Por Pía Torres López

Son las diez de la mañana del 11 de septiembre de 1973. El actor Julio Jung, el fotógrafo Luis Poirot y el productor Patricio Valenzuela llegan a Chilefilms para iniciar el rodaje de una nueva película que dirigirá Raúl Ruiz. La película se llama “Interferencias” y presenta al cura Raúl Hasbún, por entonces director de Canal 13, como autor intelectual de un homicidio.

Ni Jung ni Poirot ni Valenzuela saben en ese momento que el Golpe está en marcha. Intentan entrar a Chilefilms y retirar las cámaras, pero el guardia de seguridad de la empresa les prohíbe la entrada. Cuando se están yendo, ven aparecer tropas militares que rodean Chilefilms. Según cuenta Jung “después nos fuimos al Pedagógico, pero llegamos en los momentos en que las tropas también estaban apareciendo”.

Ese día nadie vio a Raúl Ruiz. Todos pensaron que había conseguido una cámara y estaba filmando el Golpe. Ruiz, sin embargo, deambulaba por las calles de Santiago, “meditando, pensando nada. La situación era demasiado confusa”, recuerda.
“Interferencias”, la película que iba a desnudar al hombre fuerte de Canal 13 y a uno de los más firmes promotores del Golpe, quedó para siempre suspendida.

Historia real
La trama de “Interferencias” está basada en un hecho real: la muerte del obrero Jorge Tomás Henríquez G., quien fue encontrado maniatado en su casa el 20 de marzo de 1973. Su boca y nariz estaban tapadas con cinta de embalaje, por lo que los peritos de la época estimaron que tuvo una lenta y angustiosa muerte por asfixia. Jorge Henríquez no había hecho nada en su vida como para que alguien lo matara. Salvo una cosa: tener que cuidar el equipo que le permitía al gobierno de Allende interferir la transmisión de Canal 13 hacia el sur del país.

La interferencia gubernamental atentaba contra los mínimos principios de libertad de expresión. Sin embargo, se fundaba en la normativa vigente: sólo Televisión Nacional estaba autorizada para transmitir a todo el país.

Para burlar esa normativa, Canal 13 instaló una antena repetidora al interior de la universidad de Concepción, sitio que no podía ser allanado sin escándalo publico. La respuesta del gobierno fue echar a andar un equipo de interferencia que impidiera a Canal 13 llevar su cobertura crítica a todo el país. El potente equipo quedó bajo el cuidado del obrero Jorge Henríquez.

La investigación por el homicidio de Henríquez estuvo a cargo del juez Enrique Silva quien, al poco tiempo, ordenó la detención del director de Canal 5 Carlos de la Sotta y del estudiante de electrónica, David Peña. Este último fue arrestado momentos después de haberse reunido con el cura Hasbún en Santiago. El caso fue el escándalo político de inicios de ese año. Hasbún apareció en la prensa defendiendo a los acusados.

Años después, Manuel Fuentes Wendling, importante miembro de Patria y Libertad, contó en las “Memorias secretas” de esa agrupación ultraderechista una escena reveladora. Diez días antes del asesinato del obrero Henríquez, el cura Hasbún citó a Fuentes Wendling y al terrorista Michael Townley –que a partir de 1974 se integró a la DINA y participó en atentados por todo el mundo- para plantearles los problemas que tenía la señal del 13 en Concepción. Ellos le sugirieron algunos cursos de acción.

La cumbre Hasbún -Townley no se conoció entonces, pero los contactos del sacerdote con la violenta utraderecha estaban claros para todos el país e impulsaron a Ruiz, Poirot y Miller a hacer una película sobre este crimen.

El guión
Los promotores de “Interferencias” fueron Patricio Valenzuela y Luis Poirot. Para ellos el homicidio de Henríquez dejaba en evidencia la violenta forma como estaba operando la derecha en esos años y también la existencia de una poderosa red que saltaba desde la curia a los asesinos a sueldo.

Ninguno de los dos era cineasta por lo que decidieron que si la película se filmaba, Raúl Ruiz debía ser el director. Él aceptó encantado.

En agosto de 1973, se pusieron en campaña. “El Banco Estado nos dio un préstamo con la garantía de la hipoteca de nuestras casas (la de Valenzuela y Poirot). Deben haber sido unos 20 mil dólares de la época”, recuerda Poirot.

Con ese dinero firmaron la coproducción con Chilefilms, que debía facilitarles las cámaras y algunas instalaciones para utilizarlas en el montaje. Con el resto, arrendaron una oficina a Silvio Caiozzi en Matías Cousiño y compraron cintas. Como director de fotografía trajeron de Francia a Phillipe Quidor y contrataron a Jorge Müller (director de fotografía en La batalla de Chile de Patricio Guzmán) como camarógrafo.

