-Yo acá haría Italia –le dice Jorge Soria, el alcalde electo de Iquique, a un arquitecto que lo acompaña-. Sí, Italia: los italianos hicieron poblaciones enteras en las rocas. Esto tiene que ser Italia…

Pero el hombre que hoy asumirá por octava vez a la cabeza de la principal ciudad del norte se corrige:
-No, esto es un Mónaco hueón, es Mónaco, y más lindo que Mónaco. Esta es la única parte en Sudamérica donde veo una hueá así.

Estamos a nueve kilómetros al sur de Iquique, en Altos de Playa Blanca. Soria mira el horizonte con las manos en jarra. Lo acompaña una comitiva de trabajo: un arquitecto, un empresario de la Zona Franca (Zofri), y también su hijo Mauricio, su benjamín de 42 años. El lugar está ubicado en medio de un cerro reseco, se llega por un camino de tierra, bajo dos canteras. En los faldeos del monte hay un vertedero ilegal, unas camionetas abandonadas, unas cuantas mediaguas y una chanchería artesanal. Desde allí se aprecia el mar y la ciudad.

Soria promete que allí construirá el nuevo Iquique.

Son los días previos al cambio de mando y la salida a terreno es para hablar sobre cómo unos inversionistas privados quieren convertir el peladero en un lujoso polo inmobiliario. El proyecto contempla un mall, un helipuerto, una marina, y miles de casas de lujo. Se complementa con otro: a un par de kilómetros, Soria tiene un trazado mental para construir una cooperativa con vista al mar. Allí –dice- vivirá cualquier hijo de vecino, en pequeños chalés de 200 metros cuadrados. El municipio se pone con el loteo, los planos, los arquitectos, y los ingenieros, y los propietarios construyen sus casas a medida que va creciendo la familia. El problema de la vivienda es grave en la ciudad. Casi ya no hay, y las que quedan son demasiado caras de arrendar o comprar. El metro cuadrado en Iquique es de los más caros del país, y eso es lo que lo alienta en este proyecto. “Nadie se puede sentir pobre si su casa tiene 200 metros cuadrados y vista al mar”, dice Soria.

-Este lugar, donde estamos ahora, será el nuevo Iquique. Esto te lo vendo a toda Sudamérica. ¿El dueño de una hacienda por qué no va a querer vivir acá? El Iquique masivo lo parto más allá (apunta a la izquierda), y los gallos de allá van a venir a estas avenidas lindas, imagínate. El roto que limpia autos, y que es parte de la cooperativa, de una casa muy bonita, el hueón va a andar con sus hijos por unos jardines públicos con flores, que son como los de Mónaco. Eso es levantarle la calidad de vida.

Esta mezcla de ricos con pobres, interactuando en espacios públicos, y donde ninguno de ellos es dueño de la playa, lo hace feliz. Detrás de esta idea –dice- está su definición política: un socialista moderno convencido de que el crecimiento de la empresa privada lleva desarrollo a los pobres. En esta ecuación, él corta el queque.

-Yo hago el dibujito, ni la tierra es mía, ni yo meto la plata, yo sueño. La ciudad no va a soltar a que la empresa privada por su cuenta haga esta hueá. Esto se tiene que hacer bajo nuestra filosofía. Yo soy la aduana –concluye.

Una aduana que volverá a funcionar a partir de hoy, cuando asuma su nuevo mandato a cargo de la ciudad. Con este, el caudillo –tal vez el último de la política nacional- sumará 27 años gobernando.
Regresa a la alcaldía a los 76 y todavía con las heridas que le dejó su destitución en junio del 2006 por fraude, negociación incompatible y cohecho. Estuvo en un juicio que durante seis años remeció a Iquique, lo tuvo prófugo de la justicia y que terminó ganando en la Corte Suprema por cinco votos a cero. Ahora vuelve.

SORIA ES CHORO

El comando de Jorge Soria en esta elección funcionó en el centro de la ciudad, a un costado de la catedral. Es la casona donde nació, y que antes sirvió como administración de las salitreras “Josefina” y “Progreso”, que eran de propiedad de su madre Elena Quiroga. De su padre Alejandro Soria, ex intendente de la Región en el gobierno de Salvador Allende, aprendió las técnicas de la política.

