Carta a la directora/ Competir de verdad: la mejor defensa de los mercados
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Cada cierto tiempo, un caso de alto perfil nos recuerda que la libre competencia no es solo un concepto técnico: tiene efectos concretos en personas, empresas e instituciones. Cuando opera bien, impulsa innovación, calidad y mejores condiciones para los clientes. Cuando se debilita, esos beneficios se pierden.
La colusión es una de las conductas más graves, porque elimina el incentivo de competir. Si las empresas no se disputan a los clientes, quienes pierden son los consumidores, las organizaciones y el Estado.
El requerimiento de la FNE contra Pluxee y Edenred vuelve a poner este debate en agenda. Más allá del fallo, es una oportunidad para reflexionar cómo fortalecer mercados donde competir sea realmente posible. La libre competencia no se logra solo sancionando, sino también facilitando el ingreso de nuevos actores y la innovación.
Esto cobra relevancia en programas públicos como Junaeb, donde durante años solo dos actores cumplían las condiciones. Urge crear entornos más abiertos y competitivos, sobre todo con recursos públicos de por medio.
Como empresa que ha crecido compitiendo en este mercado, creemos que la mejor política pública fomenta la competencia leal, la innovación y la igualdad de oportunidades. La libre competencia protege el proceso competitivo, no a empresas específicas. Cuando funciona, ganan las personas, las instituciones y el país.