Será presentada por Ricardo Lagos, por estos días llegará a librerías. Se trata de “Lagartija sin cola”, una novela que José Donoso abandonó cuando se enteró, en España, del golpe de Estado en Chile. Luego, impelido por la pobreza, vendió la novela a la Universidad de Princeton y se concentró en la escritura de “Casa de campo”. Su hija, Pilar Donoso, recuperó la novela y gestionó su edición. Aquí cuenta todo eso, y además se refiere al conflicto con una escritora argentina que obligó a cambiarle el titulo, que originalmente era “La cola de la lagartija”. También conversamos del reconocimiento de la obra de su padre en Chile, de Roberto Bolaño, de la polémica suscitada hace años en La Tercera por la homosexualidad de su padre y del futuro editorial de sus diarios, cartas y cuentos de juventud.

HISTORIA DE UNA NOVELA PERDIDA

¿Cómo exactamente descubriste esta novela?

-Yo estaba escribiendo una biografía de mi padre, y cuando me tocó leer sus diarios de esa época -1973- veo que aparecen referencias a “La cola de la lagartija”. Y como a mí no me sonaba para nada ni nunca se la había oido mencionar a él, me dio curiosidad y empecé a revisar los archivos de Princeton.
Pero algo parecido ya me había pasado una vez y era un equívoco.

¿Cómo?

-Una vez me enteré que existía un libro llamado “Ríe el eterno lacayo”. Entonces, como no me sonaba, lo mandé a pedir a Princeton, pensando que era una novela inédita, y resultó que era “El lugar sin límites” tal cual la conocemos.

¿Y ahora?

-Esta vez me sorprendí al recibirlo. Había sólo una parte, y dije: “Bueno, está inconclusa”. Fue una decepción y ahí quedó. Pero después me di cuenta que había una segunda parte, la cual tenía otro título y estaba catalogada de otra manera en los archivos de Princeton.

¿Cómo estaba catalogada?

-Como “short story”. Había quedado dividida la novela en distintos archivos. Y cuando pedí todo, se unió la novela, y así fue el descubrimiento.

¿Ahí se la mandaste a Carmen Balcells, la agente literaria, y de ahí al crítico peruano Julio Ortega?

-Exacto. La novela estába tipeada, pero con correcciones manuscritas, con tachones, y la duda era si se publicaba o no, y luego conseguir a alguien que guiara las decisiones del tipo si era mejor dejar la palabra tachada o la que ponía al lado, etc. En un minuto se pensó hacerla en edición crítica. Pero la novela, a
pesar de ser una primera versión, estaba muy completa y muy cerrada, y era un desperdicio hacerla con notas y comentarios. No valía mucho la pena.

¿Y cómo fue exactamente el problema con el título y la escritora argentina Luisa Valenzuela?

-La novela de mi papá originalmente se llamaba “La cola de la lagartija”. Y esta escritora argentina tiene una novela que se llama “Cola de lagartija”, que es de 1982. Y a pesar de que podemos probar, por los archivos de Princeton y por los diarios de mi padre, que la novela data de 1973, era un lío entrar en
peleas de editoriales… Yo le escribí primero a ella, tratando de convencerla, de decirle que ese titulo es algo que uno usa como un modismo, como una expresión de uso, que no es una exclusividad, que es como si alguien titula “Gracias” una novela. “La cola de la lagartija” es la expresión para señalar un cambio, que uno se reestructura, se regenera, que te vuelve a salir la cola… Pero ella no cedió, no cedió, y al final Alfaguara prefirió buscar una fórmula, y Julio Ortega ayudó y quedó en este título de “Lagartija sin cola”.

¿Se le ocurrió a Ortega?

-Todos tiramos ideas, sugerencias, y éste fue de Julio –que también le escribió a Luisa Valenzuela, que no transaba porque era “su” título-. Y bueno, al final, ya… una pena, pero así es la cosa. Y si no está el autor menos se puede pelear.

¿En tu opinión, con qué libros de tu padre emparentas “Lagartija sin cola”?

-Con “El jardín de al lado”. Totalmente.

¿Tienes alguna idea de por qué quedó abandonada?

-Es una novela previa a “Casa de campo”… Yo tengo una teoría. Es una teoría no más. Por las fechas del diario correspondientes a cuando mi papá estaba metido en esta novela, se puede ver que mis padres –vivíamos en Calaceite (España)–, son invitados a Polonia, y allá se enteran del Golpe. Y él vuelve a Calaceite muy abrumado y parte inmediatamente, según consta en sus diarios, los esbozos de “Casa de campo”. Y yo creo que “Lagartija sin cola” quedó archivada, y no la retomó nunca. Además, en esa época éramos muy pobres, y Princeton le compraba estos manuscritos. Entonces mi papá cada cierto tiempo juntaba estas cajas de papeles y los mandaba. Y yo creo que “Lagartija sin cola” se fue en una de esas y allá quedó.

¿Y nunca se acordó?

-No, piensa que “Casa de campo” le tomó 5 o 6 años, y esto desapareció de su mente. Pero lo divertido es que después “El jardín de al lado” es muy parecida. Yo encuentro que “Lagartija sin cola” es una novela muy moderna.

