*El autor es Director de CONADECUS

El modelo económico vigente en Chile se estableció a fines de la década del 70 por el gobierno militar, inspirado en las doctrinas económicas difundidas por la Universidad de Chicago. El modelo aplicado en Chile, por los que pasaron a llamarse los “Chicago Boys”, quienes sin experiencia del mundo real y usufructuando de una institucionalidad no democrática, pusieron en práctica un modelo económico extraído directamente de las aulas de Chicago donde el concepto de libre mercado sin regulaciones de ninguna especie era una de las bases de su doctrina.

En Chile este concepto de libre mercado sin regulaciones se transformó con el tiempo en un modelo de libertinaje de mercado que resultó en concentraciones inusuales en diversos sectores de la economía y consecuentemente en una mayor concentración de los ingresos. La teoría del “chorreo” no funcionó.

La falta de regulaciones adecuadas en Chile hizo que el modelo aplicado se diferenciara absolutamente del modelo de libre mercado norteamericano donde las regulaciones comerciales y antimonopolios están destinadas a proteger al consumidor de los arbitrariedades de las empresas.

Esta omisión de regulaciones ha repercutido directamente sobre el consumidor chileno el cual ha sido expuesto a los más variadas abusos como acuerdos de precios, costos abusivos del crédito a consumidores, limitaciones de la oferta y toda clase de artimañas destinadas a esquilmar al consumidor final.

Otra cara de la omisión de regulaciones es el impacto de la apertura de nuestro mercado a las fuerzas incontrolables del mercado internacional el cual también con ardides, como el dumping y acuerdos sobre mercados, han penetrado el mercado chileno a costa de los productos chilenos y consecuentemente sobre el nivel de empleo, que con una sobreoferta ha impedido el un aumento de los salarios reales en proporción al aumento del Producto Nacional.

Dentro de los países de la OCDE, organización a la cual Chile se ha incorporado recientemente, tenemos los peores índices de distribución de la renta, unos pocos se llevan casi todo el ingreso que produce el país, además de tener el peor índice de participación de las personas empleadas dentro de la población mayor de 15 años y menor de 65 años, es decir el país que da menos oportunidades de trabajo. Esta falta de oportunidades es otro elemento catalizador de la delincuencia y el tráfico de drogas.

La clase media chilena ha sido la gran perjudicada con el modelo de libertinaje de mercado imperante en Chile, la cual ha sido golpeada por la falta de oportunidades y por el aumento descontrolado de los gastos de educación universitaria y gastos de salud con un modelo de ISAPRES que se ha transformado en un barril sin fondo que ha debido financiar esta clase media.

A este aumento descontrolado de gastos de educación y salud hay que agregar un elemento nuevo y que ha sido desestabilizador, por su abultado crecimiento e impacto sobre el presupuesto familiar, me refiero al servicio de los créditos a los cuales tiene acceso la población chilena.

El aumento desmedido de los desembolsos por gastos de educación y salud, más los crecientes desembolsos por servicios de créditos educacionales, habitacionales y específicamente los créditos de consumo con costos usureros que sobrepasan cualquier cifra imaginable, en muchos casos más del 100% anual, han llevado a un alto porcentaje de los chilenos a situaciones insostenibles. Sólo en Tarjetas de Crédito las casas comerciales han emitido hasta la fecha más de 28.000.000. de tarjetas, para una población activa que no supera los 7.000.000. de habitantes.

El Banco Central ha reiterado en muchas oportunidades que el nivel de endeudamiento de las personas se encuentra en niveles razonables. Lo que no dice es que el servicio de esta deuda tiene un costo altísimo y que esto conlleva el mecanismo económico más potente de redistribución de la renta en Chile

La situación angustiosa derivada de los mayores gastos y costos, más servicio de las deudas cruza los más diversos ámbitos de la población: empleados particulares, empleados públicos, miembros del poder judicial, miembros de las fuerzas armadas, pequeños y medianos empresarios, etc. Esta angustia también ha sido semilla para la creciente corrupción presente en el país.

El crecimiento del endeudamiento y el aumento de oferentes de créditos de consumo, ha dado lugar al fenómeno del “bicicleteo” de las deudas, donde el poseedor de una tarjeta tapa los hoyos de una tarjeta con anticipos de otras tarjetas. Todo esto con el agravante que dados los altos costos del endeudamiento de los consumidores, especialmente los “avances en efectico”, está llevando a gran parte de estos deudores a un “camino sin retorno”, o sea que necesariamente terminarán en una falencia económica que le significará perder todos sus bienes adquiridos con tanto sacrificio.

Entre el instante que se inicia el “bicicleteo”, hasta que se entra en el “camino sin retorno” y se llega a la falencia final, puede pasar un tiempo bastante prolongado sin que los agentes otorgadores de créditos de consumo (tarjetas de crédito) “quieran tomar” o tomen nota de estas falencias en sus estados financieros. Sólo un registro consolidado de las deudas de los poseedores podría atenuar y mejorar la información de los emisores de tarjetas de crédito no bancarias.

El creciente aumento de las personas endeudadas que fatalmente entrarán en el “camino sin retorno” anticipa una crisis financiera que tendrá características muy similares a la última crisis en EE.UU. que tuvo su origen en créditos mal asignados en su origen. El impacto en cadena sobre la economía chilena que produciría una falencia de los emisores de tarjetas de crédito sería devastador y suficiente para iniciar la “quiebra” del modelo de libertinaje implantado en Chile.

A esto se agrega la combinación de falta de oportunidades, el aumento significativo de los gastos de salud y educacionales, más los dineros destinados a los servicios de deudas educacionales, habitacionales y créditos de consumo, que impacta a un universo de millones de personas de ingresos medios y bajos, ha creado un escenario de malestar generalizado en la población. Esto se expresará en diversos tipos de manifestaciones que llevaran a modificar el modelo económico de libertinaje que opera en Chile.