POR MACARENA GALLO
Hace unas semanas que está en circulación la “Retrospectiva al metal chileno (1983-1993)”. El editor de la revista especializada en metal “Grinder”, Andrés Padilla, da cuenta en el libro de la época dorada de este estilo, que no estuvo exento de la represión de los pacos en dictadura y del rechazo de todo el mundo, además de extraños rituales como el de robar cráneos en el cementerio.

¿Cómo y por qué surge la idea de contar la historia del metal en Chile?
-Hace dos años que vengo tirando la idea. Siempre he estado metido en el tema, como fan, y con mi revista, tipo fanzine, que saqué el 89. Voy un poco más allá que cualquier consumidor de metal. Yo, incluso, en los 90 me escribía con los sellos, con las bandas extranjeras. Ellos me respondían. Mandaban sus casetes. Le respondía y me volvían a mandar otra. No eran estrellas. Te pedían cosas de acá. Era un interés mutuo. Entonces, tratando de saber más y de cómo funcionaba todo, me metí. Tenía mucho material, sólo que había que recopilarlo y hacer un libro del metal.

¿Por qué decides contar la historia del metal sólo entre los años 83 y 93? ¿Qué pasó en esa década?
-El 83 fue el primer vestigio del metal en Chile. Antes había rock y eso, nomás. Y coincide ese año con que fue la primera aparición de un fanzine, lo que marca un hito, aunque haya sido muy desconocido, porque en ese entonces eran muy pocos los metaleros que había en Chile. No más de 500. Y empezó a haber un movimiento, formándose además bandas. Y ya en el 85, se hizo el primer recital, el Death Metal Holocaust, que reunió a una banda de Valparaíso y otras más de Santiago. Tuve que terminarlo en el 93, porque se cumplía una década ahí y da la casualidad que se produce un cambio generacional de los grupos.

¿Sí?
-Muchos de los grupos de los 80, que estaban llevando la batuta, que llenaban El Plaza y que fundaron la escena, se disolvieron. Los compadres se dedicaron a trabajar, a ser profesionales y dejaron de ser, entre comillas, pendejos metaleros. Empezaron a tener familia. Y en los 90, comienza internet, cambiando toda una cultura de cómo se adquiría la música. Las mismas revistas que se hacían en una máquina de escribir, con recortes, ahora se hacían en computador. Cambió todo. Se masificó el metal.

En la actualidad, ¿qué ha pasado con el metal?
-En los 2000 está igual que los 90. No ha habido más cambios. Tendrían que pasar años para ver qué ha pasado. Puedo decir que acá hay muchas bandas amateur buenas, pero hay malas profesionales. En el extranjero, puede que toquen menos o con menos pasión, pero viven del metal. Acá tocan mejor, pero no viven del metal. Son como de segunda división. Estamos atrasados todavía. No hay mánager de metaleros buenos. Ojalá se logre eso de aquí a una década para que fortalezca más el movimiento.

TIRANDO POLLOS
Cuéntame un poco más cómo surge el metal en Chile.

-El thrash en Chile nació en el barrio alto, porque era gente que tenía acceso a comprar discos, viajar y traer revistas desde afuera. Todas las tiendas estaban en el barrio alto y había que ir desde Gran Avenida a comprar allá.

Algunos se atreven a decir que el thrash viene del rock chileno.
-No, nada. Es algo totalmente importado. De hecho, pescai a los grupos y ves que todas las canciones son en inglés. Si cantabas en español, te miraban feo. Lo que hizo el rock fue abrir espacios, como el Manuel Plaza o la Sala Lautaro. Pero nunca fueron influencias para grupos, como Massacre o Pentagram. Incluso, había un odio entre los grupos.

¿Tan así?
-Me acuerdo que cuando ibas a la Sala Lautaro, por ejemplo, a ver recitales death metal, cuando éstos terminaban, tú ibas saliendo y afuera había una cola larga de puros hippies que iban a ver a Tumulto o a Sol y Medianoche, que tocaban después, y no nos pescábamos. Había un grupo que se llamaba Squad, que sigue tocando, que tenía un tema que se llamaba “Muerte a los hippies”. Nadie va a reconocer que tiene su origen en el rock. Quizás tiene su origen en el rock, pero definitivamente no en el chileno.

¿Y cómo eran los primeros metaleros made in Chile?
-Fueron muy aperrados. Porque eran raros para todos y no era ni un brillo ser rechazado por todos. Tú tenías el pelo largo y todo el mundo te miraba extrañado. Sobre todo en los ochenta y noventa había un prejuicio heavy. Más encima con todas esas cruces, daban miedo a la gente. Incluso, una vez pasó un furgón con puras monjas y los metaleros empezaron como a moverlo y gritarle “Wruuuaaaggghh”. Y las monjas se asustaron.

Jajaja.
-Pensaban que sería el fin del mundo, qué sé yo. Eran puras cosas raras. En ese tiempo, los pocos grupos metaleros que habían tocaban en los colegios. Empezaban a tocar un tema y quedaba la cagada altiro. Los echaban del escenario, los fans metaleros botaban las paredes. A mí me contaron que unos hueones botaron la pared de un colegio, en Gran Avenida. ¡Y quedó la cagada!