Su oficina está llena de recuerdos de las campañas. En una pared cuelga el afiche de la primera, en 1963, cuando con 24 años fue electo alcalde, tras un frustrado paso por la universidad: “Iquique es puerto, Soria es choro”, dice el eslogan, que va acompañado de una foto juvenil. No sabe por qué la prensa le puso “Choro”, pero el mote atrajo votos. El mismo lema ocupó en la elección de 1967.

En la época en que tener música “envasada” era un lujo, Soria grabó su propio himno. Lo hizo en un vinilo de 45 RPM que hoy guarda en un cajón. “Soria es choro”, se llama el primer tema: “vivid confiados los que amamos la ciudad, que Iquique quiere a Soria, porque es choro y qué más da”, canta el coro. Al darlo vuelta suena una cumbia: “Iquique es puerto”. Ambas elecciones las ganó siendo militante del Partido Socialista (PS), al que entró cuando tenía 14 años.

En esa década, Iquique vivía una crisis económica que se arrastraba desde el fin de la época de oro del salitre, y que no había sorteado con el desarrollo de la industria pesquera. Soria llegó al municipio con la idea de cambiar la actividad económica. Pretendía abrir el comercio con Oruro, en Bolivia, y con eso darle un respiro a la ciudad. En eso estaba cuando en 1965 fue invitado a un congreso de alcaldes en Nueva Orleans. El gobierno de Estados Unidos lo eligió junto a otros 60 representantes del mundo para conocer el país en un mes.

-¿Qué conclusión saqué? Que estaba hueviando con unir Iquique con Oruro, la hueá se llamaba Santos, Brasil, atravesar todo el continente. Ahí estaba la gracia de Estados Unidos, que maneja el mundo para los dos lados, el Pacífico y el Atlántico –recuerda.

En el vuelo de regreso a Chile, y mientras el avión hacía una escala en Panamá, conoció el puerto de Colón y la zona franca panameña. Se dio cuenta que ese era el supermercado de América, y se acordó de Iquique: “Entonces pensé, concha de la lora, voy a unir el Pacífico con el Atlántico y voy a crear una zona franca en Iquique. Averigüé todo. De ese viaje me traje dos secretos”, dice.

Con esa idea en la cabeza, Soria le organizó el paro de las banderas negras al gobierno de Frei Montalva. “Iquique paraliza todas sus actividades. Calles y casas se llenan de banderas negras. El joven alcalde Soria lidera este gran movimiento social”, se leía en una nota del diario El Tarapacá.

Según Soria, de esa movilización surgió la Zofri. Desde un archivador empolvado saca papeles de otra década, amarillentos, y muestra el decreto con el que se creó la Zona en 1969, y la factura de la primera carga de neumáticos que llegó sin pagar impuestos, en febrero de 1973. Dice que su padre, como intendente, y él, como alcalde, lideraron el proceso. La historia oficial, sin embargo, no reconoce su versión. Una presentación de la administración de la Zofri, dice que esta fue creada en 1975, bajo la dictadura de Pinochet.

-Que Pinocho, que la derecha… ¡pico! Esta es una iniciativa socialista, de este hueón que estás mirando –dice mientras se ríe.

CON DIOS Y CON EL DIABLO

A Soria le quedan dos semanas para asumir y las jornadas en el comando -la “alcaldía chica” como le llaman- están agitadas. “No hay que perder ni un día” –dice Soria, mientras encabeza un recorrido por la costa, viendo los lugares por donde pasará la nueva carretera que pretende gestionar. Lo acompañan su hijo Mauricio y un chofer. Mientras visualiza bares, playas, jardines, italias, cancunes, arrecifes, hoteles, y turistas, donde sólo hay erosión y olas, se acuerda nuevamente de Pinochet y la Zofri.

-Al césar lo que es del césar; yo la creé y él la hizo crecer –explica.

