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Correo 13 de Julio de 2026

Carta a la directora: Matrimonios al alza

Maite Cereceda Martínez, directora del Instituto de la Familia USS
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A propósito de los datos informados por el INE y el Registro Civil sobre el aumento de los matrimonios en el primer trimestre de 2026, conviene detenerse no solo en la cifra, sino también en lo que ella podría estar expresando sobre la vida social del país. Entre enero y marzo de este año se registraron 21.275 matrimonios, frente a 18.839 en igual período de 2025, lo que equivale a un alza de 12,9%. El incremento se observó en todas las regiones y en cada uno de los meses del trimestre.

Como ocurre con todo fenómeno social, cabe preguntarse por sus causas. Una primera explicación posible es que las parejas estén revisitando el valor del compromiso estable en un contexto marcado por incertidumbre económica, fragilidad emocional y vínculos cada vez más transitorios. En tiempos de tanta inestabilidad, no resulta extraño que muchas personas busquen proyectos de vida más sólidos, duraderos y significativos. El matrimonio, en ese sentido, puede ser leído no solo como una decisión privada, sino también como una afirmación de confianza en el futuro, en el otro y en la posibilidad de construir en común.

También corresponde observar si ha existido alguna política pública que haya incidido en este cambio. Más allá de medidas específicas, parece razonable pensar que toda acción estatal y social que facilite la formalización de los vínculos, reduzca trabas burocráticas, entregue certezas jurídicas o apoye materialmente la formación de hogares puede influir, aunque sea indirectamente, en esta tendencia. Del mismo modo, el debate público sobre natalidad, envejecimiento, salud mental y cohesión social podría estar contribuyendo a revalorizar instituciones humanas básicas que durante años parecieron debilitadas o relativizadas.

La pregunta siguiente es si resulta deseable promover este aumento mediante incentivos. A mi juicio, sí, siempre que se trate de incentivos que respeten la libertad de las personas y fortalezcan condiciones objetivas para comprometerse: apoyo a la vivienda para parejas jóvenes, conciliación entre trabajo y vida familiar, alivios tributarios para hogares con hijos, orientación y acompañamiento prematrimonial, así como políticas que reconozcan el valor social de la familia estable. No se trata de forzar decisiones íntimas, sino de remover obstáculos que hoy dificultan proyectos valiosos para las personas y para el país.

Con todo, no debemos olvidar una verdad elemental: el ser humano es un ser de vínculos, y su realización se encuentra precisamente en la familia, en el vínculo gratuito y completo hacia otros en quienes se confía y a quienes se ama. Es allí donde está la respuesta, o al menos el inicio de la respuesta, a problemas graves de salud mental, abandono, soledad y falta de sentido que avanzan con fuerza en el mundo. La familia puede ofrecer contención, apoyo, acompañamiento y un horizonte de realización personal que ninguna política pública puede reemplazar.

Siempre ha sido claro, pero hoy parece cada vez más evidente, que la pertenencia a una familia es un aspecto esencial para la persona. Tal vez estas cifras estén mostrando que muchos chilenos han vuelto a reconocer con nitidez ese camino.

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