¿Y tú eras metalero-metalero? ¿Onda cruces invertidas?
-Uno al final se da cuenta que la ropa es un amuleto. No es necesario vestirse como metalero para serlo. Al principio todos nos vestíamos con pantalones largos y ajustados, con las medias zapatillas y su polera negra llena de parches. Porque tenías que mostrarle a todos que eras uno de ellos. Tenías que ser bueno pal carrete y la cerveza. Los carretes eran para terminar doblados tomando y escuchando metal.

Terminó siendo una pose.
-Lamentablemente, en el tema del metalero hay muchas poses. Dentro del metal hay muchas reglas, como que no podís andar así, no podís ir a bailar a una discoteque, porque es pecado. Entonces, en ese sentido, quizás ha cambiado un poco, pero sigue habiendo inmadurez en ese tema. Los metaleros son bien cerrados. No aceptan a alguien que no sea igual que ellos.

En el libro das a entender que precisamente eso hizo que el movimiento metalero decayera, cuando se pusieron poseros.
-A mí me da rabia eso. Los mismos metaleros y seguidores fueron responsables de que los grupos no surgieran. Los llenaban a pollos y a nadie le interesaba tocar gratis, porque no te pagaban, para que más encima le tiraran pollos. Siempre tocar era perder plata y todos te tiraban mierda.

FEOS DEL CURSO

Yanko Tolic, integrante de Massacre, contaba en el libro una anécdota de cuando le habían llegado animales para el sacrificio e invitaciones de sectas satánicas para participar en sus misas. Eso le hizo pensar que las cosas escapaban del control e incluso pensó en abandonar todo…
-Es que Massacre era un grupo ícono del thrash de la época y era ver las carátulas de sus discos, como uno donde salían meando en la fosa común. Ellos jugaban un poco con ese tema. De hecho, siempre decían que los penaban, porque una vez a ellos se le ocurrió ocupar un cráneo humano, que habían robado en un cementerio en mala y le empezaron a pasar cosas en la sala de ensayo. Después lo tuvieron que ir a devolver.

Demás.
-Se fueron armando muchos rumores, como que los metaleros hacían rituales invocando al demonio. Y nunca se ha hecho esa cuestión. Puede que hayan muchos que se lo hayan tomado en serio y que pueden haberlo hecho, pero no era la tónica, a pesar que toda la estética del metal era demoníaca. Hay casos en Noruega donde los grupos quemaban iglesias, ¡una hueá extrema! Aquí habían grupos que se metían a profanar tumbas, pero más que nada por pintamonos o de reventados, porque el copete te hace hacer cualquier cosa, como ir a carretear a los cementerios. En ese tiempo era cool.

¿Y los primeros recitales más en serio cómo fueron?
-Pucha, yo no viví esos primeros años, porque yo llegué cuando la escena estaba medio armada. Pero, por lo que me cuentan, fueron bien caóticos. La gente se volvía loca. Purgabas todo el odio que llevabas dentro. Ibas a un recital a puro gritar. Esa era la esencia. Lo malo es que no había experiencia. Entonces, los grupos sonaban mal, porque habían pocos equipos, todos tocaban con la misma guitarra. Al final, estaba toda la gente arriba del escenario, porque no había una cultura… Era muy autodidacta todo.

Les tocó la dictadura también.
-Los pacos de la dictadura eran heavy. Iban a todos los recitales y los paraban. Se iban, por lo menos, 50 hueones presos. Además, como los hueones iban a carretear a los recitales, se llevaban a muchos hueones detenidos. Ahora ya no hay tantos atados con los pacos. Como que ya no pasan huevás heavy, porque los mismos thrasher se han puesto más tranquilos. Creo que los 80 fueron los mejores años del verdadero thrash, bien under, que rechaza la tele, los diarios, los medios masivos. Que no está ni ahí con nada. No sé qué pensará la demás gente, pero a muchos los tildaban como drogadictos.

Pero tengo entendido que los thrasher no estaban ni ahí con las drogas.
-Es que había un tema en contra de los hippies, más que nada por el rock. Tenían un lema “no hippies, no drogas”. No querían ser vistos como rockeros, porque éstos estaban muy asociados a las drogas. Eran más puristas en los ochenta. El copete era su droga. Era bien chistoso. En los 90, se vio más la marihuana, pero no tanto. Era mucha gente, entrecomillas, media nerd. Era la música, la música y nada más. En el fondo, el feo del curso, que no le interesan las minas y nada, que se siente rechazado, busca su espacio en el metal. Pero más que la gente los rechazara, eran los mismos metaleros que rechazaban a todos. Estaban apestados de todo, y de la Iglesia. Pero el tema político no fue muy importante para ellos. No estaban ni ahí con eso.

¿Eso ha cambiado con el tiempo?
-No, sigue igual. Cero política en sus letras ni tampoco dan discursos políticos en los recitales. Todo eso es privado y no se mezcla en lo musical. Tu opinión política la dejai en la casa.

¿Y tú tienes opinión política?
-No tengo postura política y de hecho no voto. Pero puedo entender que Piñera sea un hijo de puta o que la Concertación se haya mandado cagazos. Sé que Pinochet fue un dictador, pero afortunadamente va con que en mi familia nunca han habido problemas. Si yo hubiera tenido un papá torturado, a lo mejor ahí habría tenido otra opinión. Por ahí va.