A Pinochet se le atribuye la fundación de la Zofri porque en 1975 modificó el decreto de 1969 que la creaba, sacando de la excepción tributaria el puerto de Pisagua, que él había utilizado como campo de concentración tras el golpe. Soria estuvo detenido allí durante un año y recuerda su paso sin dar detalles de las torturas. “Con todos se les pasó la mano, conmigo también”, dice.
Francisco Prieto, el derrotado candidato a alcalde de la Concertación que en esta elección sacó 1.900 votos, también estuvo en Pisagua y recuerda un encuentro con el alcalde allí.

-Su comportamiento no fue el de un líder. Tenía una actitud timorata y poco solidaria con nosotros los jóvenes. Nos responsabilizaba por lo que estaba pasando. Él también tenía privilegios, mientras dormíamos en las catacumbas y a él se lo llevaban a dormir a la enfermería –recuerda Prieto.

En la ciudad se tejen mitos sobre la relación de Soria, Allende y Pinochet. Uno de ellos dice que Allende lo iba a nombrar ministro de Deportes, pero que los partidos se opusieron. Otro cuenta que Pinochet fue su padrino de matrimonio, cuando se casó con María Inés Macchiavello, ex concejal de Iquique y actual concejal de Alto Hospicio. La familia lo niega, pero reconocen que, en su momento, hubo buena relación, porque Pinochet cuando era jefe militar en la zona asumía como intendente subrogante cada vez que Soria padre viajaba fuera de la Región.

-El general que yo conocí y con el que conversé y discutí del acontecer nacional, era un general que no tenía en su cabeza el ser golpista. Paralelamente, Salvador Allende tampoco tenía el espíritu de que se tomaran los campos y las fábricas. O sea, los personajes que tuvieron el conflicto final, no tenían el espíritu que nos llevó al 11 de septiembre –reflexiona.

INTEGRACIÓN

El cambio de mando también es uno de los puntos que preocupan al equipo de Jorge Soria. Durante la mañana se han enterado que su eterna contrincante, la derrotada alcaldesa Myrta Dubost, renunció cuando aún quedan un par de semanas para la ceremonia.

La mente de Soria ya proyecta su asunción. En su oficina conversa con Ernesto Lo, El Chino, su ex administrador municipal, sobre quiénes serán los invitados. Soria está empecinado en que Evo Morales esté presente, pero su equipo se opone. Le dicen que las relaciones internacionales con Bolivia están complicadas y que el gesto puede ser malinterpretado por el gobierno.

Soria le muestra a Lo la carta que pretende enviarle a Morales. Hay cordialidad. La buena relación política y comercial que existe entre Iquique y Bolivia es antigua y próspera. Sin ir más lejos, el año pasado, las compras que este país hizo en la Zofri representaron el 22% del total, seguido por Paraguay con 10% y Perú con 8%.

De la mano de la integración y el comercio, Soria transformó el Iquique de las salitreras y la pesca, en un supermercado continental, que da trabajo a 36 mil personas y surte a los países vecinos con un gran volumen de ventas: US 4.290 millones durante el 2011. Este logro –afirma- lo comenzó en 1992, cuando volvió a la alcaldía por tercera vez. Apoyado por el Partido Comunista (PC), le ganó a Dubost por sólo 600 votos. Por esa fecha Soria dibujó el Iquique del futuro, tal como lo está haciendo hoy a días de asumir. Su bosquejo incluía edificios sobre los 20 pisos, hoteles por montones, kilómetros de parques y playas, y un acuario.

Comercio y turismo tenían un problema. Entre Iquique y Santiago hay 1.840 kilómetros. La distancia le quitaba atractivo a la ciudad. Soria, entonces, dio vuelta el mapa. Dejó de tirar líneas hacia la capital y miró a Sudamérica. Iquique está a 400 kilómetros de Oruro, a 635 de La Paz, a 1.400 de Asunción y a poco más de 2.000 de Santos, en Brasil. Allí encontró su público objetivo.

