salió de acuerdo al itinerario planeado por la izquierda, con la ayuda de los ingenuos de siempre”, escribió por esos días en X.

“Romero es del ADN republicano: disfruta el conflicto, se mueve muy bien en ese espacio. Si no existe el conflicto, él se encarga de buscarlo”, dice un UDI.

Muy en el tono de Abascal y de VOX, Romero clavó banderas semanas antes de que JAK asumiera el mando: “El Partido Republicano sigue creciendo y yo seguiré dando la pelea en el Congreso. Nos estamos preparando porque la izquierda avanza con votos de la oposición y la derecha cobarde, y por eso necesitamos refuerzos para seguir defendiendo nuestras ideas sin miedo”, 

Si existen titubeos sobre la ley miscelánea, Romero dispara: “Si alguien del oficialismo no está de acuerdo con lo que presente el gobierno, que analice si quiere seguir acá”.

Si Chile Vamos duda sobre la AC contra Grau, Romero los interpela: “(Si no se suman) tendrán que responder frente a su electorado”.

Romero, me dicen, no perdona que Chile Vamos haya apoyado, entre otras leyes, la reducción de la jornada a 40 horas, el alza del sueldo mínimo o el reajuste al sector público. Y, sobre todo, que le hayan aprobado a Boric el presupuesto 2025.

“Yo voté contra del presupuesto porque nunca creí los ingresos que Grau declaraba”, ha dicho Romero.

Republicanos no creen lo que sostiene Chile Vamos: que es hora de la moderación. “Eso es poca calle. Vayan a las poblaciones: la gente pide mano dura y que los que lo hicieron mal, la paguen”.

Diego, el Pepe Grillo

El diputado Diego Schalper tiene una larga historia de encuentros y desencuentros con el mundo kastiano. 

En La FEUC desafió el monopolio de la derecha a los gremialistas -el pregrado de cualquier republicano-: es uno de los fundadores del movimiento Solidaridad en 2010 que comenzó a pelear las elecciones.

Schalper tiene 41 años, es abogado y es diputado desde el 2018. Milita desde hace décadas en RN, un partido lleno de lotes y sensibilidades, de caudillos y de memoria.

Como cualquier político hábil, olfateó un espacio de poder tras el triunfo por paliza de los republicanos. Chile Vamos quedó noqueado. Un grupo abrazó con entusiasmo y prontitud al nuevo gobierno. Schalper -con otros sectores de RN, desde un primer momento, decidieron ser voz crítica. El diputado repite como mantra: “si uno es amigo, debe ser capaz de decir lo bueno y también lo malo”.

La dureza –“no sirve para nada andar peleándolos: el enemigo es el FA y el PC”, me dicen en RN- de las voces republicanas la atribuyen a posicionamientos y diferencias dentro de ese partido –“nos critican a nosotros, pero Squella les lanzó al gobierno una bomba nuclear”, dicen en RN-.

Según esta teoría el brazo armado de republicanos en la cámara -Agustín Romero y José Carlos Meza- trabaja con el polémico jefe de asesores, Alejandro Irrarazabal, un reconocido halcón dentro del partido.

“La derecha que se dice valiente, no tiene nada de valiente. En política, lo más fácil es ir al choque permanente. Lo difícil y lo valiente es el arte de negociar y conseguir acuerdos para darle estabilidad al país. Para lo otro existe el boxeo”, me dicen en RN.

“Me extraña que ex UDI hablen de nosotros como la derechita cobarde. ¿No recuerdan a Jaime Guzmán?”, atacan desde el gremialismo.

“Nos necesitan pero no lo quieren aceptar. Que no se olviden los votos que obtuvieron en primera vuelta. No hagan lo mismo que Boric, que se obnubiló con el triunfo y terminó gobernando con la izquierdista cobarde”, dicen desde Chile Vamos.

La tesis es que el mundo más ortodoxo de republicanos no soporta gobernar con “la derechita cobarde”. 

“Ellos piensan yo gané, y por lo tanto empujo mi agenda, y la derecha cobarde se tiene que plegar, porque si no se plega, la hacemos mierda en redes sociales”, dice un RN.

Schalper lo ha dicho dentro de RN: el partido debe optar por camino propio, distinto a los Republicanos, porque si no corre el riesgo de la irrelevancia. “Nos comerán vivos”, dice un diputado del partido.

En sectores de Chile Vamos consideran que tarde o temprano terminará el ciclo de la radicalidad política, representada por el Frente Amplio y Republicanos. “Un país no soporta la tensión y polarización durante tantos años. No ayuda a la convivencia la postura republicana de ir al choque una y otra vez. Corren con anteojeras. Recuerden el fracasado segundo proceso constituyente que ellos condujeron o lo obtuso que fueron con la reforma de pensiones”, sostienen.

Desde Chile Vamos argumentan que si replican el modelo Frente Amplio -satisfacer a la base dura o “barra brava”- pasará lo mismo que ocurrió en la última presidencial: alternancia. “Con una clara opción de Parisi”, sostienen. “¿Eso quieren?”, agregan.

Desde republicanos responden a estos argumentos: “Creo que ninguna persona que votó por un republicano está en este minuto arrepentidos. En cambio, yo creo que personas que probablemente votaron por alguno de ellos, deben pensar ¿qué pasó acá? 

Derecha: ¿Juntos para siempre?

Existe una sospecha en sectores de RN: en algún momento los republicanos harán lo posible para sacarlos del gobierno.

“Esa es una tesis descabellada. Sería un error garrafal. Es cierto que nuestros aliados naturales son los nacional-libertarios. Pero no tenemos problemas con RN”, responde un parlamentario de Republicanos.

Para la derecha la disyuntiva cobardes o valiente no es un problema de agravios más o agravios menos. No es semántico. Es profundo. Son proyectos distintos. Y muchos creen, en ambos sectores, que alguien tiene que imponerse: es una o la otra, no las dos. 

Eso se llama poder.

Podrán obviarse públicamente las diferencias, porque el poder –La Moneda- hoy amalgama; soslayarse porque Boric y el PC obligan a actuar como un grupo cohesionado: ningún elector de derecha soportaría el regreso al poder de la izquierda frenteamplista. Y cualquier sospechoso de favorecer esto, será colgado en la urna.

Podrán decir que, en términos de ideas piensan similar; que el ideario económico es compartido; que la prosecución del orden es un objetivo mancomunado.

Pero hay diferencias más profundas que una “cuestión de estilo”, como muchos dicen a modo de aminorar el conflicto. La política es la política y no hay caso: hay proyectos de gobernanzas diferentes, sí; pero también ambiciones personales, idearios encontrados, necesidades de diferenciación para ganar votos, un bien siempre escaso.

Republicanos y RN jugarán en los próximos meses una lucha por quién manda en la derecha.

El primer capítulo es la acusación constitucional. 

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