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FOTO: MARIBEL FORNEROD /AGENCIAUNO

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28 de Agosto de 2026

¿Puede pasar en Chile? Experto explica cómo el mortal aluvión que afectó a Nepal podría replicarse en la alta montaña chilena

A partir de lo ocurrido en Nepal, el investigador Hans Fernández de la Universidad de O’Higgins advierte que Chile también reúne condiciones para enfrentar aluviones originados en la alta montaña. Los antecedentes de Alfalfal y Villa Santa Lucía muestran el impacto que pueden tener estos fenómenos y refuerzan la necesidad de mejorar el monitoreo, los mapas de riesgo y los sistemas de alerta temprana.

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El 29 de noviembre de 1987, un desprendimiento en el sector de Alfalfal del Cajón del Maipo, cayó unos 1.200 metros sobre glaciares y nieve. El impacto desencadenó un aluvión que avanzó cerca de 57 kilómetros por el río Colorado y dejó 57 personas fallecidas. Treinta años después, el 16 de diciembre de 2017, otro evento originado en la alta montaña tuvo consecuencias similares. Una remoción en masa movilizó roca, nieve y hielo glaciar hasta Villa Santa Lucía, en la Región de Los Lagos. El aluvión alcanzó directamente a la localidad y provocó la muerte de 22 personas.

Tras lo ocurrido recientemente en Nepal, donde el desprendimiento de una masa de hielo y roca desde un glaciar colgante habría terminado generando una crecida súbita, surge un tipo de amenaza que también puede presentarse en Chile y que invita a revisar los hechos descritos anteriormente como antecedentes: grandes volúmenes de hielo, roca y agua capaces de desplazarse rápidamente y afectar zonas ubicadas varios kilómetros aguas abajo.

Hans Fernández, investigador del Instituto de Ciencias de la Universidad de O’Higgins, explica que la geografía chilena reúne varias de las condiciones necesarias para que ocurran fenómenos de este tipo.

“La cordillera de los Andes presenta una topografía escarpada y una gran diversidad de glaciares, incluyendo glaciares colgantes y masas de hielo emplazadas sobre laderas de fuerte pendiente”, señala. Sin embargo, precisa que buena parte de los glaciares del norte, centro e incluso del sur del país son más pequeños que los del Himalaya, lo que reduciría el volumen potencial de hielo involucrado. La excepción es la Patagonia, donde existen sistemas glaciares de dimensiones comparables e incluso superiores a muchos de los asiáticos.

Una cordillera que está cambiando

El riesgo adquiere además una nueva dimensión debido a los cambios que están experimentando los ambientes de alta montaña. El retroceso de los glaciares, la pérdida de nieve y la degradación del permafrost pueden alterar la estabilidad de las laderas y favorecer la aparición de nuevas lagunas glaciares.

“Este tipo de eventos puede presentarse en toda la alta montaña de Chile, sobre todo donde hay pendientes pronunciadas, presencia de glaciares y permafrost, y sectores donde existen lagunas glaciares originadas a partir del retroceso de glaciares”, advierte Fernández.

Para el investigador, el desafío no está necesariamente en predecir el momento exacto en que ocurrirá un desprendimiento, sino en identificar previamente los sectores más vulnerables. Eso supone mapear glaciares potencialmente inestables, lagunas glaciares y laderas susceptibles a remociones en masa, además de determinar las rutas que podrían seguir los flujos hacia zonas habitadas o infraestructura.

A ello se suma la necesidad de reforzar los sistemas de monitoreo y alerta temprana, junto con planes de evacuación, obras de mitigación y restricciones al desarrollo de infraestructura en sectores expuestos. “La experiencia internacional demuestra que no siempre es posible impedir que estos fenómenos ocurran. Pero sí es posible reducir considerablemente sus consecuencias”, sostiene Fernández.

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