Iván Zamudio tiene veinte años, tal vez, y le gusta Dona Summer. Le gustan las mujeres morenas como Dona Summer, o como Jacqueline, que va en el colegio cuando empiezan a pololear. Iván Zamudio tiene 23 años cuando se casa con Jacqueline. Tiene más de cuarenta, cuando se separan. Tiene cincuenta -exactos- cuando su vida, parecida a la de cualquiera, se transforma en algo que no había pensado: 5 de marzo, 2012, el apellido Zamudio deja de sonar a anónimo porque su segundo hijo, Daniel, es encontrado casi muerto en el Parque San Borja.

El 7 de marzo Daniel sale del coma inducido. El 19 de marzo sufre un paro cardiorespiratorio. El 20 de marzo dicen que quedará con daños neurológicos. El 21 de marzo dicen que producto de una isquemia cerebral -esos conceptos de médico que suenan a algo tan malo como lo que debe ser- va a quedar con más daño del que se pensaba.

Y en todos estos días Iván se ha dedicado a rearmarse. Sentado, afuera del parque -bajo, los ojos muy verdes- va hacia atrás, hacia los días en que empieza a darse cuenta de que Daniel es gay.

-Tenía trece-catorce años. Era finito. Igual es golpe, mijita, nadie va a querer que sea así porque estamos insertos en un mundo en que la mayoría son machistas -somos machistas- pero a mi me pasó lo mismo que cuando mi hija, Ivania, quedó embarazada a los dieciséis: qué diablos, hay que apechugar. Lo que si, le dije que fuera siempre precavido.

¿Precavido cómo?
-Que se vistiera normal. Era para protegerlo ahí. Yo no estoy ni ahí si al cabro me lo gritan y le dicen gay. Yo voy a decir: “qué te creis vos, conchetumadre, que me venís a tratar mal al cabro”. Si somos todos iguales: hay negros, amarillos, rojos, blancos. Hay lesbianas -les dicen lelas a las lesbianas- hay gays, hay transexuales y uno nace así. Si tú lo mirai así, somos todos iguales.

-Él sentía que tú no lo aceptabas.
-Era más por la irresponsabilidad.

-Pero él lo interpretaba como rechazo a ser gay.
-Claro. Pero no era eso. Lo que pasa es que el hijo mayor era bueno para los estudios, súper responsable. Si tenía que levantarse a las cinco de la mañana todos los días para ir a trabajar, se levantaba. Yo actuaba mal en ese sentido porque lo usaba de ejemplo, entonces el Dani me decía: “siempre me sacai a mi hermano”. Y yo: “Si no te gusta estudiar yo te voy a entender, cabro. Hay gente pa estudiar hay gente pa no estudiar. Pero la idea es que tenis que tener una responsabilidad”. Ahí empezó a rebelarse.

-Se fue a vivir con su mamá…
-Igual estaba viviendo conmigo. Si este loco era bien indeciso para sus cosas. Iba a jaranear y llegaba el domingo, estaba en las dos casas pero tiró más para el lado de la mamá porque la mamá lo consentía en todo.

-¿Has re pensado cosas en tu relación con el Dani?
-El Dani ya estaba empezando a ir en tierra derecha en cuanto a su vida, a lo que iba hacer, lo que quería hacer. Y estaba bien. Si fue un trance lo que el Dani sufrió cuando se empezó a portar mal, empezó a tomar trago. El Dani no puede tomar

-¿Por qué?
-Porque lo he visto en ciertas ocasiones que es muy prepotente cuando toma trago. Se vuelve más loca. Y esa parte es la que odian las personas.

-Pero ése es problema de las personas. ¿Crees que Chile va a seguir siendo así de homofóbico?
– Sí. En general sí. Esta cuestión es larga: nosotros tenemos una idiosincrasia: la del machismo. Nosotros somos súper machistas. Nos duele, nos ponemos hueones si nos deja una mujer. Mientras no te pase nada, todos somos machistas. Mientras no tengas a tu hijo gay, eres machista. Pero cuando tienes un hijo gay y lo quieres, dejas de ser machista. Posiblemente eso me pasó a mí.

EL PERDÓN
Estos días -sobre todo desde el paro cardiorespiratorio- Iván piensa en Dios. En un Dios que puede ser Dios-naturaleza, el Dios cristiano o cualquier Dios.