-La pega de mi papá va mucho más allá de la alcaldía. Él tiene una pega internacional, que llama a Iquique a ser la capital de la integración. Él ha guiado la integración de los pueblos del cono central de Sudamérica. Por eso, para los bolivianos, Soria es como el gurú de la hueá –cuenta su hijo Mauricio.

Desde 1992 hasta el 2006, año en que Soria fue destituido de la alcaldía en su séptimo período, se habían trazado carreteras en tres corredores bioceánicos distintos: Norte, Central y Sur. El trabajo de Soria en esos años consistió en convencer a las autoridades políticas de que las carreteras con Latinoamérica eran necesarias. También azuzó a las ciudades extranjeras vecinas a pelear por lo mismo.

A medida que se fueron inaugurando los tramos, Iquique se fue hermanando con distintas ciudades: Santa Fe y Salta en Argentina, Campo Grande en Brasil, Asunción en Paraguay, y Arequipa y Tacna en Perú. Pero Iquique también tiene hermanos en otros continentes: Abu Dabi en Emiratos Árabes, Sevilla en España, Zagreb en Croacia, y Miami en Estados Unidos. Este último hermanamiento es el que más orgullo genera.

La integración para Soria se ha convertido casi en una obsesión. En el comando tiene dos mapas gigantes, desplegados en dos paredes. Uno es el de los corredores y otro de las conexiones de trenes. En su casa tiene otro, del mismo tamaño, pero instalado en pleno living: “Este proyecto lleva a Sudamérica al desarrollo y nos sacará de la pobreza”, proclama una lectura en una esquina del plano.

Detrás de esta idea de integración está lo que Soria llama su concepción ideológica:
-Soy un socialista que cree en la empresa privada, como China, Rusia y al que va entrando Cuba. La empresa privada es un factor importante para el desarrollo de los pueblos. Yo trabajo para el 90% que no tiene nada y apoyo al 10% que es el poder económico, porque es vital que le llegue mejor calidad de vida a quienes no la tienen.

EL TERCERO MÁS BUSCADO

Jorge Soria está con sobrepeso. Mide 1.73 metros y pesa 90 kilos. Calcula que si baja cinco encontrará el equilibrio. Hubo un tiempo en que estuvo peor. Fue en junio de 2006, cuando lo destituyeron y se dio a la fuga, luego que lo acusaran de fraude al Fisco, negociación incompatible y cohecho. Llegó a pesar 125 kilos.

El detalle de los kilos no es menor, porque fue un problema mientras estuvo prófugo. Dónde esconder a Soria no es una minucia. Su familia cuenta hoy con humor la clandestinidad en la que estuvo por nueve meses.

Las acusaciones en su contra tienen relación con la pérdida de 130 millones de pesos de la municipalidad. Según los denunciantes, estos dineros habrían sido utilizados para pagar salarios a trabajadores muertos y cancelar obras no ejecutadas de la empresa de Ernesto Wittmann, un amigo suyo.

Desde que el 20 de junio de 2006 la Corte de Apelaciones de Iquique confirmó su procesamiento, Soria usó toda su viveza para no ir a la cárcel. Ese día se internó en una clínica aquejado de hipertensión y diabetes. Después de pagar $10 millones de fianza se fue a Santiago para operarse de las rodillas. Volvió a Iquique el 28 de octubre. Dijo que daría la cara, que se iba a defender y que el 1 de noviembre iba a celebrar su cumpleaños. La fiesta no se realizó. Con el dato de que ese día la Policía de Investigaciones le daría una sorpresa, Soria y su familia decidieron huir nuevamente a Santiago. Para finales de ese mes, Soria era el tercer hombre más buscado del país, detrás de Zacarach y Raúl Iturriaga Neumann.

-Me fui a Santiago porque era más difícil que me encontraran. Viví una vida de fugitivo. Dormía debajo de las camas, para que las empleadas no supieran que estaba allí –recuerda Soria.

Su esposa María Inés y sus dos hijos –Mauricio y Jorge-, lo acompañaron en todo su periplo. Idearon un plan de escape. Tenían como cinco celulares distintos y claves para comunicarse. Cuando hablaban de “mosquitos”, era porque la policía estaba vigilando la casa.