La investigación de los hechos corrió por cuenta de Poirot y Valenzuela, quienes viajaron a Concepción a buscar locaciones y conocer la historia de primera fuente.

“Hablamos con el detective que había llevado la investigación. Él era un hombre profesional, ni de la Unidad Popular ni de la derecha. Nos llevó a los lugares del crimen y nos relató la muerte. Al obrero lo tendieron en la cama y lo amarraron de los pies y los puños, entonces por cada movimiento que hacía para soltarse se iba estrangulando más y más. Fue una muerte lentísima, de una crueldad tremenda”, recuerda Poirot.

Ese mismo detective les confidenció que policialmente el caso estaba resuelto y que “en el homicidio había participado un comando de Patria y Libertad siguiendo las instrucciones de De La Sotta y de Raúl Hasbún”, señala Poirot.

Con ese material Poirot y Valenzuela elaboraron un guión de no más de 30 hojas que describía someramente las escenas más relevantes. No era necesario más. Ruiz había decidido trabajar la película a base de improvisación.

Una de las escenas iniciales era una comida en el Club de la Unión donde representantes de El Mercurio se reunían con Hasbún para ver cómo destruir la antena que hacía interferencia. En la película había un agente de la CIA, interpretado por Marcelo Romo y un activista de Patria y Libertad a cargo de Alejandro Sieveking. En el reparto también estaban Julio Jung y Bélgica Castro, entre otros.

Inicio de grabaciones
El 4 de septiembre el equipo de Interferencias realizó sus primeras grabaciones. Jorge Müller debía captar las manifestaciones del tercer aniversario del gobierno de Allende, para después insertar las imágenes en la película. Ese día, Müller grabó protestas y festejos y las tomas fueron perfectas. Oficialmente el inicio del rodaje quedó fijado para el 11 de septiembre.

Los actores estaban citados en Chilefilms a las 10 de la mañana. En ese mismo momento se les diría el papel que interpretarían, ya que por su propia seguridad se habían mantenido en estricto hermetismo los roles de cada uno. “Trabajamos muy discretamente por razones obvias. Ya sabíamos de qué eran capaces los comandos de Patria y Libertad”, señala Poirot.

Bélgica Castro y su esposo Alejandro Sieveking habían trabajado con Raúl Ruiz en otras ocasiones. Cuando el matrimonio se preparaba para asistir al rodaje, se enteraron de que el Golpe estaba en marcha.

-Ese día no pudimos salir de la casa. Vivíamos cerca del Cerro Santa Lucía y cerraron las puertas de nuestro edificio. Aunque hubiéramos querido ir no hubiéramos podido. Todo fue tan terrible… nosotros vimos como caían las bombas en La Moneda, al principio queríamos ir pero no sacábamos nada con salir – recuerda Sievering.

Tras el infructuoso intento de obtener cámaras en Chilefilms, Jung terminó en la casa de Raúl Ruiz. “Él no estaba. Llegó al rato y me dijo que me fuera a mi casa porque el toque de queda se iniciaba a las cuatro. Ese día abandonamos todo”, recuerda el actor.

En el exilio francés, Poirot y Valenzuela intentaron retomar el proyecto fílmico. Ya no sería una simple película de posibles conspiraciones, sino un material que denunciaría como la derecha y los militares habían destruido a fuerza de complots, la democracia chilena.

“Patricio pensaba que en Francia, con la ayuda de Costa Gavras, a quien ambos conocíamos, podíamos realizar la película”. Poirot y Valenzuela se reunieron con los productores Jacques Perrin y Barratier, quienes se mostraron interesados en financiar el filme chileno. Pero la producción era cara y el dinero con el que se contaba no era suficiente.

“Había que buscar locaciones y lugares que se parecieran a Chile y recuerdo que Perrand dijo que creía que ese lugar era Argelia. Entonces nos comentó que ellos como país tenían buenas relaciones con Argelia, y que por eso teníamos que hacer una coproducción con ellos”, señala Poirot.

Pese a que las negociaciones con el país africano se iniciaron, nunca se pudo concretar nada y el proyecto, que juzgaría públicamente al cura Hasbún como autor intelectual de la muerte de un obrero, desapareció como tantas otras cosas ese 11 de septiembre. En términos jurídicos la cosa no fue mucho mejor.

En 1974, la muerte del pintor Henríquez fue sobreseída sin culpables.