¿En qué sentido?

-Es muy actual, muy de la cosa de la preservación o la destrucción. El pueblo donde ocurre es totalmente el lugar donde vivíamos, Calaceite, aunque en la novela se llama Dors. Son estos pueblos españoles congelados en el siglo XVII, por un lado, pero que también quieren progresar, y están los chalets modernos y las discoteques y qué sé yo. La novela es muy de hoy; el estilo y el personaje principal son muy como los de “El jardín de al lado”.

DONOSO, CHILE Y BOLAÑO

Hace algunos años dijiste en El Mercurio que sentías que tu padre en Chile no ha sido reconocido, o no suficientemente. ¿Ha cambiado esa percepción ahora que se ha instaurado el Premnio José Donoso de la U. de Talca y se le ha reeditado?

-Por supuesto la iniciativa de la Universidad de Talca me honra, y sé que a él le hubiera gustado mucho, pues se sentía muy ligado a Talca. Pero obviamente mi papá no es una lectura masiva, hay que partir por eso. Pero aquí, como él mismo decía, es tierra de poetas, y es poco reconocido como el escritor que es afuera, donde tiene cierta relevancia, se lo edita más y en las universidades americanas lo estudian. Entonces sí, creo que es poco reconocido… Como carta de presentación, por ejemplo, no lo usan. Obviamente sé que no es una lectura fácil, pero Chile es Neruda, y te diría que la pobre Mistral hasta ahí nomás. Y Huidobro para qué decir…

Y de ahí el salto hasta Bolaño…

-Exacto, hoy día es el héroe.

Y a ti qué te parece Bolaño.

-No lo he leído jamás, lo reconozco. Por una cosa de lealtad muy personal.

¿Cómo de lealtad?

-Porque lo único que hacía era criticar a mi papá, y es como una tontera, lo sé, pero me he propuesto no leerlo… Me muero de ganas, seguramente debe ser muy bueno, pero no, no
forma parte de mis lecturas.

¿Con qué idea de Chile crees o recuerdas que murió tu papá?

-Él siempre quiso volver. Es parte de su historia. Toda la experiencia del autoexilio fue siempre una tortura y un peso para él. A él le gustaba ser reconocido en su propia tierra, que le gustaba mucho.

¿Qué puedes contar de la biografia que estás escribiendo sobre él?

-Ya está hecha, pero todavía no me decido a publicarla.

¿Estás esperando ofertas?

-No, no. Estoy esperando tener el valor.

Leí que tienes armada una colección de cuentos inéditos de tu papá.

-Sí. En esta búsqueda aproveché de pedir cosas a Princeton, cosas que no conocía, para informarme. Hay algunos cuentos que datan de su época de estudiante en Princeton. Y no sé qué se puede hacer con eso, porque hay algunos que no están terminados, hay otros en inglés. Entonces, me gustaría que alguien –no yo- usara ese material y viera qué se puede hacer. Incluso hay unos muy divertidos en que él mismo escribe: “El profesor me lo hizo trizas”, o unas notas abajo que dicen: “Es pésimo”. Pienso que se puede hacer algo con eso, como registro más que nada. No es que haya un montón de cuentos que sean otro libro perdido, pero hay cosas que valen la pena ahí.

HOMOSEXUALIDAD Y EL AMARILLISMO DE LA TERCERA

¿Y respecto a las cartas y los diarios de tu papá? ¿Tienes interés en publicarlos?

-Bueno, mi biografía está basada en las cartas familiares y los diarios. Y si alguien tiene interés, habrá que ver qué se hace, cómo, etc. Los diarios se liberan luego, pero igual se necesita mi autorización sobre ciertas líneas. Yo espero que no pase lo que pasó con el personaje este… hasta reprimí el nombre…

Marcelo Soto, que en La Tercera se obsesionó con el aspecto homosexual.

-Claro. ¡Que eso sea lo único que importe! Además que eso fue como turbio, porque se sacaron pedazos de contexto.

¿Compartes con Julio Ortega, quien, a propósito de lo de La Tercera, escribió que “su sexualidad no es parte de su personalidad sino de su humanidad”?

-Exactamente. Lo tomaron como que a mí me importara que se mencione su homosexualidad. Y no me importa nada, lo que me importa es cómo es tratado. Creo que cualquier persona merece el respeto de verse como una persona global, así con todas sus aristas, y no con una sola arista. Lo de Soto en La Tercera fue malintencionado, como prensa amarilla.

¿Pero no es que ustedes quieran ocultar la homosexualidad?

No, no, ese para mí no es el tema. No pasa por ahí.

¿Ves hoy herederos de la obra de tu papá?

-No, para nada. Sin desmerecer a ninguno, pero ¿la obra de mi papá continuada? No… Hoy día la gente lee otro tipo de cosas. Aunque hasta amigos de mi hija adolescente lo han retomado, y saben algo. Pero hay una generación que se lo saltó y no tiene idea quién es. Pero bueno, pasará el tiempo y algún día la historia le dará el lugar que se merece.

¿Es cierto que cuando eras niña te decía que los yogures colgaban de los árboles?

-Sí, es cierto, así era.