-Una vez estuvieron a punto de pillarlo. Mi mamá compraba las recetas de mi papá con su RUT. Un día la policía llegó a la farmacia y empezaron a buscarlo por el perímetro. Sin saberlo, llegaron hasta donde estábamos, pero no entraron porque había unos perros –recuerda su hijo Jorge.

A medida que pasaban los meses, Soria perdía cada vez más el control. No sólo estaba prófugo, sino que tampoco podía defenderse de lo que para él era un complot político. En agosto de 2007 la familia planeó su regreso. Vieron alternativas. Pensaron en trasladarlo en helicóptero hasta La Serena, o en un contenedor hasta Alto Hospicio. Finalmente, optaron por una camioneta. La operación se hizo a espaldas de los abogados. Un chofer contratado fue a buscarlo y lo trajo envuelto en frazadas. Para despistar a la policía, su hijo Mauricio partió a Santiago. Mientras todos lo seguían, el 8 de agosto Soria llegó a Iquique sin ningún problema. Su idea no era seguir arrancando, pero sí mantener la clandestinidad por unos días más. Quería entregarse, y así evitar que los medios de comunicación lo mostraran esposado y capturado por los detectives. Cuatro días después, apareció internado en la Clínica Iquique. Recién ahí la policía se enteró de que el hombre al que buscaban en la capital estaba ya en la ciudad. La jueza fijó su fianza en $10 millones más y Soria salió con libertad provisional.

Su cargo en la alcaldía fue ocupado por su contrincante Myrta Dubost. A 17 años del fin de la dictadura, la última alcaldesa designada por Pinochet en Iquique volvía al sillón municipal. Soria, en tanto, preparaba su defensa y aleonaba a su hijo Mauricio para que se presentara en representación suya en las elecciones de 2008. Las acusaciones, sin embargo, le pasaron la cuenta. Mauricio sacó el 38% de los votos y Dubost ganó la elección. De todas formas, el sorismo quedó representado en el concejo, porque su esposa María Inés salió electa con primera mayoría.

Tras seis años de juicio, el 24 de abril de este año, por votación unánime, la Corte Suprema lo absolvió de todos los cargos, argumentando que las acusaciones no fueron probadas. Ese día sus hijos grabaron un video con un llamado a los iquiqueños: “los invitamos cordialmente a recibir a nuestro padre, líder de Iquique, en Bajo Molle, donde haremos una caravana para un posterior acto de término y las palabras de Jorge Soria libre”.

-Me siento feliz que en Chile vuelve a haber democracia, vuelve a haber libertad, el pueblo elige al hombre que él quiere, viejo, joven, lo que sea, el pueblo es el que manda. Esa es la democracia, eso me hace feliz -gritaba Soria en éxtasis, mientras de fondo sonaba “Soria es choro”, su himno.

Los soristas ese día proclamaron que todo lo que había detrás de las acusaciones formaba parte de un complot. La familia de Soria lo repetía también. Para ellos, la Concertación y la Alianza están detrás de todo.
-Como no pudieron sacarlo con votos, armaron este cuento para deshacerse de él. Esto es lo más corrupto que ha existido en Chile –dice su hijo Jorge.

LOS SORISTAS

Desde hace unos días, Soria anda con una grabadora digital en su bolsillo. Allí comenta las ideas que se le ocurren cuando conversa con la gente. Caminar con él por la calle es complicado. Va camino a una plaza, a una actividad organizada por el club de Diabéticos. La gente se le cuelga del brazo, lo besan, y le conversan de sus problemas. Soria no conoce el nombre de ninguno de los que lo saludan. “Toda mi familia votó por usted”, le dice una señora. “Déjeme saludar a una leyenda”, le grita un jubilado. “Si fuera chileno, votaría por usted”, agrega un boliviano.

