Foto: Alejandro Olivares

Echas de menos una discusión pública respecto a la licitación del litio
Así es, lo del litio ha sido poco transparente, poco claro, el debate se ha llevado a puertas cerradas porque el interés de las grandes empresas es que esto se discuta lo menos posible. Existe un falso discurso sobre el libre mercado pero, en el caso eléctrico, tenemos un oligopolio de tres empresas. Se habla de la competencia y hay muy poca competencia. Las empresas hacen todo lo posible por impedir que ingresen nuevos competidores al mercado.
La gente sostiene que si ya perdimos con el cobre, que no se repita lo mismo con el litio. ¿Qué piensas de esta apreciación?
Ese es un tema complicado, es verdad que existe este sentimiento pero por otro lado hay experiencias de materias primas que han decaído en su precio y te puedes quedar clavado con ellas. Se necesita mucho conocimiento específico sobre qué va a ocurrir con el mercado y la demanda del litio.

Pero las cifras van en continuo aumento…
Sí, pero como tiene una utilización específica para ciertas tecnologías, nadie sabe si van a utilizarse el día de mañana de forma permanente. Hace un par de décadas se pensaba que con la aparición de la fibra óptica el cobre se iría a la baja. En la práctica, sin embargo, el cobre no ha hecho más que aumentar su demanda.

¿Es un buen negocio para Chile la licitación del litio o es preferible generar valor agregado?
Cuando se habla de materias primas siempre existe el ideal que es tener un valor agregado y que haya algún beneficio posterior de esa explotación. Por lo tanto frente al litio, deseo de que se utilice, por ejemplo, en la fabricación de baterías. Eso es lo que ha planteado Bolivia.

¿Existe esa factibilidad en Chile?
Eso está por verse. El argumento contrario es que nadie sabe cuánto va durar la demanda de un determinado producto. Si miras lo que pasó con el salitre sintético, se devaluó, de ahí el argumento de quienes dicen “aprovechémoslo tal como está porque a lo mejor mañana se descubre otro mineral”. Es un debate donde hay que tener conocimientos técnicos específicos.

Es como soñar con el paradigma de Finlandia con Nokia…
Ese es el problema, porque si te vas a poner a construir baterías, y estás en un nivel de atraso tecnológico como el que tiene Chile y no tienes un pulso en el mercado, te puede pasar lo que le pasó a Nokia, que estaba a la vanguardia y ha sido desplazada en un período muy breve. Y eso le puede pasar a un particular o al Estado. Los mercados son muy volátiles, hay riesgos. Por eso tienes que prepararte.

¿Cómo?
Convendría asociarse con empresas que han desarrollado tecnologías y acceso a mercados. Muchas veces el tema pasa por cómo administras la explotación y generas valor agregado. Para mí, Chile tiene un campo mucho más claro, que está vinculado al litio, donde puede generar un proceso de industrialización y generación de empleos: el desarrollo de energías renovables no convencionales. Especialmente la eólica, la solar y la geotérmica.

Pero nos han metido en la cabeza que son energías carísimas…
Lo que sabemos hasta ahora es que vamos a tener una gran demanda de energía, si a cada uno de estos proyectos se le exigiera que tuviese un 25 o un 30% de energías renovables. Es necesario exigir ahí un porcentaje y que se produzca a nivel nacional.

Por que no se hacen, entonces, si parece una idea razonable…
Porque te van a decir que son las viejas políticas sustitutivas. Tu pregunta en el fondo es política porque en Chile existe un dogma contra el Estado. La participación del Estado es algo que se vedó completamente a partir del golpe del año 1973. Desde entonces ha sido un dogma de fe decir que la participación del Estado en cualquier actividad económica es algo repudiable y que sólo el mercado puede resolver los problemas productivos de un país, lo que es absolutamente falso.

Brasil, tal como señalas en tu libro, tiene una matriz energética extraordinaria…
Claro, y el Estado ha jugado un papel determinante y podría jugarlo aquí también. Brasil, cuando vino la gran crisis del petróleo en 1973 y se cuadruplicaron los precios, decidió que no quería depender del petróleo y empezaron con la política del etanol. Mucha gente pensaba que era una locura y hoy día es una bendición.

¿Estás de acuerdo con el royalti de un 7% al litio?
El royalti es un tema que, al igual que el cobre, hay que considerarlo en términos comparativos a nivel internacional. Australia, por ejemplo, puso un royalti de más de 20% a las explotaciones mineras y se dijo que eso era el fin de las inversiones, que iba a provocar una estampida y nada de eso ocurrió.

Y si sucede, las grandes compañías hablan sobre el cambio en las reglas del juego…
Claro que es inaceptable el cambio a las reglas del juego pero ellos, cuando quieren cambiarlas, lo hacen sin ningún problema y su mecanismo es amenazarte con un éxodo del país. Un país que está recibiendo 90 y tantos mil millones de dólares en inversiones está en condiciones de negociar sin ningún problema. Chile tiene una posición muy sólida. El problema es que acá las asesorías de relaciones públicas hacen campañas de lobby muy sólidas y como el Estado no asume plenamente el interés nacional como tal, bueno, el mercado tiende a salir con la suya.

Cómo cuando la familia Matte exigió, a propósito de Colbún, una mayor claridad al Estado…
Eso es la vuelta a un esquema bastante oscuro. A mí no me queda muy claro si esto fue un golpe sobre la mesa para exigirle al gobierno que actúe o que, efectivamente, Colbún está considerando que el negocio no es tan rentable como pensaba. Pero cualquiera sea la situación me parece complicado que una empresa estornude y el gobierno reaccione en menos de una semana, cuando antes se han movilizado miles de chilenos y no se los ha tomado en cuenta.

Paraguay
A propósito de elites y negociados, ¿qué te parece lo que ha sucedido en Paraguay?
Me parece que la elite paraguaya no ha terminado de entender en qué mundo vive, es un país tremendamente encapsulado, uno de los más pobres de América latina, un país que no ha conocido la democracia como tal…
De hecho fue gobernado 61 años por el partido Colorado…
Sí, Lugo es el primero que rompe con la hegemonía del Partido Colorado. Propuso, y quizá ese fue su mayor error, una reforma agraria, generando expectativa de acceso a la tierra en un país que tiene 300 mil campesinos sin tierra y una concentración donde el 1% de la población es dueño del 77% de la tierra cultivable. Paraguay es el país con más población rural en América Latina.
Hay alguna similitud entre lo que pasó en Paraguay y lo que sucedió en Chile en el 73…
Hay algo en el sentido que fue el primer presidente de izquierda de Paraguay. Lo que no hay, a diferencia de Chile, es que acá había un movimiento social organizado y Allende fue la culminación. Lugo, en cambio, es un afuerino del sistema político que encarna una voluntad de cambio pero no está estructurado. Además se dan en momentos históricos totalmente distintos. Pero hay un detalle. No hubo resistencia. Dicen, lo leí de una fuente confiable, que lo fueron a ver un grupo de dirigentes campesinos y le dijeron que estaban dispuestos a movilizarse en su apoyo y el respondió, textual: “yo no soy Salvador Allende, yo quiero irme para la casa”.