-Hubo un momento en que Daniel -entre cuatro cinco días atrás- Daniel miraba, escuchaba a la mamá, focalizaba la mirada. Le contábamos cosas y él se reía: ponte tú que Ricky Martin le había mandado un mensaje. Y le daba risa a él. Le pedíamos que tuviera harta fuerza y él lloraba, daba una expresión de sufrimiento. Y ese sufrimiento para nosotros era rico, era bonito, era esperanzador. Pero este domingo que pasó: el sábado y domingo que pasó lo encontramos raro a Daniel. Estaba totalmente adormecido.

-¿Y qué pasa con pasar de la esperanza a la decepción?
-Como nosotros vemos a Daniel todos los días vemos los altos y los bajos. Tu escuchai a los médicos y un médico te da una pequeña esperanza pero hay médicos que son más crueles, por decirlo así. Se van a la parte más concreta: un estado grave, crítico, y pucha nosotros estamos haciendo lo imposible por salvarle la vida, pero está la versión de “esto está funcionando bien, el Dani está evolucionando bien”.

-¿Cuál crees tú?
-Formé un promedio, cachai.

-Ni tan esperanzado ni tan achacado.
-Exacto. A la gente más cercana a nosotros yo trataba de mantenerla así. Con lo que veía yo, no con lo que decían los médicos. Cuando bajó pensé: “pucha, el Dani está durmiendo, está durmiendo”. Al otro día estaba con los ojos abiertos pero la mirada perdida. Entonces te entrai a preocupar, te entrai a desarmar, te ponis a llorar y empezai a echar chuchás contra estos compadres, contra los cabros, contra los hueones que le hicieron eso. Veía al Dani y pensaba: “perros desgraciados. Cómo estos desgraciados me dejaron así a Daniel”. Y, pucha, cuando al Dani le da el paro, ahí me fui a la chucha. Y cuando te vai a la chucha también recapacitai en tu momento de dolor porque queris la ayuda de Dios. Yo soy súper malo para pedirle a Dios

-¿Por qué? ¿Te cuesta creer?
-Hay momentos en que uno cree y no cree. Pero si tú mirai esa parte grandiosa de Dios, pensai: “”me enfoco en Dios, me voy por ese lado y me voy con fe”. Hoy, ayer y antes de ayer vi el twitter que decía: “ojalá que los maten a estos asesinos” y yo pensé: “Si estamos pidiéndole a Dios, si estamos haciendo un bien pero estamos viendo la parte vengativa, negativa, está mal enfocada la forma de pedir”. Dejemos de lado la maldad, dejemos de lado la venganza, dejemos de lado el rencor y aboquémonos con la nueva disposición mental para pedirle a Dios. Yo no quiero venganza. Hay que estar limpiecito

-¿Y cómo haces para no sentir rencor?
-Delegas. Tú delegas, no más. La justicia se está haciendo cargo de eso, no yo. Yo no voy a tener el poder para ir y juzgar a un tipo de éstos.

-¿Y si la justicia falla?
-Ellos fallaron. No yo. Si esto es un trabajo. Lo que estoy haciendo yo es un trabajo. Si yo me llevo toda la carga de condenar a estos tipos, hablar con los periodistas y con el médico, colapso.

-¿Colapsaste?
-Es que colapsai por la responsabilidad que tenís con tus hijos, con la Jackie, con la familia, obvio que colapsai. Colapsai y te empieza a doler la espalda, se te apreta la guata. Pero, mi reina, uno aprende mucho con esto. Aprende a concentrarse, a delegar, aprendes a pensar mejor. No sé po. Aprendís a fortalecerte, tú te vai fortaleciendo. Perdí todo eso en un momento y no lo quiero volver a perder.

-¿Y cómo perdiste eso?
-Tuve depresión, problemas privados, problemas económicos. Fueron un montón de cuestiones que me llevaron a ese hoyo profundo. Y ahora no. Es imposible que me hunda así porque tengo hartas cosas de donde agarrarme. Y lo estoy haciendo por el Dani. Estoy haciendo lo imposible para que el Dani esté bien. Y si se me va, ya tengo la resignación.

-¿De verdad?
-Sí. Ya hablé con toda mi familia. Les expliqué. Yo quería formar una esperanza en ellos, se lo trataba de transmitir a toda la gente pero llega a un momento en que ya pienso: no es mi responsabilidad. Ésa ya es otra carga.