Los soristas son una especie de fans club. Endiosan a tal nivel a Soria que varios ancianos agónicos han pedido verlo como último deseo antes de morir. La familia reconoce que este apoyo ha sido vital para seguir adelante. Se han sentido acompañados por ellos, como cuando en una reunión del concejo municipal, en junio de 2007, en plena fuga del alcalde, Mauricio Soria se agarró a combos con el concejal Francisco Prieto, quien le dijo: “los trabajadores están cagados por tu padre, porque es un ladrón”. Los soristas presentes las emprendieron con todos los opositores, incluido el ya difunto Flavio Rossi, el padre de Fulvio, que recibió una patada en la cara.

El sorismo también tiene su propio medio de comunicación. El programa se llama “Fuerza Iquique”, y es un matinal que va de 8:00 a 13:00. El espacio es conducido por el actual concejal Guillermo Cejas y es emitido por radio Neura.

Cejas comenzó con la transmisión de este espacio en mayo de 2007, cuando la alcaldesa Myrta Dubost lo echó de la dirección del canal regional por emitir un noticiario en favor de Soria, cuando el concejo la eligió como la nueva alcaldesa.

-Me junté con dos amigos y conversamos sobre lo mal parado que quedaba el sorismo, porque no teníamos ningún medio de comunicación. Con parte del finiquito arrendamos un espacio en la radio Neura –cuenta Cejas.

El día en que comenzó el programa Iquique amaneció empapelado: “Escuche la voz de Soria, 102.3”, decían los afiches. Según los números que había sacado Cejas, el programa debía estar financiado en tres meses. Cuando ocurrió eso, los soristas no sólo recuperaron la voz, sino que Cejas también descubrió un lucrativo negocio: “Ahora yo vivo de esta pega”, dice.

Un año después del primer programa, Cejas salió electo concejal. Dice que esa fue la mejor prueba de que el sorismo seguía vivo. Cejas tiene una definición propia de lo que significa seguir al caudillo: “los soristas creemos en los sueños, en las locuras de Soria. Un día Soria dijo: voy a traer un show de delfines y lobos de mar. Chucha, y a los cuatro años el loco lo tenía. A Soria le tení que creer todo, si te dice que va a hacer una carretera a Marte, créele. Nunca ha fallado, es el patrón, y lo mejor de todo es que está de vuelta”.

Durante la época de las elecciones el matinal tuvo harta competencia. De hecho, inmediatamente después del programa, y en la misma radio, comenzaba una emisión del Partido Progresista (PRO). Cejas se despedía llamando a los auditores a cambiarse de emisora.

La elección de Soria dejó a sus partidarios con un canal de televisión (el regional) y dos radios. Para Cejas esto plantea un desafío. Su programa funciona con llamados que la gente hace para quejarse de la administración municipal, pero con Soria en la alcaldía esto no puede seguir así. Durante los últimos días se ha preguntado cómo reenfocar el programa. Al parecer, ya encontró la solución. La idea es simple.

-Las quejas no pueden ir contra del sorismo, así que vamos a resaltar todo lo que hace Soria. Basta con que le coloques un reportero al lado y tienes noticias toda la mañana –concluye.

8 VECES SORIA

Jorge Soria viaja en el auto con su esposa y su hijo Mauricio. Está hablando por celular con su nieto, de 4 años, que le pide algo muy particular.
-Este es muy patudo, me dice que le cambie el nombre al Liceo de hombres.

María Inés se ríe. Soria apunta un cartel.
-Mira la propaganda de Soria y su hijo (Mauricio). Franco Parisi me dice que lo saque de mi lado, que no debe ir el hijo y el padre juntos. Pero él no mide que tengo 76 años cumplidos hace una semana.
-Bueno, entonces que pase las lucas para hacer letreros separados –bromea Mauricio.

María Inés vuelve a reír. Soria trata de descubrir las motivaciones de Parisi.
-El hueón juega a que yo me voy a morir y que va a quedar una plaza libre en Iquique –se toma una pausa y agrega, pensativo:-. Eso es lo que han hecho los santiaguinos.

Mauricio lo apoya.
-Vienen de Santiago y hablan hueás, se hacen un harakiri. A nosotros nos gustaba Parisi, porque es bueno pa’ decir las cosas, pero ahora que vino y habló hueás, cagó.

Mauricio es como ver a su padre cuando era joven. El mismo perfil y la misma mirada. La gente lo dice en la calle, y ambos lo saben. Por eso andan juntos para todos lados, dibujando con la vista, imaginando proyectos para la ciudad.

Jorge Soria es de los alcaldes que más ha gobernado. En las elecciones pasadas representó al partido Fuerza del Norte, y le ganó nuevamente a Myrta Dubost, por casi siete mil votos de diferencia.

Es casi un récord, si logra terminar su período habrá completado 27 años de mandato, ocho elecciones ganadas, y una derrota en la senatorial de 1989. Mauricio es su sucesor natural. Está haciendo carrera para lograrlo. Fue durante siete años consejero regional y ahora la gente lo reeligió como concejal con 9.362 votos, la primera mayoría de 49 candidatos. El plan que tiene su padre para él es obvio: que lo suceda.

-Mauricio es capaz de crear más sobre esta obra. Como ocurrió hoy en la mañana. Yo tenía la idea de crear una carretera, pero Mauricio quiere meterle un parque. Es como decir: acá está Cancún, son puros roqueríos, llenos de piscinas naturales y le ponemos un mundo verde, con miles de palmeras y atrás una carretera. De película. Ahí sí que somos Cancún de frentón, porque el panorama de Cancún está en las rocas. Yo siento que esa va a ser la obra más grande que voy a hacer en el gobierno.

A Mauricio le gusta recibir esos espaldarazos. Él también le reconoce méritos a su padre.
-Me gusta la política, me gusta trabajar por mi ciudad y he tenido una escuela al lado de mi padre. Nosotros soñamos juntos los proyectos. Claro que me gustaría ser alcalde –dice.

No es el único de la familia que está en política. Su madre acaba de ser electa concejal por Alto Hospicio y su cuñada perdió en Iquique. Su hermano Jorge, el mayor del clan, fue diputado dos veces, entre los años 1994 y 2002. Todos defienden la obra del patriarca.
-Suena pedante, pero todo lo que hay en Iquique lo hizo Jorge –concluye María Inés, su esposa.

DISNEY

A las nueve de la noche, Jorge Soria le suma una nueva actividad a su agenda: ir a comer al club de yates. El sitio no es tan rimbombante como suena su nombre. En realidad, el club es un lugar donde hay un restaurante con vista al mar y a la ciudad, y donde arriendan motos de agua, pero yates no hay por allí.

Los mozos lo quieren harto. Varios de ellos están agradecidos porque Soria les regaló 200 metros de tierra para que se hicieran su casa, en un loteo que hizo en Alto Hospicio, en una población que se llamó la autoconstrucción. Soria cuenta que uno de los mozos hoy tiene una casa de tres pisos y con piscina. La idea era casi la misma que quiere replicar hoy con la cooperativa a orilla del mar.

-Allá vamos a hacer la villa de ‘los mozos’ –le tira en talla un mesero, mientras le pone un plato con doble ración de congrio.
-¿Sabes en quién me inspiro para construir Iquique? – se pregunta Soria.

Y se contesta él mismo:
-En el cierre que hace Disney World todas las noches en Orlando. Es genial lo que hace Disney.

Su esposa lo apoya.
-Jorge trajo el show de los lobos marinos de allá. Los lobitos daban besitos, bailaban, hacían un montón de cosas. Se trajo a un mexicano para que los adiestrara –dice.

El mexicano es Jesús Medina. Un circense que se enamoró de una argentina y que se quedó en Iquique. Él será el encargado, durante estos cuatro años de mandato, de convertir la antigua ballenera que hay a la entrada de la ciudad, en un acuario de nivel mundial.

María Inés confiesa que de todos los lugares que visitan, Soria quiere traerse algo para implementar en la ciudad.
-He leído poco en mi vida, pero una vez, cuando estaba en Pisagua, leí un libro de un inglés, que decía que en Inglaterra había que irse a las alturas, a la Catedral por ejemplo, para ver el horizonte y el progreso. El que mira desde abajo no tiene perspectiva. Eso me quedó muy grabado –concluye Soria.